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El Rey y la vela, una pasión al descubierto

El Mundo El Mundo 02/06/2014 ALBERTO MAS

El Rey Juan Carlos ha marcado el rumbo de la vela en España gracias a su pasión por el mar y la navegación. La obra 'El rey y el mar' (RBA) del periodista Ignacio Gómez-Zarzuela, publicado en 2012, recogía una exhaustiva investigación a través de casi un centenar de entrevistas y una colección de fotografías, la mayoría de éstas inéditas. Este reportaje muestra algunas de estas instantáneas convertidas ya en trozos de la historia del deporte español.

El Príncipe de Asturias ya desvela en el inicio del prólogo del libro que el Rey heredó la vocación por la navegación de su padre, quien anteriormente fue testigo de cómo Alfonso XIII se convertía en uno de los impulsores de la vela deportiva en España.

"No resulta extraño que nuestra familia, a la hora de involucrarnos seriamente en una actividad deportiva con una dimensión también competitiva, escogiéramos la vela", escribe Don Felipe. Y continúa: "El Rey, la Infanta Cristina y yo mismo tuvimos el honor de participar en diversos Juegos Olímpicos (Munich '72, Seúl '88 y Barcelona '92) como integrantes del equipo español de vela compitiendo en diferentes clases de barcos. También entre nosotros, -quiero reconocer-, la vela ha servido siempre para mantener y alimentar un sano y divertido espíritu competitivo 'intrafamiliar'". Queda claro que Don Juan Carlos supo transmitir a sus hijos la pasión por este deporte.

Aprendiendo a amar el mar y la vela

El barco Saltillo, construido en 1932 y propiedad del abogado y alcalde de Portugalete, Pedro Galíndez, fue donde Don Juan Carlos aprendió a amar el mar y a recibir sus primeras clases de navegación, como muestra la imagen superior. El armador acabó ofreciendo este yate de motor y vela de 26,25 metros de eslora a Don Juan para que lo empleara como estimara oportuno, una fórmula similar a la que varios años después emplearon el empresario José Cusí y el Rey con la saga del Bribón.

Pero fue en el crucero de regatas Sirimi (clase Tumlaren), adquirido por Don Juan en 1947, donde el Rey pudo aplicar sus nociones de navegación en competición. Con sólo 11 años, Don Juan Carlos lograba ser el más rápido de su clase en una regata que unía Lisboa con Sesimbra. Desde entonces, el deporte de la vela se tornó en una pasión para el monarca que no haría más que crecer con el paso de los años.

Regatista en los Juegos Olímpicos de Múnich

En 1972, Franco ya había decidido que Don Juan Carlos se quedara con la jefatura de Estado cuando la dictadura echara el telón. Por eso la intención del Rey de acudir a los Juegos Olímpicos de Múnich debía contar en el beneplácito del Caudillo. Aunque en un principio el ya príncipe apostaba por la hípica, el dictador lo desaconsejó por tratarse de un deporte individual. Así, participaría en vela, deporte en el que había conseguido los títulos de campeón de España en 1971 y 1972, en la clase dragón y a bordo del Fortuna.

"El príncipe no tenía mucha experiencia", reconocía el entrenador del equipo olímpico, Ib Andersen. "Pero nos impresionó por su capacidad de concentración; en muy poco tiempo conducía el dragón tan bien o mejor que el mejor patrón de los otros bracos", matiza el danés en el libro.

Ya en aguas de Kiel, partía con cierta desventaja ya que mientras sus rivales habían tenido una preparación de más de dos años. La tripulación del Fortuna, con Don Juan Carlos a la caña, finalizó en decimoquinta posición.

José Cusí, el armador del Rey

Tras la cita olímpica, el heredero al trono se alejó de la vela ligera y apostó por los barcos de crucero. En 1973, el legendario regatista y diseñador Paul Evström concibió dos 'half tonner': Uno para Don Juan Carlos y otro para José Cusí, empresario catalán y empedernido deportista que acabó siendo el armador del Rey durante 40 años y uno de sus amigos más íntimos.

El monarca bautizó su embarcación como Shere Khan (Señor Rey en un dialecto indio), mientras que Cusí eligió un nombre que posteriormente se repetiría en toda su flota de veleros. "Me gustaba Bribón porque es un nombre muy español, muy sagaz y muy de competición. Es pícaro, pero no de ladrón... Lo cierto es que ha traído mucha cola", explica el armador en la obra de Ignacio Gómez-Zarzuela.

El Shere Khan y el Bribón protagonizaron una intensa rivalidad en el campo de regatas, una batalla que ayudó a estimular a otros armadores y empresarios a dar el salto a la vela deportiva.

Pero la entrada de Don Juan Carlos en el Bribón se produjo en el segundo miembro de la saga. Tuvo un estreno curioso poco después de ser proclamado Rey de España. En la Semana Balear de cruceros de 1976 el monarca comenzó las pruebas a bordo de otro velero, pero éste sufrió varios desperfectos y acabó subiendo al barco de Cusí. Y ya no bajaría hasta cuatro décadas después.

Una trayectoria repleta de éxitos

Si el armador catalán pudiera alinear toda la flota que ha reunido en 38 años, obtendría algo más de 198 metros de longitud. Esa es la suma de los 15 barcos que han lucido el nombre del Bribón en su popa. Y en 14 de ellos, el Rey ha sido el patrón y caña.

El equipo Bribón ha sido el rival de referencia en todo el Mediterráneo, el que siempre daba un paso al frente a la hora de apostar por nuevas clases y por nuevos sistemas de competición. Su mera presencia, daba prestigio a la regata por los valores que siempre reunían sus tripulaciones y por su hambre de títulos. Y es que su palmarés difícil de igualar: seis Copa del Rey (1984, 1985, 1993, 1994, 2000 y 2011), dos Sardinia Cup (2000 y 2004), 12 Copas de España y 11 trofeos Conde de Godó.

A lo largo de estos años, Cusí ha contado con 150 tripulantes, entre los que hay 17 timoneles. Todos ellos con valía para navegar, leales y discretos, como exige el armador. La élite de la vela nacional y varios de los mejores regatistas del mundo han trabajado en las cubiertas de este equipo.

Las anécdotas del Rey durante estos años en la vela de alta competición se cuentan por cientos. Cusí relataba una de estas historias curiosas a la agencia Efe cuando anunció que él y Don Juan Carlos se retiraban de los campos de regatas. "Durante una regata con viento muy fuerte con Don Juan Carlos al timón tuvo un pequeño incidente que le produjo una lesión en su mano. Toda la tripulación estaba paralizada. Las maniobras fueron interrumpidas y otros barcos nos superaron rápidamente, hasta que el Rey rompió el silencio diciendo: ¿Qué les pasa,esperan ver salir sangre azul?,¡Ayúdenme, denme una mano, vuelvan a sus puestos y vayamos hacia la llegada!".

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