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El 'procés' fuerza a las empresas catalanas a definir su posición

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 TERESA COCA, RAQUEL VILLAÉCIJA

Las compañías catalanas de mayor envergadura económica han intentado quedar al margen del

debate político sobre la independencia

a pesar de que, personalmente o bajo el paraguas de las principales organizaciones empresariales, han reiterado la llamada al diálogo como única opción para encontrar una solución.

Con anterioridad algunos directivos sí se habían mostrado partidarios de que el Estado, por vía del estado de las autonomías y del pacto fiscal, diera a Cataluña un reconocimiento de su singularidad; las menos han tomado partido por la independencia. En este sentido, los responsables de algunas pequeñas y medianas compañías han hecho defensa del derecho a decidir del pueblo catalán, como las compañías que agrupa el Cercle Català de Negocis, entidad de la que es vicepresidente Joan Canadell, propietario de Petrolis Independents, que luce esteladas en sus establecimientos.

El presidente de Seat, Luca de Meo, aseguró que, como compañía global, su papel es adaptarse a las condiciones de cada país, aunque matizó que la marca siempre busca estabilidad para garantizar el futuro de las inversiones. Una idea que comparten el resto de empresas alemanas radicadas en Cataluña.

© Proporcionado por elmundo.es

Las multinacionales norteamericanas

han mantenido una gran discreción

y han dejado en manos de su portavoz en la Cámara de Comercio de Estados Unidos en España, Jaime Malet, su rechazo al procés: "Una independencia no es gratis ni fácil, sino muy difícil y traumática", dijo éste al respecto. No por ello han dejado de aprovechar las oportunidades del mercado catalán y algunas como Prologis invertirá entre 45 y 50 millones en el desarrollo un área logística de La Bisbal del Penedès (Barcelona).

Oposición

Los casos de Freixenet o de Planeta son claros exponentes de la oposición al independentismo entre las grandes empresas. El desaparecido presidente de la editorial, José Manuel Lara, argumentó en 2012 que trasladaría su sede en una hipotética independencia porque "no hay ningún negocio editorial que tenga su sede en un país extranjero que hable otro idioma".

Sin llegar a este extremo, el presidente de Freixenet y a su vez presidente de la Cámara de Comercio de España, Josep Lluís Bonet, advirtió del miedo que generaba un proceso secesionista entre los empresarios y alertó de que sería un desastre para Cataluña y para España. Cabe recordar que Freixenet sufrió un importante boicot a sus productos en 2006, cuando se declaró la

guerra del cava

a raíz de unas declaraciones del entonces líder republicano Josep Lluís Carod-Rovira.

Codorníu también se vio afectada, aunque ahora sus responsables intentan pasar de puntillas ante el contexto político e intentan desmarcarse de uno de sus accionistas -la familia Raventós-, que

a través de la firma Unipost

ha colaborado en la preparación del 9-N y del 1-O.

En el apartado de los abandonos de Cataluña se incluye el conglomerado Derby Hotels Collection, cuyo presidente, Jordi Clos, trasladó la sede social a Madrid alegando "motivos patrimoniales y fiscales".

En el caso de las grandes entidades financieras como CaixaBank o Banco Sabadell, sus directivos fueron muy comedidos hasta que los partidos nacionalistas aceleraron la hoja de ruta separatista, momento en el que han roto el silencio.

A favor del independentismo

Las organizaciones empresariales como Cecot, Pimec o FemCat cuentan entre sus bases con más empresas proactivas con el catalanismo. Sirva el ejemplo de Aranow Packagin, la compañía propiedad de Jordi Cuixart, actual presidente de Òmnium Cultural, o el del empresario y socio fundador del gigante audiovisual Mediapro, Jaume Roures; también el actual responsable de Autónomos Pimec, Miquel Camps, de la firma familiar del mismo nombre. Otros casos serían los de Miquel Martí, presidente del grupo de transportes y concesionarios Moventia, que salió a la palestra del mundo económico al perfilarse como futuro presidente de Fira de Barcelona, o la familia Bagó, propietaria del grupo hotelero Serhs, cuyo fundador Ramón Bagó estuvo siempre vinculado a CDC en épocas del ex presidente Jordi Pujol.

Otras firmas como Agrolimen o los supermercados Valvi y Bon Preu, si bien han huido de las declaraciones públicas, han mostrado su apoyo al nacionalismo al convertirse en accionistas de medios de comunicación catalanes como diari Ara o Puntavui.

En el lado contrario se encuentran algunas grandes empresas y multinacionales que han recalado en territorio catalán atraídas, como en el caso de Grifols, por la fiscalidad; su presidente es un firme defensor del derecho a decidir.

También reciente es la llegada de Amazon, que ha desvelado que abrirá un nuevo centro de I+D en la región a mediados de 2018. Barcelona es casi de facto la sede española del gigante del comercio electrónico, donde cuenta con cuatro centros logísticos y dos espacios más.

En el área del consumo, la alemana Lidl también había previsto una importante expansión en esta comunidad. Hace poco presentó el proyecto de los Tres Molinos en Esplugues de Llobregat, donde abrirá una de sus tiendas de referencia, e inaugurará otro en la localidad de Tárrega.

Este año Lidl ha mantenido una fuerte inversión en nuevas tiendas, ha abierto más de siete establecimientos y la inversión de la cadena en la región asciende a más de 13 millones. Tras los acontecimientos de las últimas semanas, la empresa asegura que «no habla de hipótesis», pero «si el escenario de cambio se llega a dar, haría lo necesario para seguir desarrollando el negocio en Cataluña y en España».

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