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El padre biológico de los hijos de la mujer fallecida en Huelva reclamó su custodia

Logotipo de El Mundo El Mundo 24/09/2017 CHEMA RODRÍGUEZ
© Proporcionado por elmundo.es

Tres de los cuatro menores que durante días convivieron en su casa

con el cadáver

de su madre y de la pareja de ésta habían sido reclamados legalmente por el padre, del que Rocío, de poco más de 30 años, se había separado hace algún tiempo.

La custodia de los tres pequeños que este sábado fueron rescatados por la Guardia Civil era objeto de disputa entre sus padres, en buena medida con el argumento de la situación de desamparo y casi abandono en la que se encontraban.

De hecho, el padre biológico de los tres niños se hizo cargo el sábado de los cuatro hermanos, a la espera de que, según ha declarado el alcalde de Calañas, Mario Peña, este lunes los servicios sociales de la Junta de Andalucía se hagan cargo del caso.

La madre y su actual compañero sentimental -cuyos cuerpos sin vida halló la Guardia Civil en el dormitorio principal de la vivienda- pasaban días enteros sin ocuparse de los menores. Hasta el punto de que para ellos no supuso nada extraordinario tener que arreglárselas por sí mismos durante los casi cinco días que pasaron entre la muerte de su progenitora y la pareja de ésta hasta que fueron rescatados.

Durante todos esos días, los cuatro niños -de doce, seis, cinco y cuatro años- se las arreglaron para alimentarse, ocuparse unos de otros y acudir a clase cada mañana. Como habían hecho otras veces, aunque alguno de ellos llegó a decir a los profesores del colegio de primaria de La Zarza que tenía hambre.

La pareja, muerta por sobredosis según las primeras hipótesis -y pendiente de determinar si fue accidental- se había trasladado a esta pequeña aldea dependiente de la localidad onubense de Calañas hace poco tiempo. Habían residido antes en la capital, pero Rocío, que sí era de la zona y tenía allí familia, quiso volver.

Primero vivieron en una casa en muy mal estado, pero hace tres meses que se mudaron a otra vivienda, en la calle San Roque, que estaba en mejores condiciones. Precisamente, fue el casero el que el sábado detectó que había ocurrido algo extraño y dio la voz de alarma después de acudir a la casa y ver a los niños.

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