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El 'mosqueo' de Cesc

El Mundo El Mundo 16/06/2014 EDUARDO J. CASTELAO

Con el pelo alborotado pero sin las medias de color -sí lleva las botas, una rosa y otra azul, pero para hablar ante la prensa no le hacían falta-, Cesc Fàbregas tenía una pinta de recién levantado que no podía con ella. Y de hecho bostezó un par de veces en los 20 minutos que estuvo sentado ante los micrófonos, su primera vez después de anunciar, mediante una carta, y 24 horas antes de empezar el Mundial, que se marchaba al Chelsea. No tenía ni muchas ni pocas ni ninguna gana de hablar del Barça, con el que tiene un enfado notable, pero claro, no le quedó otro remedio.

Un periodista de una radio catalana le pidió que explicara cuáles son los motivos por los que se marcha, y le pidió además que, por favor, respondiera en catalán. Ahí va lo que dijo Cesc, literalmente: «No tengo demasiado que decir. Hay un momento en el que he decidido que mi etapa en el Barça terminó y decido buscar la mejor opción para mí. No tengo nada más que decir. No quiero recrearme en el Barça, porque ahora tenemos suficiente aquí con la selección». Y se paró, y le dio paso con la mirada al traductor, que no era de catalán, sino de portugués. Un detalle, pero que explica de alguna manera lo resentido que se marcha Fàbregas del Barça, al que regresó en su momento como el hijo pródigo, y que sin embargo, después de tres años, le despide sin ningún cariño. Ni del club hacia él ni de él hacia el club donde nació.

Un poco más adelante, otro periodista tiró por la vía de su traspaso, y ahí sí que Cesc, como para rematar el discurso, con la intención de cerrarlo, se explayó un poco más. Desveló incluso algunos detalles con mucho morbo. «La primera opción era el Arsenal por contrato, así estaba establecido. Así que hablamos con Wenger y nos dijo que en esa posición tenía a Özil y que veía muy complicado hacernos un hueco a los dos en su sistema, así que nada, entre las tres opciones claras que teníamos, porque yo quería volver a Inglaterra, conocí el proyecto del Chelsea y no me lo pensé», dijo, para enseguida explicar cómo conoció, y de boca de quién, ese proyecto.

Fue una llamada de teléfono de José Mourinho. El portugués se puso en contacto con el centrocampista español hace 15 días y la conversación no duró demasiado. «Hablé con él y muy pronto me dijo lo que yo quería escuchar. Me ganó, me convenció y nada más. En cuanto colgué el teléfono todo fue muy rápido y ahora estoy muy feliz y muy contento», cerró alguien que se va a desvincular del Barça, pero con un litigio todavía de por medio.

Cuando llegó al Camp Nou, en el verano de 2011, el club catalán pagó 40 millones de euros por él, pero el propio futbolista tuvo que poner otros cinco millones hasta completar la cantidad que pedía el Arsenal. En el contrato que firmaron entonces, el Barça se comprometía a devolverle esa cantidad de dinero en el caso sucedido: que fuera vendido de nuevo a otro club. La sorpresa, según el entorno del centrocampista, es que cuando en las negociaciones salió a relucir el tema, el Barça no quiso saber nada de esa cláusula, que sin embargo está firmada. De ahí el tono de Cesc hablando del Barça. Un tono distante, la voz de alguien que se siente dolido con alguien -en este caso con algo- que es importante para él. Porque Cesc volvió muy ilusionado al club donde se había criado, pero la experiencia no le ha salido bien. Comenzó con un curso extraordinario con Guardiola (15 goles, 20 asistencias), pero se fue apagando al mismo ritmo que el equipo hasta que este curso, en los últimos partidos del Camp Nou, tuvo que escuchar los pitos de la gente.

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Aquí en Curitiba se le ve menos bromista de lo habitual. El empanao, así le bautizó Pepe Reina en el día de las celebraciones, pasó unos días molesto con Piqué y aquel espisodio del micrófono en Washington, cuando el central desveló dónde y por cuánto dinero se iba.

El anuncio de su marcha le ha liberado, pero apenas se le ven bromas con sus amigos -Piqué, Xavi y Torres, fundamentalmente- y afronta los entrenamientos con el gesto serio. No concede entrevistas, al menos hasta que termine la primera fase -eso es algo habitual en el resto de los pesos pesados del equipo- y, en definitiva, es una versión más triste de Cesc.

Solventado su futuro, insistió una y otra vez ayer en centrarse en la selección, reclamando respeto, como todos sus compañeros, para un grupo que ya ha demostrado muchas veces que puede levantarse tras un golpe como ese. Puede ser con él en el equipo titular, aunque en el entrenamiento de ayer Del Bosque mezcló a todo el mundo. Fue un entrenamiento de protestas en los partidillos. Cesc no hizo ni una.

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