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El Rey tomó la decisión en enero y encargó un informe del proceso

EL PAÍS EL PAÍS 03/06/2014 Natalia Junquera

El Rey que pidió perdón, que asumió que su inoportuna cacería en Botsuana, con el país al borde del rescate, exigía un gesto insólito como el de pedir disculpas ante una cámara, ha asumido ahora también que, pese a lo que repitió toda la vida —“los reyes se mueren, no abdican”—, era necesario dejar la primera línea a una nueva generación. Ceder el trono al Príncipe, el mejor valorado de la familia real en las encuestas . Responder al “impulso de renovación, de superación, de corregir errores” que demanda la sociedad más exigente desde el inicio de crisis y que ha obligado a todas las instituciones, también a la Corona, a “hacer autocrítica” y admitir “limitaciones”, como recordó ayer en su mensaje de despedida.

Don Juan Carlos tomó la decisión el día de su 76º cumpleaños, el pasado 5 de enero, víspera de uno de sus días más amargos, cuando, en la Pascua Militar mostró a un Monarca cansado y nervioso con grandes dificultades para leer un discurso de apenas tres folios. No era la imagen que quería dejar y a partir de ese momento recuperó los viajes al extranjero y aumentó su actividad institucional para que el día que comunicase su decisión nadie pensara que se iba obligado, forzado por nada ni por nadie, sino porque así lo había decidido.

Lo habló, en primer lugar, con el Príncipe y la Reina, y después, con el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno y sus dos predecesores. Les encargó un informe político, jurídico y práctico sobre su abdicación y cuando lo tuvo, habló con el Gobierno.

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EL PAÍS

A Rajoy le comunicó su decisión el pasado 31 de marzo, el día que despidió a un amigo, Adolfo Suárez, y con él, una época en la que el país se declaraba juancarlista y las encuestas le sonreían. Ayer quiso reivindicar ese legado, el de la Transición y “la ilusionante tarea nacional que permitió a los ciudadanos elegir a sus legítimos representantes” y convertir España “en una democracia moderna, integrada en Europa”.

A Alfredo Pérez Rubalcaba, con el que siempre ha mantenido el contacto, se lo dijo tres días después que a Rajoy. Y a partir de ahí empezó a trabajar en la abdicación un reducido grupo de La Zarzuela y del Gobierno (la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría). Todo desde aquel 5 de enero estaba dirigido a ese momento, también la recién estrenada cuenta de Twitter, que ya lanzaba el mensaje de un nuevo tiempo.

"Estaba convencido, decidido. Me dijo que era lo mejor para la Corona y para España. No tenía dudas”, asegura a EL PAÍS una de las pocas personas a las que el Rey confió su decisión.

Estaba determinado, pero no fue fácil. Ayer, a las 11 de la mañana, cuando los españoles sabían desde hacía media hora que había abdicado y se sentó ante una cámara para explicarles por qué, a don Juan Carlos le pudo la emoción, según fuentes de La Zarzuela. Hubo que interrumpir la grabación en varias ocasiones porque al Rey se le quebraba la voz al leer uno de los pocos discursos de los muchos que ha pronunciado en su vida que no le habían escrito desde el Gobierno. Su discurso más personal, el de su despedida: “Guardaré siempre a España en lo más hondo de mi corazón”. El Príncipe, recién llegado de El Salvador, estaba con él en el despacho, que pronto hará suyo. Felipe VI, no obstante, seguirá viviendo en su casa actual y don Juan Carlos, en el palacio de la Zarzuela.

Don Juan Carlos quiere ser recordado como “el Rey de todos los españoles”, tal como le había señalado, hace 39 años, su padre. Antes de grabar el vídeo habló con los presidentes del Congreso y del Senado y después, con los de Cataluña, País Vasco y Andalucía, así como con los presidentes del Supremo y del Constitucional y los líderes de UGT, CCOO y CEOE. También llamó a Cayo Lara, que ayer pidió un referéndum sobre la permanencia de la Monarquía.

Con el Príncipe, el Rey llamó a todas las casas reales europeas. Por la tarde le telefoneó el presidente francés, François Hollande, y recibió en La Zarzuela al presidente de la Cámara de Comercio de EE UU. “Nunca os habíais interesado tanto como hoy, ¿eh?”, dijo al enjambre de periodistas, mucho más poblado de lo habitual.
—¿Está triste?
—¿Vosotros cómo me encontráis? En esto hay que responder a la gallega.

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