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El Misterio de Susqueda

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 26/09/2017 Marta Rodríguez
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Mossos y bomberos participan en las labores de búsqueda de la pareja desaparecida. © ROBIN TOWNSEND Mossos y bomberos participan en las labores de búsqueda de la pareja desaparecida.

Hace ya un mes que Marc Hernández y Paula Mas, de 23 y 21 años, desaparecieron en el Pantano de Susqueda. La investigación policial sigue abierta y de forma intermitente los agentes vuelven a rastrear la zona, pero no se ha hallado ninguna pista nueva. Durante más de una semana se escudriñó el paraje por tierra, agua y aire, pero solo se consiguió localizar el coche y el kayak con el que pretendían navegar por el embalse. Ambos con señales de haber sido manipulados para que desaparecieran bajo sus lodosas aguas. Los investigadores carecen de pruebas para descartar hipótesis, aunque toman fuerza las que apuntarían a que podrían haber fallecido a manos de terceros. El de estos dos jóvenes de la comarca del Maresme es un caso con muchos interrogantes y pocas respuestas.

Marc y Paula, Piua, como la llaman sus amigos, hacía más de dos años que salían. Según sus conocidos, él estudiaba para guarda forestal en Santa Coloma de Farners y ella estaba trabajando en una pizzería. El jueves 24 de agosto decidieron hacer una excursión en kayak en Susqueda y, según un familiar, regresar el mismo día. Una cámara de la oficina de La Caixa de la Cellera de Ter les grabó en el cajero automático y a la hora de comer, entre las dos y las tres horas, entraron en el restaurante La Parada del Pasteral y tomaron unos refrescos. Paula preguntó a Simona Benková, su dueña, como se llegaba al pantano, y ella les indicó el camino y que estaba a unos diez kilómetros.

Desde ese momento, no se ha sabido más de ellos. La triangulación de sus móviles se pierde también en esta zona esa misma tarde. Su desaparición la denunciaron sus familiares en días y comisarías distintos. La primera denuncia la puso la madre de Paula la madrugada del sábado. La madre y el padre de Marc lo hicieron el sábado y el domingo, respectivamente. Al saberlo, sus amigos se movilizaron y fueron a preguntar y a llevar carteles con sus fotos por Susqueda. Durante varios días permanecieron, a todas horas, en el pantano esperando una respuesta de los equipos de emergencia. Tristes y enrabiados.

El domingo 27 se inició el dispositivo de búsqueda que durante una semana rastreó sin pausa embalse y alrededores. Sus 470 hectáreas de superficie, en algunas zonas con 100 metros de profundidad y la poca visibilidad dificultaron las tareas. Les buscaron helicópteros, buzos de los Bomberos, los Mossos d'Esquadra y la Guardia Civil, los Agentes Rurales y colectivos conocedores de la zona. Se buscó en pozos, cuevas y en cualquier recodo. Al ver la noticia en la prensa, varias personas dijeron a los Mossos haber visto el viernes el kayak semi-hundido. El sábado, tres motoristas lo acercaron al embarcadero y vieron que estaba rajado por el centro y tenía tres grandes piedras. La pequeña embarcación no se hundió porque el aire subió a las puntas y quedó en forma de uve. La policía lo localizó el domingo y se lo llevó para buscar pruebas.

Al día siguiente se encontró el Opel Zafira azul de Paula y el consejero confirmó que no había caído accidentalmente al agua. En una especie de playa, en Coll Palomera, hallaron rodadas que entraban al pantano. Los Bomberos dieron con el coche a siete metros de profundidad, volcado y en vertical recostado en una montaña sumergida. Unas rocas lo pararon. Sino, hubiera desaparecido hasta 33 metros bajo el agua. Se abrió el maletero y subieron hasta la superficie ropa sacos de dormir, documentación, papeles y comida. Con mucha dificultad, los agentes consiguieron sacarlo del agua y la policía científica buscó indicios que aportaran luz sobre un caso muy oscuro. Una hora y media de camino intransitable lleva a la zona donde apareció. Los Mossos creen que alguien conocedor de la zona fue allí a deshacerse del coche.

El coche fue el último hallazgo relacionado con los desaparecidos. Desde entonces no ha trascendido que se haya encontrado ningún otro indicio sobre su presencia. Los investigadores de la Unidad Central de Desaparecidos siguen todas las posibles vías, por el momento sin éxito.

El escenario de la desaparición

Alrededor del pantano hay espacios boscosos y lúgubres con un frondoso sotobosque. Acogen desde fiestas ravea masías abandonadas ocupadas ilegalmente. Los recién llegados suelen pescar en la zona, a pesar de que está prohibida la pesca con muerte. Esta práctica y la suciedad que generan algunos de sus practicantes han desencadenado problemas con los vecinos. Este paraje acoge también un centro de desintoxicación y, según explican algunos vecinos, alguna que otra plantación de marihuana.

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