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El reencuentro con la esperanza

El Mundo El Mundo 15/06/2014 FRANCISCO SANTOS CALDERÓN

El posible triunfo de Óscar Iván Zuluaga a la Presidencia de Colombia sería el triunfo de esos millones de colombianos que han padecido la violencia, de más de medio siglo, por parte de un grupo terrorista que ha interpretado siempre la generosidad como debilidad o como oportunidad para fortalecerse, traficar narcóticos o burlarse con indolencia de las victimas y de esos colombianos de buena fe que les extienden, periódicamente, la mano con la ilusión de que actúen, por fin, con franqueza y compromiso.

Sin embargo, la historia nos ha enseñado, una y otra vez, dolorosamente, que las FARC, una exótica guerrilla marxista-leninista, siempre ha asumido los ofrecimientos de paz como una oportunidad para darle visibilidad a su trasnochado discurso de odio de clases y para legitimarse ante el mundo como los adalides de esos colombianos que sufren y padecen necesidades. Lo que siempre se les olvida contar es que esos colombianos humildes son precisamente los que más sufren con las tomas de pueblos, el asesinato indiscriminado, la ausencia de inversión privada por la inseguridad, el reclutamiento forzado, las minas quiebrapatas, la incorporación de menores al conflicto y un largo etcétera cargado de "lágrimas, sudor y sangre". No es gratuito que cuando se consulta mediante encuestas a la población rural más del 97% de los encuestados repudien a las FARC.

Por eso, Óscar Iván Zuluaga considera que la paz pasa por la seguridad. El presidente Uribe, durante sus ocho años de mandato le mostró a los colombianos que un Estado legítimo es el que está en capacidad de proteger a sus ciudadanos y castigar a los delincuentes. No en vano, durante la presente campaña electoral, el candidato Zuluaga, ha repetido, a lo largo y ancho del país, que no es un buen mensaje, para las futuras generaciones, que el delito paga, y que el terrorismo puede ser premiado con gabelas y privilegios que el ciudadano común nunca tendría.

La animadversión que siente la mayoría del país hacia el presidente Santos no es tanto contra él sino contra lo que él representa: la mano blanda frente al terrorismo. El presidente Santos fue elegido hace cuatro años por más de 9 millones de colombianos que reencontraron la esperanza en las políticas del Gobierno de Álvaro Uribe.

Esos colombianos no son enemigos de la paz. Esos colombianos son amigos del Estado de Derecho, del imperio de la ley, de la seguridad, del estimulo de la inversión pública y privada y del compromiso genuino con la inversión social. La Presidencia de Óscar Iván Zuluaga puede ser la oportunidad de retomar el rumbo que se perdió en estos cuatro años de bandazos y mensajes equívocos. Puede ser volver a tener un Gobierno conectado con el ciudadano común, comprometido con la austeridad, solidario con las fuerzas armadas, cuidadoso de la seguridad pública y firme y riguroso con los terroristas y los delincuentes. Eso es lo que quiere Colombia. Por eso es por lo que votaron.

Quiera Dios que el fervor que se siente en las calles por la aspiración de Zuluaga se traduzca en una votación clara y contundente que mande un mensaje al mundo de que en Colombia somos implacables con el terrorismo y dialogantes y solidarios con el ciudadano de bien que trabaja honestamente por labrarse un futuro para él y su familia. Nada más que esto, nada menos que esto, es lo que está en juego en Colombia con la Presidencia de Óscar Iván Zuluaga.

* Francisco Santos Calderón fue vicepresidente de Colombia, durante ocho años, con Álvaro Uribe.

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