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El lado más satánico de Salman Rushdie

La Vanguardia La Vanguardia 07/03/2016 Francesc Peirón

Salman Rushdie. © Reuters Salman Rushdie. Al margen de las conspiraciones machistas, lo cierto es que un murmullo se propagó por la sala. Cómo no evocar, a pesar de la distancia de los 6.000 kilómetros y los casi doce años transcurridos, la irrupción de Salman Rushdie en aquel invento barcelonés –o maragallada–, denominado Fòrum de les Cultures.

Pero el suspiro, a su entrada en la conferencia de prensa, no estuvo auspiciado por la admiración hacia el autor de Los versos satánicos, sino por la belleza de la mujer que paseaba de la mano. El deslumbramiento literario es más reposado e interior. La lectura no deja de ser un estadio íntimo y de silencio. El asombro que provocó Padma Lakshmi, con una imagen que cuadra en la llamada guapura exótica, fue mucho más hormonal, de inspiración festiva si se quiere decir. Parafraseando el tópico, y como exculpación a la frivolidad de los allí reunidos, una imagen vale más que cualquier verso.

Eran carne y uña. Sucedió a mediados de mayo del 2004. Salman y Padma, los dos de originarios de India, se hallaban todavía en plena luna de miel. Habían contraído matrimonio hacía un mes escaso, el 17 de abril. La viva estampa de la felicidad. A Rushdie lo invitaron al recinto del Besòs para reflexionar sobre “el valor de la palabra”. Por lo visto, queda demostrado que en ocasiones resulta escaso. Ya se sabe eso de que las palabras se las lleva el viento. Como los sentimientos, depende como sopla.

Viró rápido el rumbo. A los tres años, la pareja rompió y, según parece, de pésimas maneras. Padma Lakshmi (septiembre de 1970), modelo y actriz, ha logrado fama en Estados Unidos como presentadora en televisión del Top Chef, programa de cocina con el que ganó un Emmy. Aunque publicó un par de recetarios, esta semana lanza su primer libro de memorias, en el que pergeña el retrato más satánico de su exmarido. Rushdie (junio de 1947) dejó muescas entre los iraníes por su novela basada en el Corán –el ayatolá Jomeini proclamó una fatwa o pena de muerte– y en su cuarta esposa por su agitada convivencia.

Heridas profundas, siempre a partir de los avances de Love, loss and what we ate (el amor, la pérdida y lo que comimos). Ese trayecto que va de aquellos días de vino y rosas en el Fòrum al desengaño posterior, lo explica de esta manera: un apetitoso menú que luego provocó una intoxicación emocional.

En sus páginas describe al autor como un tipo egocéntrico, que reclamaba una atención constante, que le pusiera la comida en la mesa, sin olvidar que siempre se debía mostrar dispuesta a mantener relaciones sexuales, al estilo aquí te pillo, aquí... Su versión incluye la total falta de sensibilidad de Rushdie en los momentos en que ella se encontraba enferma y en los que el acto carnal se le hacía un suplicio.

A Lakshmi –luce una cicatriz en el brazo derecho por un accidente de coche a los 14 años– le diagnosticaron una endometriosis. Esta afección causa un fuerte dolor pélvico. En una ocasión en que le rechazó, él le espetó que era “una mala inversión”. Afirma que enfureció al saber de ese dictamen médico puesto que no podría satisfacer su tórrido apetito.

Se habían conocido en 1999, en una fiesta organizada por la editora Tina Brown. El escritor, nacionalizado británico y reconocido como Sir, seguía casado con Elisabeth West. Se divorcio en el 2004 para contraer matrimonio con Padma. Entonces le llevaba el desayuno a la cama cada mañana. Una reina. Asistía a las fiestas con los amigos de su marido, entre los que se cuentan figuras de la talla de Susan Sontang o Don DeLillo.

El declive del idilio se produjo, sostiene en su narración, cuando Lakshmi empezó a despuntar en los shows televisivos. Que Newsweek la pusiera en su portada –“La nueva India”– no lo pudo soportar. “La única vez que Newsweek me ha puesto en portada ha sido cuando alguien ha intentado meterme una bala en la cabeza”, le dijo.

Pese a su enfermedad, él insistía en el sexo. Después de una intervención quirúrgica, de la que regresó cargada de puntos, él cogió las maletas y se marchó. Se entregó a la bohemia neoyorquina. Lakshmi hizo, deshizo y volvió a rehacer su vida. Se unió al millonario Ted Fortsman que, entre otros, cumplió su deseo de cenar en El Bulli. En medio, ella flirteó con el inversor Adam Dell (hermano del de los ordenadores) que la dejó embarazada. Bollywood se queda pequeño para Padma.

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