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El primer mercado 100% ecológico llega a Madrid

El Mundo El Mundo 31/05/2014 CRISTINA GALAFATE

Cuando a Pilar Muñoz-Calero le diagnosticaron sensibilidad química múltiple (SQM) en Estados Unidos le cambió la vida. Hasta ese momento, los médicos no entendían los numerosos síntomas que experimentaba esta mujer al inhalar un perfume o al contacto con su ropa recién lavada. "El problema no era puntualmente una cosa, sino todo el cóctel que me rodeaba" , cuenta.

Médico ambiental de profesión, tuvo que someterse a un proceso de desintoxicación y recluirse en su vivienda de Brunete. De aquella dura adaptación nació una obsesión que ahora se esfuerza por transmitir. "Somos lo que comemos: la primera medicina es el alimento".

La mayoría de las personas tiene una resistencia a los tóxicos superior a la de Pilar, pero ella está convencida de que la comida cada vez alimenta menos y sabe peor. Que no podemos seguir llenando el organismo de conservantes, colorantes y pesticidas. "No es normal que antes una planta de tomate diera cinco kilos y ahora pueda dar hasta diez, o que haya higos todo el año, porque es una fruta de temporada", asegura.

Tras cambiar los hábitos alimenticios de su familia, pretende que todos los madrileños acudan a El huerto de Lucas, su 'micromundo' ecológico. Un nuevo proyecto 'ecogastrocultural' ubicado en pleno barrio de Chueca -la calle San Lucas de Madrid-, que ve la luz después de dos años de trabajo. "Mi tía es el alma de todo esto", cuenta Javier Muñoz-Calero, "al principio, fue más un ejercicio de concienciación a través de la Fundación Alborada, que ella dirige, para que la gente se diera cuenta de lo que estamos ingiriendo, de todos los casos de intolerancias y enfermedades que están detectando... Y así surgió la idea de un mercado de abastos asequible, donde llenar el carro más primario con carne, vino, pan o fruta ecológica sin que te costara el doble".

En la capital ya existen lugares donde encontrar productos con este certificado. Sin embargo, insiste Javier, El huerto de Lucas da un paso más porque "la oferta se adapta al bolsillo, pese a que el producto orgánico siempre tiene un precio superior, y tratamos de propagar el mensaje de que la materia prima es importante, que comer ecológico no es cosa de gente loca".

El ahijado de Pilar, también chef de la Cantina Orgánica, ofrece menús a diez euros elaborados con materia prima del propio mercado a cocciones bajas, y propuestas rápidas para llevar. "Queremos que la gente pueda comer como en el bar de al lado o en su propia casa, a precios competitivos, porque muchas veces nos gastamos dinero en la peluquería, en ropa y en el coche, y no lo hacemos en la gasolina del cuerpo, que es el que nos hace vivir", sentencia.

UNA PLAZA QUE RECUPERA LO DE SIEMPRE

Unos puestos al lado, Alberto Muñoz-Calero, otro de los sobrinos de Pilar, sirve café orgánico, té ecológico y especias. Aquí todo queda en familia. "Nos ha arrastrado, pero porque a nosotros también nos gusta", admite. Junto a él, la 'Nutri Coach' Helen Medal se suma a la aventura con germinados y zumos ecológicos. "Todo natural, exprimido en el momento". La fruta y verdura de sus pócimas détox la obtienen de sus vecinas, Marisa y María José Gil, de Semilla Nativa, que luchan desde este mercado por la supervivencia del mundo rural eliminando intermediarios. "Es un lugar único en Madrid, como una isla en la ciudad, por eso quisimos participar en él, y encaja muy bien con nuestro enfoque de comercio justo. Cuando compras ecológico ya le estás haciendo un beneficio a tu salud, pero como consumidor que va a gastar también tienes el poder de que el dinero termine de verdad en el campo".

Sus naranjas ecológicas salen a euro y medio el kilo. "A mí cuando la gente me dice que una fruta está cara en el súper me da mucha rabia, porque no saben todo el trabajo que hay detrás para que tú la tengas así de buena y de fresca". Dicen que el 80% de sus proveedores son familias, y tratan se seguir un criterio local. "Tenemos contactos en toda España, pero si hay un producto en Madrid, ¿para qué nos vamos a ir más lejos a por él?".

A unos metros de ellas, el italiano Angelo Belgrano prepara con una sonrisa cucuruchos de sorbete natural. "Mi hija Francesca es intolerante a la lactosa y, ahora ya tiene 23 años, pero de niña me daba mucha pena que no pudiera comer helado como el resto de los niños, así que empecé a trabajar sólo con fruta".

Sus primeros polos los hizo en Estados Unidos, donde vivió catorce años, a partir de zumo natural de limón, sin la pulpa y con pectina. "Tenían cero materia grasa, agua filtrada y nada más. Y los envases también procedían de una empresa de material compostable". En 1993 abrió su primera heladería ecológica en España, Gelato&co, en la isla de Menorca. "La familia Muñoz-Calero siempre han sido clientes míos durante las vacaciones de verano, y me convencieron para que mis helados estuvieran aquí".

Angelo también tiene alergia al polvo y a la pintura. "Creo que cada vez comemos cosas menos sanas y el organismo se revela. En pequeñas dosis no hay problema, hasta llegar a la saturación. Yo un día me levanté repleto de eccemas y ahí empecé a preocuparme". Otra de las muchas historias que pueden encontrarse en estos 450 metros cuadrados dedicados a la salud y al medio ambiente.

LA CULTURA DEL BIENESTAR

Pero en el mercado no sólo hay espacio para el estómago. Además de panadería, charcutería, carnicería al corte o una tienda de producto seco -conservas, limpieza para el hogar, pasta y cereales a granel...-, existe un refugio dedicado a la belleza en la misma onda que el resto del mercado. Marta Boeira, profesional en este campo, ha creado un pequeño oasis donde comprar cosméticos ecológicos y someterse a tratamientos biosaludables en cabina para desconectar. "Tenemos incluso productos con leche de burra recién ordeñada, que es puro alimento para la piel y no lleva nada tóxico. Puedes venir a hacer la compra y terminar con un masaje en un sillón ergonómico, somos un todo que comparte esencia".

Hasta la construcción del mercado es libre de tóxicos. Pilar ha concebido un lugar único desde el contenido al contenedor. "Nos encontramos con un local que era una panificadora con amianto en algunas zonas y tuvimos que hacer un saneamiento para meter luz, aprovechar la energía solar...", explica Paula Rosales, del estudio More&Co. Durante el proceso, el equipo descartó muchos materiales y trataron de suplir las limitaciones mediante la creatividad. "Si todo esto era carísimo el proyecto era inviable. Pero, igual que consumir ecológico no significa ser hippy, tampoco la construcción biosaludable está hecha de paja y adobe".

Como no podía ser de otra manera, El huerto de Lucas está lleno de plantas que decoran el techo y las paredes. "Las cintas son una de las plantas más comunes y de las más purificadoras". El nombre lo propuso la propia Paula: "Tuvimos en cuenta la calle, por supuesto, pero no queríamos otro mercado santo, que ya tenemos el de San Miguel, el de San Antón y, ahora el de San Lucas... no lo iban a relacionar". Huerto era la mejor palabra para describir este microsistema sostenible. "Aquí toda la vegetación y los productos orgánicos se van a almacenar en un punto de reciclaje. Con el compost se abonarán las propias plantas del mercado, y el aceite se reutilizará para hacer jabones que también se utilizarán". Un círculo en el que todo el mundo está implicado y tiene interés en que salga adelante.

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