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El revólver adecuado

El Mundo El Mundo 01/06/2014 SALVADOR SOSTRES

Xavier Trias me dijo, tras perder las municipales de 2003, que tarde o temprano llegaría a ser alcalde porque era más socialista que los socialistas. Y es así. Xavier Trias, cediendo ante los delincuentes y deteniendo el derribo del edificio okupado, ha dinamitado su principio de autoridad y ha caído mucho más bajo que cualquier alcalde socialista que haya tenido mi ciudad.

Trias ha actuado de un modo especialmente equivocado, pero en Cataluña, desde la restauración de la democracia, la autoridad nunca ha tenido prestigio ni se ha respetado. Desde hace muchos años, tanto CiU como ERC le han restado valor a la Ley porque creían que así le restaban valor a España; y han cuestionado la legitimidad de la Policía como un ensayo de la desobediencia al Estado. Este caldo de cultivo, y el consiguiente ambiente de permisividad, han propiciado que, por otro lado, Barcelona se haya convertido en la capital de la violencia antisistema, con grupos de descerebrados venidos de las familias más selectas de toda Europa, felices de hallar aquí una tolerancia que no podrían ni soñar en sus ciudades. El debate público catalán se basa mucho más en fiscalizar a los Mossos que en censurar a los salvajes.

No es la primera vez en la historia reciente de Cataluña que cuando el orden y la disciplina se relajan, y las bases tienen la sensación de ser el motor de los acontecimientos, la fantasía de que España nos mande los tanques para sofocar una proclama independentista se convierte en la humillante realidad de que Cataluña tiene que pedirle ayuda al Estado para controlar la batalla campal que se nos ha escapado de las manos.

Ahora CiU y ERC temen que se identifiquen estos altercados con el soberanismo, y que se instale entre los catalanes que la Generalitat es incapaz de controlar sus propias calles. Como explicaba ayer Arcadi, distintos personajes del mundo independentista han pasado del «Espanya ens roba» al «Espanya ens envia infiltrats» para desvincular la violencia del soberanismo y permanecer en la ensoñación de que conseguirán la independencia sin romper la porcelana.

Pero aunque esta violencia okupa no esté motivada por la independencia, sin violencia y sin resistencia seguro que no habrá independencia. Romper un Estado es mucho más grave que desalojar cuatro pocilgas, y si la Generalitat no puede controlar a esta banda de descerebrados, no sé qué hará cuando los españoles se propongan con todo su empeño y toda su fuerza defender la integridad de su país.

El independentismo parece tener una mente de calibre 22 en un mundo 357 Magnum. No me apasionan las metáforas sobre armas, pero ya que vamos de revolucionarios, aprendamos por lo menos a elegir el revólver adecuado. Artur Mas se cree su propaganda buenista y cuando se plantea los retos nunca piensa en el precio. Mientras los Mossos no tienen director, porque en plena crisis ERC forzó su dimisión, los bárbaros avanzan exultantes, alentados por un alcalde que cede ante un par de containers incendiados.

A Cataluña le queda mucho para que su enemigo sea España. De momento todas las batallas las libra, como ésta, contra su propia inconsistencia, y las pierde por goleada. Por eso Rajoy sabe que va a ganar sin hacer nada.

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