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El PSOE en su laberinto

El Mundo El Mundo 01/06/2014 VICTORIA PREGO

La fórmula es endemoniada: un en la que los delegados tienen que elegir a su próximo líder pero en realidad no podrán elegir nada porque ya se lo han dado hecho las bases, que harán una elección no vinculante, pero absolutamente vinculante de hecho.

De este modo, los delegados del Congreso extraordinario no harán más que pintar la mona y aprobar unas resoluciones para un líder que les habrá venido dado de antemano. Es la manera de retorcer los estatutos hasta límites inverosímiles. El hallazgo de la fórmula de elección no vinculante jurídicamente, pero vinculante políticamente, es extraordinario.

Supongamos por un momento que el líder señalado por los militantes no es del agrado de los delegados designados por esos mismos militantes para elegir a un líder ya elegido.

Supongamos que eligen a uno distinto: el que valdría sería el del Congreso y no el de los militantes. Eso haría implosionar definitivamente a este partido metido en la búsqueda ansiosa de una salida al laberinto en el que está enredado. Como esta hipótesis es descartable por un puro sentido de supervivencia, hay que concluir que lo de jurídicamente no vinculante pero políticamente sí es una pamema destinada a salvar la cara ante el evidente asalto y derribo de unos estatutos que no se han modificado. Y que la elección por parte de las bases es lo que va a determinar el nombre del próximo secretario general del PSOE. Y que los delegados del Congreso son de atrezzo.

Por lo demás, los militantes ya saben que sus secretarios regionales se han decantado mayoritariamente por como nueva secretaria general y que ésta ha puesto como condición para aceptar el cargo la unanimidad de los asistentes al Congreso extraordinario. De modo que los militantes ya saben a quien tienen que elegir si no quieren abrir una división profunda entre las bases y sus dirigentes y un auténtico carajal en el seno de ese Congreso.

Y de este modo nos encontramos con una elección ya sugerida por los líderes regionales que los militantes habrán de seguir de una forma mayoritaria por la cuenta que le trae al partido.

Porque, y esto ya será rizar el rizo, no olvidemos que en noviembre están previstas para elegir al candidato a presidente el Gobierno en las próximas elecciones generales.

Y, una vez más, nos podríamos encontrar con que el elegido fuera distinto del secretario general del partido recién nombrado en este rocambolesco juego de espejos en que se ha convertido el anuncio de . Y de nuevo habrá que suponer que los militantes serán razonables y hará coincidir en una sola persona ambos papeles.

Al final un camino lleno de rodeos, de trampas disfrazadas de legalidad pero del todo ilegales, para llegar a lo que se hubiera resuelto de un solo golpe si Rubalcaba hubiera dimitido en el momento y se hubiera nombrado una gestora que hubiera conducido aseadamente al partido hasta el mes de noviembre, con las primarias, y un Congreso después que hubiera ratificado al elegido encomendándole la secretaria general.

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