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El monaguillo Pablo Iglesias

El Mundo El Mundo 01/06/2014 GONZALO SUÁREZ

El triunfo de Podemos comenzó a fraguarse ante la tumba de Pablo Iglesias. Aquel Primero de Mayo de 1972, medio centenar de militantes celebraban su homenaje anual al fundador del PSOE en el cementerio de la Almudena. Allí coincidieron dos universitarios, Javier Iglesias y Luisa Turrión, de cuyo encuentro surgió un flechazo, una boda y, finalmente, un hijo. No hubo debate sobre su nombre: se llamaría Pablo en homenaje al pope del socialismo.

Lo que ni Luisa ni Javier imaginaban es que, años después, su Pablito se convertiría en la némesis del partido que fundó el histórico Pablo Iglesias. Eso es lo que ocurrió el domingo: el éxito de Podemos en las Europeas -cinco escaños- contribuyó a la mayor debacle del PSOE desde la Segunda República.

-Vaya homenaje de sus padres...

-La casta que gobierna el PSOE actual no tiene nada que ver con aquel Pablo Iglesias. Él fundó el partido de mis abuelos, de la gente humilde, no de los que acaban en los consejos de administración del Ibex 35-, replica el joven profesor.

Martes, 09.13 de la mañana. Pablito regresa a su clase de la Facultad de Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. Tras dos semanas de ausencia por la campaña, sus 37 alumnos le reciben con una ovación que él agradece con cierto apuro. «Han sido unas semanas intensas... Pero vamos a trabajar», dice enfundado en su uniforme de batalla: camisa de cuadros, vaqueros grises y zapatillas negras.

Hoy toca diseccionar el sistema electoral de la Constitución del 78. El profesor argumenta que se diseñó para fomentar el bipartidismo en una época en la que nadie predecía que un partido como Podemos lograría 1.224.578 sufragios. Y eso que en esta montaña de votos indignados no se cuenta el de su pareja, Tania Sánchez, diputada madrileña de IU. «Lógicamente, ella votó a su partido», confirma Iglesias a Crónica.

Subido al estrado, el futuro eurodiputado analiza la campaña. Emplea un tono irónico, templado, cerebral: nada que ver con sus soflamas populistas de los platós televisivos. «El PSOE ha hecho la peor campaña imaginable», recalca. «Con el país hundido, su único mensaje es que Cañete es machista... Y encima, ponen de candidata a Valenciano, que es 100% de la Casta. ¿Por qué no Beatriz Talegón? Nos lo habría puesto mucho más difícil...».

Flaco, ojeroso, semizombi... Iglesias parece apabullado por el éxito de la Operación Coleta. Así bautizó la izquierda anticapitalista el plan para que liderara una candidatura. Tales eran las cautelas de sus promotores que, en aquellos emails de tanteo, sólo usaban las iniciales de su futuro cabeza de lista: «P. I.». No querían que una filtración inoportuna frustrara las opciones de una figura con influyentes detractores dentro del movimiento antisistema.

La Operación Coleta salió aún mejor de lo previsto. El día de reflexión, la cúpula de Podemos degustó un asado argentino en casa de Ariel Jerez, otro profesor de Políticas. Los cautos auguraban dos o tres escaños; los optimistas, cuatro. «Nadie se atrevía a soñar con cinco», admite Carolina Bescansa, una de las tres personas que registraron el partido el 11 de marzo.

Tampoco predijo el éxito Jorge Verstrynge, ex número dos de AP, reciclado como gurú izquierdista y padrino ideológico de Iglesias. Ahora, sentado en su despacho de la Complu, sí que le cuadran las cuentas. «Cuando una clase se siente desprotegida ante las elites, siempre surge un protector», explica. «En Francia ha triunfado Marine Le Pen; aquí tenemos a Pablo Iglesias. Es el tribuno de la plebe, el único que se pone de lado de la gente indefensa».

Lenin y Marcuse a los 13 años

Nadie está más orgulloso del tribuno que Javier, su padre. Veterano comunista, esgrime complacido su foto favorita de Pablo en su piso de Zamora. En ella, su hijo aparece vestido de monaguillo a los cinco años, con la pipa y las gafas del padre. ¿Acaso el rojísimo Iglesias fue monaguillo en su infancia?

