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El Kurdistán vota en masa por la independencia

Logotipo de El Mundo El Mundo 26/09/2017 FRANCISCO CARRIÓN

Al mal tiempo, buena cara. Los kurdoiraquíes

votaron ayer en masa

ataviados con sus prendas más pomposas, su colección de vestidos tradicionales y su ilimitada pasión por los uniformes militares. Un recurso a la naftalina y al rincón del armario reservado a las grandes ocasiones para desfilar por un referéndum de independencia cuya desafiante celebración amenaza con descargar sobre la región una ristra de sanciones y un aislamiento dictado por el Gobierno central iraquí y los vecinos Irán y Turquía. "Estoy pletórica. Por fin, seremos un país como cualquier otro. Tendremos los mismos derechos que cualquier ciudadano del mundo", esbozó Iman Yunes, una funcionaria treintañera que arrastraba sus mejores galas a primera hora de la mañana por su centro de votación, ubicado en un colegio de las afueras de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí.

Aunque los resultados definitivos no se esperan hasta este martes, el "bale" -sí, en kurdo- a la independencia no tuvo ayer la más ligera competencia. "Aquí todos soñamos con ser un Estado", reconocía Sinan Kamal, uno de los empleados públicos encargados de velar por un proceso que registró un 78% de participación. Una unanimidad que lleva semanas empapelando Erbil y que ayer alcanzó incluso un hotel de cinco estrellas de la capital, por el que procesionaron los altos cargos del Gobierno acompañados por su troupe de esposas y retoños.

"No puedo votar porque soy demasiado pequeño pero estoy feliz. Espero que haya pronto un Kurdistán independiente", voceó un chiquillo vestido de domingo mirando hacia la comitiva de periodistas y cámaras que -confinados al otro lado de un cordón de seguridad- observaba al cortejo. Entre los distinguidos asistentes, figuraba una pléyade de políticos internacionales invitados por Erbil y convencidos de la causa kurda liderada por el ex ministro de Exteriores francés Bernard Kouchner.

"No somos una amenaza para Turquía"

© Proporcionado por elmundo.es

Desde un salón contiguo, el primer ministro Nechirvan Barzani trató de apaciguar la cascada de reacciones de los países vecinos que se sucedieron durante toda la jornada. "No somos ni seremos nunca una amenaza para la seguridad nacional de Turquía", declaró el sobrino del presidente. Bagdad, Teherán y Ankara cruzaron llamadas y acordaron adoptar "medidas coordinadas" ante lo que consideran un asunto interno que puede agitar a sus propias minorías kurdas.

El presidente turco

Recep Tayyip Erdogan

anunció vagamente "la clausura de las fronteras"; amagó con "cerrar el grifo" del petróleo -la mayoría de los 600.000 barriles de crudo que despacha a diario el Kurdistán se exporta a través de un oleoducto en dirección a Turquía- y no descartó una intervención militar. Irán, por su parte, indicó que los bordes siguen abiertos. "Por el momento, solo la frontera entre Irán y está región ha sido clausurada", admitió la diplomacia iraní. Desde Bagdad, en calidad de comandante en jefe de las fuerzas armadas, Al Abadi ordenó el despliegue de tropas en las zonas disputadas para "proteger a los ciudadanos de las amenazas y las presiones las que podrían afrontar en las zonas bajo control de la región". En Kirkuk, una de las áreas bajo litigio, un toque de queda entró en vigor "hasta nuevo aviso" a las 18.00 horas, tras el cierre de los centros de votación.

Una tensión creciente que, a última hora de la tarde, reiteró la ONU. Un portavoz del secretario general advirtió de "los potenciales efectos desestabilizadores del plebiscito". Unos avisos internacionales que en el barrio de Ankawa, hogar de los cristianos que abandonaron el resto de Irak desde el ocaso de Sadam Husein en 2003, nadie parecía dispuesto a escuchar. "Me siento segura aquí. Nuestra situación es totalmente diferente a la de los cristianos que habitan otras zonas del país", manifestó la asiria Hana Hani, una contable de 30 años en el jardín de una escuela poco antes de que hasta el mismísimo arzobispo caldeo de Erbil, Bashir Warda, depositara en la urna una papeleta escrita en cuatro idiomas -kurdo, árabe, siriaco y turco-. "125.000 cristianos huyeron del Estado Islámico y hallaron refugio aquí con el apoyo del Gobierno regional. Todas las demandas que presentamos para un hipotético estado del Kurdistán han sido incluidas en el borrador inicial de Constitución", comentó el prelado antes de abandonar el complejo escoltado por un grupo de monjas. A unos metros, la familia de la cristiana Ronak festejaba una victoria anunciada, repleta de interrogantes. Uno de sus hijos correteaba acicalado con un uniforme "peshmerga" (el ejército "de facto" del Kurdistán iraquí). "Le fascinan los peshmerga. Si Dios quiere, veremos un Kurdistán libre".

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