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El lugar feliz de ‘The Good Place’

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 27/09/2017 Eneko Ruiz Jiménez
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© Proporcionado por ElPais

Hay series que cumplen un papel casi humanitario: cada semana durante unos minutos nos transportan a nuestro lugar feliz. Esas que vemos sin poder borrar la sonrisa de la boca, que acompañan cual amigo de toda la vida y con cuyos personajes conectamos profundamente. Suena banal, y, sin embargo, es una de las grandes tareas de la televisión desde su creación. La pantalla es nuestro animal de compañía y series como The Good Place, la felicidad con patatas.

Esta comedia, cuya segunda temporada acaba de estrenar Netflix, brilla hoy más que nunca. Y eso que su concepto grandilocuente, heredero de Visa al paraíso de Albert Brooks, sonaba a algo que nunca funcionaría. Una mujer joven que no tomó las mejores decisiones muere y se transporta a un paraíso. Algún funcionario de la otra vida se ha equivocado. Ella no es la mujer perfecta a la que agasajan. Esa es la excusa no sólo para reírse de las situaciones más alocadas, sino también para filosofar sobre reinserción, el bien y el mal y las decisiones. Todo funciona por decisiones. A veces hay que ser valiente. Y esta comedia lo es.

El humor suele funcionar con lo simple: una familia, cuatro paredes y chistes. Utilizar conceptos de ciencia-ficción divertidos y mantenerlos más allá del primer capítulo no es sencillo. La comedia es visceral y el esfuerzo no siempre sale a cuenta. Pero aquí las piezas están bien colocadas: la química del elenco capitaneado por veteranos como Kristen Bell y Ted Danson, sus sorpresas y la percepción de que existe un plan. Al fin y al cabo escribe Mike Schur, experto en llevarnos al sitio feliz en Parks and Recreation o Master of None.

A veces necesitamos una serie optimista y colorista como The Good Place para seguir. Lejos de la depresión y desesperanza de la comedia actual, sabemos que sus protagonistas triunfarán. Eso nos conecta a ellos para siempre. Están muertos pero nos hacen respirar vida, reír, llorar y lanzar esperanza al viento. Y quizás, sólo quizás, nos hace un poco mejores. Durante 20 minutos semanales, The Good Place es nuestro lado bueno.

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