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El privilegio de caminar por un trazado romano

Cinco Días Cinco Días 22/05/2014 Marce Redondo

Comienza en Sevilla, la antigua Hispalis; pasa por las ruinas de Itálica, ciudad de la Bética Romana, y a través de Zafra y Almendralejo llega a Mérida, la llamada Emérita Augusta. Sigue rumbo a Cáceres y Plasencia y se adentra en tierras castellano-leonesas por Béjar y Salamanca. Siempre en dirección norte, llega a Zamora y, cruzando campos de cereales y lagunas, a Benavente, y desde allí, a Astorga y León; Campomanes y Pola de Lena son los primeros pueblos asturianos que nos acercan al final del recorrido, Oviedo y Gijón.

La Ruta de la Plata es hoy un itinerario turístico basado en una calzada romana cuyo origen se remonta a tiempos prehistóricos. Ya en época remota existía un camino que unía el norte y el sur de la península Ibérica, donde floreció la enigmática civilización de los tartesios, a finales de la Edad de Bronce. El recorrido se convirtió en una de las principales vías de comunicación de los pueblos ibéricos. Además de conectar algunas ciudades peninsulares, el trazado sirvió para difundir la cultura romana, y estuvo dotado de infraestructuras que hoy se han convertido en importantes vestigios.

Durante la Edad Media facilitó la penetración árabe hacia el norte, también permitió avanzar a las tropas cristianas de reconquista, convirtiéndose así en un eje de comunicación entre el norte y el sur. En esa época fue cuando adquirió la denominación de Vía de la Plata, al parecer de origen árabe, derivada de balata (losa, ladrillo). La unión de la b y la l produce el sonido plata; así se empezó a llamar popularmente. Se refiere, por tanto, a las características del camino y no al comercio de la plata.

El itinerario atraviesa cuatro regiones y siete provincias en un eje norte-sur de 800 kilómetros. El propio trazado del camino refleja la potencia y diversidad de los múltiples recursos turísticos que ofrece: ciudades y pueblos cercanos a la ruta con sus itinerarios internos, circuitos complementarios para hacer visitas naturales y culturales en el entorno del camino, sendas litorales, ríos, embalses y humedales, espacios y paisajes naturales e importantes ámbitos culturales y etnográficos, según la Red de Cooperación de Ciudades de la Ruta de la Plata.

La ruta cuenta con reservas de la biosfera, parques nacionales (Doñana y Monfragüe), además de numerosos parques y reservas naturales que albergan una rica y variada fauna y naturaleza. Para disfrutar de ella existe una amplia red de establecimientos de turismo rural a lo largo del camino.Solo queda decidir la forma de hacer el viaje: en moto, en bicicleta, andando... El peregrinaje permite hacer el itinerario con un ritmo pausado para sumergirse en el entorno. Y sin necesidad de completar el camino, las posibilidades que ofrece para los amantes del senderismo son infinitas.

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