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El objetivo de Merkel de pactar con los liberales, complicado por Europa

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 27/09/2017
Angela Merkel, ayer en el Bundestag, junto al jefe de filas del grupo parlamentario democristiano en la Cámara Baja, Volker Kauder © Image LaVanguardia.com Angela Merkel, ayer en el Bundestag, junto al jefe de filas del grupo parlamentario democristiano en la Cámara Baja, Volker Kauder

Cuando el entonces recién elegido presidente francés, Emmanuel Macron, visitó Berlín el pasado 15 de mayo, la canciller alemana, Angela Merkel, le regaló los oídos. Macron hablaba de compartir planes de reforma de la eurozona para resguardarla mejor de las crisis eco­nómicas, lo cual incluiría un presupuesto común –en línea con lo que especificó ayer en París–, algo que siempre ha rechinado en Alemania, temerosa de desembolsos que puedan ir a países que, a su entender, no acometen las reformas necesarias. Sin embargo, la canciller se mostró aquiescente: “Desde el punto de vista alemán, es posible cambiar los tratados si ello tiene un sentido”.

Cuatro meses después, y elecciones en Alemania mediante, la situación ha tomado otro cariz. La corta victoria de la democristiana Merkel al frente de su partido, la CDU, y su socio histórico bávaro, la socialcristiana CSU, y la decisión de los socialdemócratas de no reeditar con ella la Grosse Koalition que ha gobernado en esta legislatura, la abocan a intentar una coalición de gobierno, inédita a nivel federal, con los liberales del FDP y con los ecologistas. Y ese tripartito, aparte de difícil de tejer, contendría abiertas discrepancias sobre el asunto de la integración europea.

El Partido Demócrata Libre (FDP), pequeña formación liberalcentrista que regresa al Bundestag tras una legislatura ausente, no comparte esa idea de reforzar la eurozona. Este partido centrista, amigo de empresas y de profesionales con buenos salarios, es partidario de la disciplina fiscal y reacio a los rescates; si por ellos fuera, Grecia estaría ya fuera del euro. En su programa electoral lleva la propuesta de que los países puedan abandonar la moneda común.

Lindner teme que un presupuesto común del euro implique cargar con deuda de otros países

Su líder desde el 2013, Christian Lindner, un politólogo de 38 años, ha dejado claro varias veces el ­rechazo del FDP a un presupuesto común para el euro –en teoría con su propio ministro de Finanzas–, que los liberales alemanes perciben como un intento de mutualizar deuda ajena a cargo del contribuyente germano. Lindner alertó de que no están dispuestos a ver “dinero aterrizando en Francia para sufragar gasto público, o en Italia para reparar los errores de Berlusconi”.

En la habitual Elefantenrunde (ronda de los elefantes) televisiva de la noche del domingo electoral –la llaman así porque acuden los pesos pesados de los partidos– ya se vio cómo el rostro de Merkel se volvía pétreo mientras Lindner desgranaba sus exigencias para formar coalición.

Al día siguiente, lunes, en una rueda de prensa en Berlín en la que se le preguntó por las propuestas de Macron sobre una mayor integración del euro, la canciller ya em­pezó a poner condiciones. “Mi opinión es que podemos tener más ­Europa, pero eso tiene que con­ducir a más competitividad, más empleo y más influencia de la UE en el exterior”, dijo Merkel, y señaló que CDU/CSU apoyará lo que tenga más sentido. “Hablaré de esto con el presidente francés”, zanjó.

Para Alemania, el FDP quiere también una rebaja de impuestos a las clases medias por valor de 30.000 millones de euros, el doble de la cantidad que prometen bajar Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble.

En una vuelta de tuerca, algunos comentaristas sostienen que los ­liberales podrían ser la coartada perfecta que buscaban Merkel y Schäuble para rebanar el reen­foque integrador de la eurozona, y perpetuar así la germánica doctrina de dinero a cambio de reformas que aplicar a países díscolos. Otros señalan que el democristiano Schäuble, titular de Finanzas desde el 2009, podría quedarse sin esa cartera, que el FDP ambiciona. En todo caso, da la impresión de que los ajustes en el euro y las esperanzas de Macron tendrán que esperar a que Merkel consiga formar Gobierno. Y eso puede durar meses.

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