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El regalo de París a Isabel II

El Mundo El Mundo 07/06/2014 JUAN MANUEL BELLVER

"Vive la reine!", gritaban los parisinos el sábado por la mañana al paso del cortejo real de, camino del ayuntamiento y el mercado de flores de la Île de la Cité: dos paradas inamovibles en sus cinco visitas oficiales a la capital francesa. Caída una tormenta mañanera sobre la explanada del hôtel de ville cuando, luciendo un impecable traje sastre rosa palo, su graciosa majestad salió del Bentley para encontrarse con la alcaldesa de origen gaditano,

Esta ciudad ha visto guillotinar a Luis XVI y María Antonieta, pero conserva una fascinación por las dinastías reales y sus ritos seculares que se percibe incluso en el protocolo del Elíseo. Tras haber cenado allí la noche anterior (foie gras, cordero, tabla de quesos y un postre llamado Sensación de Verano), rodeada de 240 personalidades del 'beau monde' capitalino, la soberana británica se había reservado para la última jornada de su estancia en el Hexágono las cosas que le divierten: el casco antiguo, las orillas del Sena y los puestos de flores.

Atrás quedaban las emociones de los actos conmemorativos del, a los que había asistido en familia, acompañada por el Duque de Edimburgo, el Príncipe de Gales, la Duquesa de Cornualles y los Duques de Cambridge. El sábado la reina quería disfrutar casi como cualquier turista -sólo que escoltada por la Guardia Republicana a caballo-, al lado de su esposo Felipe, con quien se había propuesto repetir los paseos que daban juntos por las calles parisinas al poco de casarse, cuando aún no había accedido al trono.

La liberación de París

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Fue en 1948 cuando la entonces princesa Isabel de Windsor, embarazada de su primogénito Carlos, descubrió en la Île de la Cité este pequeño mercado de flores y pájaros pegado al Tribunal de Comercio, que no ha dejado de venir a visitar en todos sus viajes a la ciudad de la luz. Desde ayer, dicho espacio ha pasado a llamarse Marché de Fleurs Élisabeth II, como atestigua una placa que ella misma descubrió, en presencia de la alcaldesa y del presidente de la República, François Hollande, mientras la banda de jazz del Conservatorio de París tocaba 'Little darling'.

"Dentro de unas semanas celebraremos la liberación de París, en la cual los soldados británicos participaron de forma extremadamente importante", recordó Anne Hidalgo tras agradecer a la soberana la lucha de su pueblo por librar a Francia del yugo nazi. Su majestad tenía previsto pasear luego un rato entre los puestos de hierro forjado construidos en 1808 y por ese Quai de la Corse que tan buenos recuerdos le trae de sus años principescos, saludando a niños y jubilados, pero la lluvia comenzó a arreciar y dio al traste con un nuevo baño de multitudes.

"Cortaron la cabeza a nuestro rey pero ella es nuestra reina por procuración", comentaba Aymeric Julanicks, uno de los muchos mirones que se habían dado cita en las inmediaciones. "La reina es querida en Francia porque es sencilla y accesible, y además adora nuestro país", indicaba por su parte la jubilada Linda Messine.

La República Francesa no tiene costumbre de dar a sus calles y plazas nombres de personajes vivos, por si acaso al final de sus días estos se hicieran indignos de tal honor. Pero, con Isabel II, el ayuntamiento ha decidido hacer una excepción, debido a su avanzada edad (88 años) y a que siempre ha manifestado una profunda amistad por esta ciudad. Claro que el gesto del consistorio parisino no ha sido del agrado de todos, como denunciaba la concejala comunista Danielle Simonnet (Partido de la Izquierda), insistiendo en que "París todavía no ha honrado a figuras de la revolución francesa como Robespierre".

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