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El Primavera Sound saca músculo

La Vanguardia La Vanguardia 31/05/2014 Esteban Linés

La importancia de un evento de las proporciones y la trascendencia como es el Primavera Sound se percibe especialmente en circunstancias adversas, como las que ayer volvieron a rodear el festival en forma de lluvia, algún chaparrón y, en consecuencia, desajustes en la movilidad de los aficionados, las incomodidades logísticas o en los horarios. La placidez del jueves en el sentido meteorológico no se mantuvo, pero ello permitió ver cómo una gigantesca maquinaria ya engrasada superó adversidades de este tipo y, sobre todo, como un nutridísimo ejército de- aficionados que no solo respaldan la celebración del festival desde hace catorce años tal como lo conocemos, sino que edición tras edición va aumentando su asistencia, se mantuvo allí donde debía. Es importante recalcar a veces estos logros para darse cuenta de lo afortunada que puede sentirse una ciudad por contar con manifestaciones tan potentes como la que nos ocupa.

Por una vez, más allá de los Pixies , The National, los Planetas (que actuaron inesperadamente media hora en un miniescenario), War On Drugs (que no pudieron hacerlo por problemas técnicos) o de Darkside, fue el vigor de la convocatoria el protagonista. Las cifras sirven para apuntalar afirmaciones, pero también para llamar la atención a los agentes que participan en que el Primavera Sound sea una realidad y tomen nota. Se trata de un acontecimiento no sólo cultural sino de indudable calado económico (como el que mueve un gran premio de fórmula I, dicen). Y de trascendental repercusión internacional. Sintetizando de forma urgente, la famosa marca Barcelona, debe lo que mucha gente no se imagina a un macrofestival como es el Primavera, bastante más a efectos mediáticos que numerosas otras actividades de tipo político, institucional, económico, o propagandístico. Una prueba de peso: la reputada revista musical Consequence of Sound hablaba hace unos días de los principales festivales musicales del circuito, y situaba al Primavera prácticamente a la altura del de Glastonbury, pero con la ventaja de que “es un gran festival con las vibraciones de una boutique”. O sea, lo tiene todo según los entendidos.
Y los Pixies fueron una de las pruebas más contundentes de la jornada. Comenzaron aquí el tramo europeo de su gira mundial, y durante más de 25 canciones demostraron encontrarse en perfecto estado de forma.

La jornada musical comenzaba con un carismático John Grant, programado a primeras horas de la tarde en escenario de lujo. El tema prometía, Grant es un icono musical y personal, sus hermosas canciones, sus vicisitudes personales, una banda de potencia y filigrana, pero un furioso chaparrón le pilló a él y a los numerosos aficionados que se habían dado cita en plena faena. Profesional e irónico –”perdonad por la lluvia, la he traído yo”– entertainer, además de políglota y sin pelos en la lengua, deleitó a su concienciada parroquia con algunos incunables, la celebrada Gmf. Voz, banda y un gran repertorio, hicieron frente a la lluvia sin inmutarse.

La irrupción de Joana Serrat en la primera división de la competición (fichaje por El Segell, lujoso disco Dear Great Canyon) ha sido una de las noticias más satisfactorias de la temporada local y, por lo que confirmó ayer en un escenario Pitchfork también algo pasado por agua, foránea. Junto a un nutrido combo de acompañamiento –incluida una segunda voz, pedal steel o un chelo– la magnífica música y compositora de Vic ofreció un recital deslumbrante, donde lucieron sus temas más rítmicos, así como un dominio de un escenario realmente amplio, que a ella no le supuso ningún problema. El disco es espléndido, pero por lo que demostró en una prueba de fuego como la de ayer, su directo es incluso más subyugante. En algún corte, eso sí, la frondosidad instrumental, llegó a tapar ligeramente su muy bien trabajada voz.

La línea argumental de la selección de los conciertos hecha por uno no podía obviar la presencia de una indiscutible leyenda y también realidad de la música norteamericana como Dr. John. Decimos leyenda porque John Rebennack, nacido hace setenta y tres años en Nueva Orleans, es un creador e intérprete referencial de las músicas del sur de Estados Unidos, de los sonidos mestizos de Nueva Orleans y el Delta, del blues, el rock y el zydeco. Cualquier concierto suyo, se encuentre como se encuentre de salud, es una impagable lección de sabiduría y magia musicales, un ejercicio para entender cosas nuevas de este arte. Acompañado por un sección rítmica de músicos negros –garantía de que el groove y el ramalazo funky estaban asegurados–, de un organista y un guitarrista blancos, y, como elemento más llamativo, de una espídica trombonista –no hubiera desentonado en la sección de metal de James Brown–, Dr. John cumplió con solvencia, elegancia y rigor lo que se esperaba de él. Sentado tras sus teclados (un piano de cola, un piano eléctrico), y con alguna visita ocasiona l a la guitarra eléctrica o a unas percusiones de conchas y huesos, su voz matizada, sentida y gruesa –como buena voz de Nueva Orleans– repasó algunas piezas de su repertorio más jugoso. Su potencia y flexibilidad vocal no son las de antaño,pero para ello demostró la magnífica apoyatura instrumental de sus músicos. Y la verdad, escuchar en el privilegiado escenario Ray-Ban pequeñas glorias como Down on the bayou o la celebérrima Right place, wrong time, lo compensa todo, con chaparrones o sin ellos.

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