Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

El precio a pagar por girar al centro

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 RAMÓN AGUILÓ
© Proporcionado por elmundo.es

Hace pocos días, el célebre cómico alemán Jan Böhmermann resumía de este modo los miedos y principales expectativas que giraban en torno a las elecciones generales de ayer domingo: "Que no cunda el pánico entre los alemanes.

Merkel

alargará cuatro años más su imperio del tedio,

Martin Schulz

logrará ser segundo sin apenas despeinarse y Alternativa para Alemania (AfD), amigos y amigas, alcanzará por desméritos propios el tercer puesto, algo que debería ser motivo de alegría para todos nosotros, pues al fin y al cabo su último gran resultado fue el segundo puesto en la Segunda Guerra Mundial".

Algunos periodistas iban incluso más allá de la sátira y declaraban con toda rotundidad que ayer iba ser el último día en que tendría validez afirmar aquello de que Alemania ha aprendido de su cruenta Historia. Los más pragmáticos, por el contrario, consideraban estos sufragios como el necesario referéndum que jamás se realizó sobre la masiva entrada de refugiados durante el verano de 2015.

Al final, todos han tenido razón: eran apenas las 18:10 de la tarde cuando, tras conocerse los primeros sondeos, Thomas Oppermann, presidente del grupo parlamentario del SPD, reconocía la derrota de los socialdemócratas, el fracaso de la gran coalición y la cesura y vergüenza que suponía para la república alemana que, 75 años después, un partido xenófobo y de extrema derecha volviera a estar presente en el Parlamento.

En un alarde de patética sinceridad, Oppermann anunciaba lo que el candidato Schulz iba a confirmar un poco más tarde: el 20% de los votos cosechados por el SPD no es sólo el peor resultado del partido desde la posguerra, sino que representa una clara exhortación a marcharse a la oposición, y ése va a ser su lugar durante los próximos cuatro años. La derrota y la renuncia del SPD abren las puertas a una triple coalición entre conservadores, liberales y verdes, la llamada 'coalición Jamaica', una posible alianza que anuncia un giro conservador en el aspecto financiero, menos europeo, de la política alemana.

De todos modos, todavía no hay que dar nada por hecho, pues a pesar de las favorables intenciones declaradas por sus principales candidatos, todavía hay más motivos que les separan que razones que les unan, sobre todo, en lo que hace referencia a los impuestos medioambientales y al modo de tratar la preponderancia mercantil de la todopoderosa industria automovilística. Sin embargo, tanto la Unión como los verdes y los liberales han comunicado ya que habrá que ceder y que la prioridad será acatar el resultado de las elecciones y empezar con la consecuente formación de un Gobierno.

Y si la Unión (CDU/CSU) no fuese, a pesar de todo, la fuerza más votada, Merkel no hubiese tenido más remedio que aceptar y seguir el mismo razonamiento que el SPD. Perder más de un 7% de los votos no entraba en los planes de un partido que se las prometía muy dulces en el regazo maternal de la estabilidad económica y financiera. Ninguno de ellos podía esperar que más de un millón de votantes emigrara hacia la derecha, desencantados al comprobar cómo su partido de siempre traicionaba sus valores más tradicionales y conservadores. La máxima de Franz Josef Strauß, "A la derecha de la CSU no puede haber ningún otro partido democrático", sigue dolorosamente vigente para muchos. Y así lo recordaba el propio Horst Seehofer, primer ministro de Baviera, nada más analizar los resultados: "Hemos descuidado nuestro flanco derecho. Ése ha sido nuestro error". No cabe duda de que ése ha sido el precio que ha tenido que pagar la Union por su giro hacia el centro. El mismo error, dicho sea de paso y a la inversa, que lleva cometiendo el SPD desde que Schröder esbozó la Agenda 2010 y se despidió de su perfil más solidario y social.

La canciller lo reconocía ayer mismo, a la vez que prometía recuperar los votos perdidos

a manos de la AfD

. Esa promesa es especialmente significativa, pues supone un cambio radical respecto a lo que Merkel había defendido durante toda la campaña electoral: mientras que durante semanas se había dedicado a ignorar las soflamas populistas de la AfD con el único objetivo de evitar poner sobre la mesa los problemas relacionados con la inmigración y el terrorismo yihadista, bastaron unos minutos tras los primeros escrutinios para que Merkel, con su aplastante oportunismo, asegurara que lo que debe hacer ahora su partido es aceptar y reconocer los miedos y las preocupaciones de esos votantes.

Quizá sea demasiado tarde. Quizá lo más adecuado sea ahora tomarse en serio las palabras de Alexander Gauland, el candidato de la AfD, que se presentaba eufórico ante sus simpatizantes, profiriendo las siguientes palabras en dirección al próximo Gobierno: "Que se vayan preparando. Vamos a dar caza a la señora Merkel". Se avecinan cuatro años turbulentos para Merkel, en los que tendrá que demostrar más claramente que nunca cuáles son sus verdaderas apuestas y si Europa puede todavía seguir confiando en ella. El resto, será una cacería.

Leer

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más el El Mundo

image beaconimage beaconimage beacon