-Nooo, qué va, no estoy ni bautizado. Soy ateo-, aclara él.

-¿Anticlerical?

-Al contrario. Tengo muchos amigos sacerdotes. Y admiro mucho a la monja Teresa Forcades o al antiguo párroco de Entrevías.

Cuando se tomó la foto, Pablo Manuel Iglesias Turrión (Madrid, 17-10-1978) vivía en Soria. Ávido lector de Verne y Salgari, se crió allí hasta que le picó el veneno de la política. A los 13 años, sus padres se separaron, él se mudó con su madre a Vallecas y se afilió a las Juventudes Comunistas, así que cambió sus autores de cabecera. «Le dio por Lenin, Marcuse, Hegel, Allende... ¡Los devoraba!», cuenta su madre, abogada de CCOO de una estirpe izquierdista que se remonta al siglo XIX.

Inspirado por sus padres, se licenció en Derecho (2001) con notas mediocres. No acababa de encajar en una facultad donde le apalearon por arrancar un cartel con loas a Pinochet. Su verdadera vocación era la carrera de Políticas, que completó con premio extraordinario (2004). Luego llegaría el doctorado, dos másteres, clases con maestros anticapitalistas como Slavoj Zizek, cursos en Cambridge, California, Suiza... Su currículum, tan despampanante como su retórica -y su ego- abarca 23 páginas, incluida su plaza de profesor interino en la Complu.

En Políticas pulió su ideario de extrema izquierda. Admirador confeso del populismo latinoamericano -Chávez, Evo Morales-, amparó el boicot de sus estudiantes a un acto de Rosa Díez en la facultad. Hoy, sostiene que el eje «izquierda-derecha ha perdido importancia» respecto al eje «democracia-dictadura».

-¿Definiría España como una democracia?

-(Titubea) Sí... Pero una democracia formal, muy limitada. Las principales decisiones no las toma el pueblo, sino la Troika.

-¿Es Venezuela más democrática que España?

-Es difícil comparar países... Pero Venezuela tiene aportaciones interesantes como el referéndum revocatorio, que aquí no existe.

La pregunta no es caprichosa: el modelo de Iglesias es la revolución bolivariana. Allí pasó un mes, redactando informes sobre política internacional para una fundación afín al chavismo. El dato le ha valido acusaciones de que Venezuela ha financiado la campaña de su partido. «Sólo cobré las dietas», se defiende él. «Es como si acusan al Ejército español de estar financiado por Maduro porque vende armas a Venezuela».

Entre viaje y viaje, Iglesias volvió a su Vallecas, su patria adoptiva. Allí vive hoy, en un piso de 60 m² heredado de su tía Ángeles. Presume de su vida modesta: viste de Alcampo, adora el cocido de su madre y sus placeres son correr y jugar con su perra Lola. Su nómina universitaria, de 913,45 euros, se duplicará en el europarlamento hasta los 1.935, tras renunciar a cobrar el suelto íntegro: más de 8.000 euros al mes.

-¿Cuánto cuesta un café?

-En mi facultad, 80 céntimos.

-¡Igual que el famoso café de Zapatero!

-La diferencia es que yo sé que, en la Gran Vía, puede costar 1,50.

Hasta su salto a la política, Iglesias redondeaba su nómina con las tertulias, a unos 250 euros por aparición. Ahora, cede sus honorarios a La Tuerka, la asociación cultural en la que presenta un programa de TV del mismo nombre. Un equipo de la asociación le prepara argumentarios para las tertulias, ejerce de sparring e, incluso, le envía datos en directo.

Fue en La Tuerka donde se forjó como animal catódico. También presenta Fort Apache, que se emite, entre otros, en Hispan TV, propiedad del régimen iraní, el mismo que somete a las mujeres y ahorca a los gays. «Trabajamos para una productora que luego coloca el programa donde puede», replica. «Además, el director de contenidos soy yo y nadie influye en mi línea editorial».

-Le acusan de simpatizar con la izquierda abertzale. ¿Condena los atentados de ETA?

-Sí.

-¿Todos y cada uno de ellos?

-Por supuesto que sí.

