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El terremoto de México dispara el temor en Los Ángeles

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 24/09/2017 Pablo Ximénez de Sandoval
Estanterías vacías en la tienda SOS Survival Products, el jueves en Los Ángeles. © P. X. S. Estanterías vacías en la tienda SOS Survival Products, el jueves en Los Ángeles.

Habían pasado 48 horas desde el terremoto que asoló el centro de México, las imágenes de edificios cayéndose inundaban las redes, y Kris Hallman decidió llevar a su madre, Sandy Roesch, a renovar todo su equipo de emergencia de terremotos. El jueves por la tarde estaban las dos en la tienda SOS Survival Products, en Van Nuys, al norte de Los Ángeles, con un carrito lleno de linternas, pilas, un martillo y dos kits de supervivencia para dos personas cada uno con agua y comida. Hallman dejaba clara su motivación: “Este es uno de esos sitios donde vienes de vez en cuando y no te decides a comprar nada. Hasta lo de México”.

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No eran las únicas, claro. Familias recorrían los pasillos en busca de radios, purificadores de agua, raciones de comida militares y todo lo imaginable para sobrevivir unos días en un escenario de pesadilla, el que se producirá en partes de Los Ángeles con toda seguridad cuando haya un gran terremoto. No se trata de si lo va a haber, sino de cuándo. El terremoto de 7.8 que ha provocado ya casi 300 víctimas desde el martes y ha conmocionado al mundo ha sido un vívido recordatorio de que en el sur de California va a pasar algo parecido, sí o sí. Es algo con lo que se vive, como si fuera una cuenta pendiente.

Hallman y su madre son del valle de San Fernando de toda la vida. Ellas vivieron el último gran terremoto de Los Ángeles, en enero de 1994 en Northridge, una población del valle. Fue de 6.7, destruyó edificios de apartamentos y tiró autopistas. Murieron alrededor de 60 personas y la ciudad estuvo colapsada durante días. “Perdimos todo. Vivimos fuera de casa durante una semana”.

Jeff Edelstein es el fundador y dueño de SOS Survival Products. Empezó hace 29 años con un amigo, tras el terremoto de Loma Prieta (octubre de 1989, magnitud 6.9) que afectó a San Francisco. Hoy vende por Internet sus propios kits de supervivencia, diseñados por él, a todo el país. Y no da abasto. No ha sido solo México, sino ver por televisión la situación en Texas y Florida tras los huracanes Harvey e Irma, respectivamente, le ha multiplicado los pedidos. Cuando se le pregunta cuánto, se mesa el pelo y sacude la cabeza, sin dar una cifra. El aluvión es menos, sin embargo, que en los días posteriores a Northridge, cuando se formaron colas por la calle.

Kris Hallman y Sandy Roesch muestran sus compras de equipos de supervivencia, el jueves en Los Ángeles.P. X. S.

El jueves, las estanterías donde coloca los kits de supervivencia estaban vacías y tenía que explicar a los clientes que no le daba tiempo a preparar más. Son mochilas con agua, comida, luz, equipo de primeros auxilios, etc., para aguantar tres días a la intemperie. Las hay individuales, para dos, cuatro y cinco personas, con precios entre 50 y 200 dólares. “Normalmente tenemos de todo”, se excusaba Edelstein. “Tengo un equipo haciendo kits seis días a la semana y no dan abasto. Nos hemos quedado sin radios y tardarán de una a dos semanas”. Afirma que lo que más se demanda son, además de las mochilas, los barriles para acumular agua. Personalmente, él tiene agua y comida enlatada en su casa para un mes.

La página web California Earthquake Authority (CEA) es una de las principales referencias en el Estado para encontrar información sobre preparación para terremotos, seguros y refuerzo de casas. “Hemos visto un incremento dramático de llamadas y visitas”, asegura Sarah Sol, portavoz de CEA. Desde el martes, el volumen de llamadas diario se ha duplicado. El miércoles, las entradas de usuarios registrados a la web fueron un 376% más que un miércoles normal. Desde buscadores, el tráfico aumentó un 1.000%.

