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El pase de Gramsci

El Mundo El Mundo 09/06/2014 JOSÉ ANTONIO MARTÍN PETÓN

José Luis Garci tenía un profesor en su cole mixto de la calle Ibiza que había leído a Gramsci. El maestro podía repetir su cita, pero no mencionar el autor, no fuera a ser cosa de que un alumno memorioso fuera a casa a la hora de cenar y le encalomara al cabeza de familia que el profe les había contado algo de un señor llamado Antonio Gramsci, bajito, contrahecho, zurdo y valiente. Podía ser que el padre supiera de las ideas revoltosas de Gramsci y ya teníamos el lío. «Crisis es cuando el tiempo viejo no acaba de irse y el tiempo nuevo no acaba de llegar». La frase, tan exacta, tan hermosa.

La selección española.

¿Quiere decirse que la selección española está en crisis? No. Replay («cuantos goles marca el Replay ese», decía el abuelete de Panticosa cada vez que repetían un tanto en la tele y salía la palabreja durante el Mundial de Estados Unidos): no. Quiere decirse que el combinado nacional está ante la oportunidad de hacer cantar a sus cisnes por última vez con la misma armonía que les ha alzado a la altura más grande en la Historia del Fútbol.

No vimos jugar al Uruguay del Manco Castro, aquel delantero voraz que perdió la mano con 13 años y utilizaba el muñón como un arma de ataque; no vimos a los charrúas de Maracaná con Obdulio Varela parando el tiempo para enfriar el fútbol; ni a la Italia del violinista Orsi, tanguista y goleador con Meazza en el sospechoso campeonato del 34; no vimos a la Alemania partida del heroico Fritz Walter sobrevivir ante la zurda vendada del fabuloso Pancho Puskas; los más veteranos nos recuerdan los Mundiales sin televisión de Suecia y, casi, Chile (el bossa nova es una melodía que inventaron Pelé, Garrincha y Joao Gilberto). A partir de ahí, la tele como elemento para el juicio. Conocemos a todas las selecciones campeonas. Brasil, como ejemplo máximo, llegó a la excelencia en el de México 70. Pero ninguna, jamás, ha jugado tanto tiempo bien como la nuestra. No es sólo el récord inigualado, dos campeonatos continentales y uno mundial entre ambos, es el triunfo del estilo, el éxito del dominio del balón y por lo tanto del juego. La victoria del fútbol en el fútbol.

¿Eso se puede hacer sin combatir, sin alma ni pasión? Imposible. El gol de Puyol a Alemania es la metáfora de lo contrario. Sin vigor no se puede. Esa es la incógnita ante lo que empieza. Algunos de nuestros futbolistas están ante el cierre de su experiencia mundialista e incluso con la selección. De la fuerza que les quede para acompañar su calidad dependerá el que se cierre en belleza un tiempo viejo que ojalá no se fuera nunca.

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