A las 11.05, acaba su primera clase post-campaña. Como cada día, el vallecano se monta en su scooter rojo. Sólo un detalle evidencia que ha dejado de ser un anónimo profesor de Políticas: un equipo de la tele aguarda su salida. Iglesias les pilla distraídos, así que, algo sofocados, le ruegan que repita la escena. Él cumple con la soltura de un profesional. «Somos conscientes de la importancia de la tele en el triunfo», dicen los miembros de su equipo.

No es casualidad que Iglesias sea el tertuliano que más cuida cada intervención. Pese a su ideología extrema, sus oponentes no suelen pillarle en renuncios. No es vanidad, sino frío cálculo político: sabe que la televisión es su tribuna para adoctrinar a las masas. Luchó mucho por encaramarse a ella: durante meses, retó públicamente a presentadores y tertulianos para que lo invitaran a sus programas.

Lo consiguió el 25 de abril de 2013. Intereconomía le llamó con un par de horas de antelación para que debatiera sobre la concentración del acoso al Congreso. Salió airoso, pese a que era el único rojo en un canal ultraconservador. Los capos de La Sexta, que ya le seguían, se convencieron de la valía del chaval greñudo que respondía con gracejo vallecano a los tertulianos más curtidos. Fue el detonante de un fenómeno.

Su éxito tiene infinidad de causas. Le ayudan su look proletario, inédito en las tertulias; su habilidad para mantener la calma en cualquier rifirrafe; o una ideología en la que no caben matices... Y, por supuesto, sus dotes de actor: amante del cine y las series -recomienda The Wire y Juego de Tronos a sus alumnos-, ha actuado en obras de teatro en la Asociación Antígona, en Políticas.

Allí está la zona cero de Podemos. En 2008, sus muros hormigonados acogieron el nacimiento de la Promotora de Pensamiento Crítico, un grupúsculo de profesores que pulió sus ideas antisistema en fines de semana en Valsaín (Segovia). El 15-M les indicó de que transitaban la senda correcta. Y el boom de Iglesias les convenció de que, al fin, sus ideas tenían un rostro vendible.

Allí, en Políticas, abundan los carteles del partido. Pero Iglesias también cosecha críticas, sobre todo del Colectivo de Jóvenes Comunistas. Le pintan como un profesor distante, que pelotea a los jefes y jamás va a las asambleas estudiantiles. También han rescatado un vídeo en el que se jacta -según él, irónicamente- de haberse roto un hueso pegando a unos ladrones. «Un grupo de lúmpenes, gentuza de clase mucho más baja que la nuestra...», los describe.

También denuncian que tiene «un ego a la altura de Carrero Blanco». La sospecha se confirmó en las papeletas electorales de Podemos, en las que la cara del líder aparece en el espacio reservado al logo del partido. «Fue puro pragmatismo», replica Bescansa. «En los sondeos, sólo un 7% conocía el partido y más de un 50% a Pablo. Cambiamos el logo el último día, el miércoles de Semana Santa, en el único notario que encontramos abierto».

Ese problema ya se ha evaporado. Raro será el español que, esta semana, no haya oído hablar del partido del Coletas, entrevistado por los medios más potentes del mundo: la BBC, el New York Times... «Ahora, su desafío es el contrario: que no le conviertan en una especie de Belén Esteban de la política», advierte uno de sus mentores televisivos.

-¿Le ha llamado alguien de IU desde la noche electoral?

-Sí, Willy Meyer. Nos felicitamos por los buenos resultados.

-¿Y del PSOE?

-Nadie.

Su millón de votos también aumentará el escrutinio de su programa, que muchos tachan de utópico. Los partidos clásicos, que le ignoraron en la campaña, aguardan cualquier desliz para atacarle. Su irrupción incluso ha sido objeto de charla telefónica entre Rajoy y Rubalcaba. Ambos coincidieron en su diagnóstico: las tertulias han servido de trampolín para Podemos que, según ellos, supone un riesgo para la estabilidad del sistema.

-¿Qué le diría a la gente que teme el auge del populismo?

-Lo populista es montar a Cañete en un tractor. Los que tienen que tener miedo son Botín y los ejecutivos del Ibex 35.

-No sólo le temen los millonarios, sino mucha gente normal...

-Les diría lo mismo que a alguien que teme visitar al dentista: que no dramaticen. No sólo les van a curar la caries, sino que les van a poner anestesia... Y ni siquiera les va a doler.

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