El jueves de esta semana, el supervisor del servicio 311, el teléfono de información general del Ayuntamiento, tuvo que enviar un email a todo el personal explicando cómo atender a los ciudadanos que pedían información sobre ayuda para prevención de terremotos. La llamada típica al 311 es para pedir recogida de muebles, pero desde el martes llama mucha gente preguntando si su casa está en riesgo y qué puede hacer. La respuesta: el departamento de Vivienda y Construcción tiene un informe que detalla todos los edificios en riesgo de la ciudad.

Un coche aplastado por una autopista derrumbada en el terremoto de Northridge, Los Ángeles, el 17 de enero de 1994.REUTERS

El Ayuntamiento de Los Ángeles inició en 2014 el programa de reforma de viviendas más ambicioso en la historia de la ciudad para reforzar los edificios antiguos con más riesgo de caer en un gran terremoto. La página EarthquakeBraceBolt.com, una web donde se pueden encontrar ingenieros y equipos para reformas antiterremotos en casa y además acceder a ayudas para pagar la obra, vio aumentar su tráfico un 40% después del terremoto de Chiapas del 8 de septiembre. El miércoles y jueves de esta semana, el volumen de llamadas ha sido el doble que un día normal.

Hay también factores locales que han contribuido al nerviosismo en Los Ángeles. El lunes, un temblor de 3.6 despertó a la zona de Brentwood, en las colinas de Beverly Hills. Temblores como este son habituales, pero no en zonas pobladas. Existe la creencia de que los grandes terremotos de México pueden contagiar la falla de San Andrés y provocar que se mueva. La buena noticia es que la gran falla de California está desconectada de México y no le afecta lo que pase en el sur. La mala es que, según los científicos, tiene energía acumulada para provocar un gran terremoto de al menos 6.7, en cualquier momento entre el final de este párrafo y los próximos 30 años. Todo el mundo lo sabe en Los Ángeles, pero como decía la señora Hallman, lo vas dejando. De la manera más trágica, la capital de México ha obligado a la capital de la emigración mexicana a hacer el ejercicio de ponerse en lo peor.

Advertencias a la comunidad latina: California es distinto

P. X. S.

La casualidad quiso que el Consulado General de México en Los Ángeles hubiera organizado una conferencia sobre preparación contra terremotos, precisamente, el miércoles 20, al día siguiente de la tragedia en el centro del país. El salón de actos de la legación diplomática estaba a rebosar para escuchar a Jean Paul Ampuero, investigador del departamento de Sismología del Instituto Tecnológico de California (Caltech). Ampuero explicó las diferencias entre un terremoto en Latinoamérica y uno en el sur de California. Su objetivo es “llegar a la comunidad latina para que se prepare de forma más efectiva contra los terremotos”.

California tiene millones de inmigrantes de México, Centroamérica y el Pacífico sudamericano que creen que saben de terremotos. Eso es peligroso, porque un terremoto en Los Ángeles no se va a parecer a lo que ya conocen. Hay varias diferencias, explicó Ampuero, que es peruano. Primero, la alerta es prácticamente inexistente. En el Pacífico latinoamericano, las grandes fallas están en el mar, y cuando comienza un terremoto suele haber unos segundos de aviso. En el sur de California, las fallas están en tierra, literalmente debajo de las ciudades. No habrá esos segundos de aviso. Cuando la tierra tiembla, no hay margen de maniobra. Por esto mismo también, en California no se produce tsunami después de un terremoto, mientras en el resto del Pacífico americano sí existe ese riesgo.

Otra diferencia, explica Ampuero, es el tipo de construcción. Los edificios de varias plantas de cemento que se han derrumbado en Ciudad de México no existen en Los Ángeles. La construcción típica de California es una casa de madera, de uno o dos pisos. Son casas ligeras. Es decir, el riesgo de que se te caiga la casa encima es mucho menor. Sin embargo, el riesgo de incendios después del terremoto es mayor. Hay que estar más preparado para cortar el gas o apagar un incendio que para salir de casa.

Además, “hay que estar preparado para quedarse sin servicios básicos”. Todos los servicios llegan a Los Ángeles por canales que cruzan una o varias veces la falla de San Andrés, la gran falla que amenaza con un gran terremoto más o menos cada 150 años. El escenario de un terremoto en esa falla pueden ser días sin agua, luz ni gas. Para cualquiera que crea que ha vivido lo peor que puede pasar en California, Ampuero recordó: “Northridge no se considera un terremoto grande”.

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