Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El noble arte de la coctelería

EL PAÍS EL PAÍS 12/06/2014 Francesc Serés

Será sin duda una de las imágenes del año: la excavadora de Can Vies, quemada y levantada por una grúa. La potencia icónica de la fotografía es enorme, es la demostración de que la política del mando a distancia ha fracasado. Lo peor del caso del conflicto de Can Vies es que no ha habido vencedores y todos han sido derrotados. Unos más que otros, el bofetón que se llevó el alcalde lo ha dejado sin autoridad y Can Vies hoy es pura ruina pero los verdaderos perjudicados son, como siempre, los vecinos.

Toda forma de violencia es reprobable y es necesario rechazarla. Es obvio que el respeto a la propiedad privada debe ser absoluto y eso incluye incluso los inmuebles vacíos del banco malo. Ni tan siquiera el argumento del saqueo programado y consentido de las compañías eléctricas me sirve para defender que alguien haga un puente en el contador. Además, no hace falta: el nivel de honradez de los clientes de las eléctricas está muy por encima del de sus gestores. Hasta ahí, de acuerdo, pero lo más interesante está encima de esa base, que además, en el caso de Can Vies y de Cataluña en general, tiene leyes y dinámicas propias.

El desalojo de Can Vies creó la tormenta perfecta y mostró fracturas sociales que se intuían pero que nadie se atrevía a situar, describir y por supuesto, nadie señalaba a los responsables. Hacía tiempo que se rifaba un bofetón y esa semana el alcalde Trías compró todos los números, no dejó ni uno. En pocos días se acumularon las noticias: el resultado de las europeas era un severo aviso; dimitía el jefe de la policía; se supo la no sentencia de la pieza separada del hotel del caso Palau y, por último, los directivos de Caixa Penedès se fueron de rositas. Como se puede ver, era el momento idóneo para entrar con una excavadora en Can Vies.

Algunos dirigentes de CiU se acabaron creyendo las consignas más ramplonas de algunas de sus fundaciones y think tanks. La chulería, en Twitter puede ser hasta resultona, pero la crisis se agudiza y ya solo se ríen las gracias entre ellos. Hemos leído decenas de artículos insultantes que por desgracia encontraban eco en el Gobierno. Todavía se encuentran en Youtube las respuestas soberbias del exconsejero Mena, que enviaba a los jóvenes a servir cafés a Londres. A su lado estaba Enric Colet, que en un alarde de prepotencia decía: “Que los jóvenes indignados creen empresa”. Hoy se halla imputado por el caso ITV, así cualquiera emprende.

Se lo pasaban pipa en la coctelería con el gin tònic mientras sin saberlo llenaban el molotov de Can Vies

Este era el nivel, pero el nivel que se correspondía con un contexto derivado de ensalzar articulistas y profesores que semana sí y semana también mostraban su falta de empatía, cuando no desprecio, por tanta gente que veía cómo se le caía el mundo encima.

No es difícil encontrar artículos hablando de gandules para referirse a los parados. O de sucios y piojosos para todo lo que tuviese que ver con los movimientos alternativos, cualquier búsqueda en Internet les dará razón de ello. Vaya, que la parte más bestia repetía lo de que si no tienen pan, que coman pasteles. ¡Cómo le bailaban el agua a Sostres y a sus epígonos! ¡Qué tiempos aquellos! Se lo pasaban pipa en la coctelería con el gin tònic mientras sin saberlo llenaban el molotov de Can Vies.

Pues el gin tònic se ha cepillado al alcalde de Barcelona, nada menos. Ganduxer es el mejor de los mundos posibles y, claro, hay articulistas y dirigentes de Convergència están tan lejos de Sants como de Mollet o Berga. Los concejales de Figueres o Montblanc viven las dificultades al lado de sus vecinos y a los consejeros Mas-Collell, Munté o Vila les toca gestionar una miseria creada, además de por el déficit fiscal, por las políticas que se aplaudían con las orejas en la Fundació Catalunya Oberta. Me apostaría algo que Mas y Trías entienden hoy un poco más el acercamiento social que propone Carlos Campuzano. Es que es de cajón, lo entiende hasta un politólogo, ni la crónica se escribe desde el hotel ni la política se hace en el reservado de un restaurante.

Decir que los incidentes posteriores al intento de derribo de Can Vies fueron la respuesta angélica a las políticas neoliberales sería estúpido, pero más estúpido sería no admitir ni remediar los errores cometidos. La moqueta es muy cómoda, pero hay que ir a Viladecans porque no se va a perdonar nada que huela a política de mando a distancia. Es muy fácil insultar desde la cobertura del Ratafia Party pero al que se deja colgado es al concejal de Sants. Y Cataluña se parece muchísimo más a Sants que a Mitre o Sant Cugat. A ver si lo entienden: se parece cada vez más a Sant Vicenç dels Horts. ¿Sí? ¿Ahora sí?

Piénsenselo dos veces antes de dejar colgados a sus ciudadanos y a sus concejales. A ellos también les repugna ver un contenedor en llamas o el bloqueo del Parlament. Es precisamente lo que hay que evitar con más inteligencia, menos prepotencia y menos aspavientos. La gente ha aguantado dignamente la austeridad. Pero el aviso es serio: cada vez hay más personas que tienen menos que perder y se va a pagar caro cada error. Y los desprecios, carísimos.

Francesc Serés es escritor

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon