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El nuevo amanecer

El Mundo El Mundo 15/06/2014 JUAN GABRIEL URIBE VEGALARA

Con el triunfo del presidente Juan Manuel Santos, Colombia continúa en la dirección correcta. Mantiene, por tanto, la senda progresiva que ha permitido duplicar la inversión extranjera, ser la mayor empleadora en América Latina, disminuir la pobreza y superar el conflicto sangriento de los últimos 50 años, reduciendo a su vez el narcotráfico.

De hecho, Colombia es hoy considerada como uno de los milagros económicos latinoamericanos. No por ello, sin embargo, el presidente Santos ha dejado de insistir, con sus políticas públicas, en los requerimientos de una sociedad igualitaria, mejorando el índice de Gini. Lo anterior ha permitido que nuestra nación se encuentre próxima a integrar los países de la OCDE y, desde luego, la elección de Santos tendría repercusiones favorables en ese propósito.

En Colombia se han presentado dos tendencias paulatinamente dibujadas al socaire de la campaña presidencial: una, la del caudillismo que surgió en la primera década del milenio; la segunda, la encabezada por el presidente Santos en torno de una coalición de partidos y movimientos sociales que busca una democracia incluyente, concertada y propia de lo que podría ser una Tercera Vía latinoamericana, compuesta por dirigentes de la centroderecha y centroizquierda, en una especie de 'centro radical'.

En tal sentido, la tradicional partidocracia que gobernó alternativamente en el país por varias décadas se ha difuminado, tomando curso en la vertiente caudillista o la demócrata en medio de la competencia por el autoritarismo o la política de consenso.

La elección del presidente Santos afianza la segunda opción, consolidando la democracia colombiana, la más antigua de la América Latina y la de mayor vigencia histórica.

Santos, por su parte, ha logrado llevar lo más lejos posible las conversaciones de paz en La Habana con las FARC, firmando los acuerdos iniciales que nadie había obtenido. Su elección llevará de este modo al fin del conflicto armado frente al candidato opositor, que no ha tenido una política de paz coherente. Esto, ciertamente, de que tampoco nadie en Colombia haya tenido la eficacia militar de diezmar los estados mayores subversivos, como Santos, hace de él el mejor negociador posible en la historia del país. El presidente, a su vez, se ha desenvuelto en medio de una virulenta y desbocada oposición, más por motivos personalistas que de cualquier otra índole, encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe sin que la haya impedido o perseguido, como ocurrió en el régimen anterior.

Colombia, perteneciente hoy a los denominados países CIVETS, ha sido catalogada por las agencias internacionales como la economía más sólida de la región. Santos, entretanto, ha dedicado parte importante del presupuesto nacional a la política social, generando vivienda gratuita para los más pobres, estableciendo la gratuidad en la educación hasta el último grado y llevando internet a los rincones más apartados del país, manteniendo paralelamente el rigor fiscal y una política económica ortodoxa, a la vez que ha atacado la corrupción heredada en algunos entes estatales.

Del mismo modo, Colombia llegó a la producción de un millón de barriles diarios de petróleo, conservando una política ajustada a la salvaguarda del medio ambiente y sujeta a los requerimientos del cambio climático del que el país es una de sus principales víctimas globales. Desde luego, como dice el presidente Santos, falta mucho por hacer, pero por lo pronto su elección sería garantía de paz en un país que requiere un Nuevo Amanecer.

Juan Gabriel Uribe Vegalara fue ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible del Gobierno colombiano de septiembre de 2012 a septiembre de 2013.

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