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El orden que surge del caos del vuelo de los mosquitos

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 02/10/2017
Hay orden en el vuelo de los mosquitos © Image LaVanguardia.com Hay orden en el vuelo de los mosquitos

¿Acaso hay algo más desordenado que una nube de mosquitos que vuela enloquecida sobre un espejo de agua? Aunque parezca un cúmulo caótico y sin orden, hay un patrón de organización en el que los científicos ponen la lupa para entender mejor sus interacciones.

“No me atrevería a decir que el vuelo de los mosquitos tiene una lógica, pero podemos entender que la nube de estos insectos no vuela al azar”, dice Tomás Grigera, científico argentino que junto con otros colegas italianos ha analizado el comportamiento del vuelo de los jejenes (Phlebotomus papatasi) en las fuentes y otros espejos de agua de Roma.

Un baile de seducción muy complejo

Los jejenes, una variedad de mosquito muy popular en la capital italiana, forman grandes nubes sobre formaciones de agua para atraer a las hembras. Estas atraviesan el cúmulo de insectos en una rápida búsqueda de pareja para realizar la fecundación que se produce fuera del enjambre.

Aunque los miles de insectos que forman un enjambre parecieran volar libremente y sin rumbo fijo, hay precisas interacciones y coordinaciones entre ellos. Más específicamente, estos mosquitos se agrupan en subconjuntos, donde vuelan hacia una determinada dirección por unos instantes y de repente, como si respondieran a un llamado invisible, se desintegran y se reagrupan en otro sentido. Pero en este complejo baile aéreo cada jején vuela a una velocidad similar a la de otro compañero que se mantiene a una cierta distancia.

Cuando uno mide las velocidades del enjambre se da cuenta que están correlacionadas: lo que hace un mosquito en un extremo no es independiente de lo que hace otro en el otro extremo”

“Cuando uno mide las velocidades del enjambre se da cuenta que están correlacionadas: lo que hace un individuo en un extremo no es independiente de lo que hace otro en el otro extremo”, precisa a La Vanguardia este científico del Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos, perteneciente a la Universidad de La Plata (Argentina).

Cuando se conoce la relación que hay entre las direcciones de dos insectos que se encuentran en distintos puntos, “vemos que esas posiciones también tienen que ver con lo que va a pasar a su alrededor”, explica, un comportamiento que se denomina correlación dinámica o temporal.

Un comportamiento similar al de las aves

Esta frenética danza de los mosquitos tiene una cierta relación con el comportamiento colectivo de otras especies animales, como los estorninos. Estas pequeñas aves forman grandes cúmulos de cientos de ejemplares que dibujan largas lenguas negras en el cielo. Los científicos no se han puesto de acuerdo la razón de que formen estas bandadas, pero lo más probable es que sea una forma de defensa ante el ataque de depredadores como el halcón.

Así como con los jejenes, los estorninos cambian de rumbo en forma inesperada por la transmisión de información entre los pájaros más cercanos, un cambio de rumbo que se comunica a los demás miembros de la bandada en forma exponencial. Cuando se detecta la presencia de un depredador, las aves que encabezan la formación cambian de trayectoria y este comportamiento es imitado por el resto de sus congéneres.

En la investigación publicada en Nature Physics, Grigera y los científicos italianos consideran que el mismo mecanismo de los estorninos se puede aplicar a los jejenes, aunque estos insectos no llegan a tener una coordinación tan elaborada como las aves, famosas por las plásticas figuras que elaboran en el cielo.

Las aplicaciones que surgen del estudio de los enjambres

El estudio del vuelo de los jejenes y los estorninos se puede extrapolar a otros campos. Por ejemplo, precisa Grigera, si se quiere mantener la llamada “ecuación del grupo” entre diversos drones para que vuelen en forma ordenada, el comportamiento de estas especies acercan pautas que se pueden replicar en el vuelo de estos aparatos.

Los comportamientos de las hormigas, las abejas, las luciérnagas y otras especies de insectos que se agrupan en grandes cúmulos también son analizados para descubrir nuevas pautas en las investigaciones en torno a la inteligencia artificial. La ‘inteligencia de enjambre’ investiga cómo es que la suma de cientos o miles de ejemplares crea un comportamiento colectivo, pero sin un líder que los guíe.

© Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L.

Por ejemplo, los logaritmos basados en las colonias de hormigas son útiles para buscar pautas de comportamiento en donde se necesitan explorar diferentes caminos para alcanzar una misma meta. La coordinación que tienen estos insectos cuando entran y salen de sus nidos es analizada por los expertos en tráfico para dilucidar cómo miles de ejemplares entran y salen de un punto determinado sin chocar ni crear congestiones. También se ha estudiado su comportamiento para crear algoritmos que permitan una mayor eficacia en la asignación de los aviones en las terminales áreas.

Aunque el vuelo de un mosquito sea intrascendente, la ciencia siempre le sacará algún tipo de provecho.

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