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El Thyssen mitifica el arte pop

EL PAÍS EL PAÍS 07/06/2014 Ángeles García

El pop es un arte “popular, efímero, prescindible, barato, producido en serie, joven, ingenioso, sexy, divertido, glamuroso y un gran negocio”. La perfecta definición del movimiento más conocido de todos los tiempos fue hecha por Richard Hamilton, uno de sus precursores y el primero en introducir el término en una obra. Fue en su conocido collageJust what was it that made yesterday's homes so different, so appealing? (1956). La obra muestra a un culturista que sujeta un enorme chupa-chup, con la palabra pop (un fragmento de la marca de caramelos American Tootsie Roll Pop). El hombre está rodeado de los objetos que garantizaban una vida de consumo placentera (televisor, aspiradora, magnetofón...). Una versión de esta histórica pieza de Hamilton, fechada en 1992, sirve de arranque de la exposición Mitos delpop, que el martes se abre al público en la Fundación Thyssen.

Comisariada por Paloma Alarcó, es una muestra que enlaza con el final de la colección del museo y trata de desmenuzar el movimiento a partir de un centenar de obras prestadas por decenas de instituciones internacionales y nacionales. Están todos los grandes nombres profusamente representados: Warhol, Lichtenstein, Hockney, Richter o Claes Oldenburg, junto a los españoles que participaron en él: Arroyo, Genovés, Equipo Crónica, Equipo Realidad, Gordillo o Darío Villalba.

Ya desde el exterior del edificio se aprecia el carácter colorista y amable del movimiento con un luminoso en el que está escrita la palabra POP, en amarillo sobre fondo gris. Dentro, dos piezas de Andy Warhol dan una pista de lo que le espera al visitante. Son las 10 serigrafías repletas de deslumbrante colorido (Flowers, 1970) y Detalle de pintura renacentista (1984). Vienen luego los orígenes (collage, publicidad, cómic), los emblemas (latas de sopa, Coca-Cola, sellos), los mitos (Marilyn, Jackie, Mao, Brando, los Beatles), los retratos de los artistas (Andy Warhol, David Hockney), paisajes y naturalezas muertas, pinturas de historia, erotismo urbano y arte sobre arte.

Paloma Alarcó ha preferido dividir la exposición en temas, en lugar de por orden cronológico. Ha optado por recrear un movimiento que tiene sus raíces en Inglaterra, pero que crece y se desarrolla plenamente en Estados Unidos. “Es un arte”, explica la comisaria, “que quiere ser entendido por todo el mundo. No es elitista ni retorcido. Da la espalda a todo lo que signifique abstracción. Un arte rompedor que mira a toda la historia de la pintura, aunque se inspira en la publicidad, en el cine y en el cómic”.

Es la peculiar crónica de unos años en los que los medios de comunicación inundan a los ciudadanos con marcas y productos que se repiten una y otra vez. Esos anuncios son asumidos como propios por los artistas. Desde las famosas dianas de Jasper Johns y Peter Blake hasta las marcas comerciales adquiribles en los supermercados, como hizo Andy de Warhol.

Reconoce Alarcó que los seguidores de Mad men tienen en esta exposición un doble aliciente porque está todo el colorido, el ambiente y la escenografía que con tanta precisión reproduce la serie televisiva. Los personajes de Disney, Hollywood y del mercado se mueven a la perfección con la familia de Don Draper y los ejecutivos de Madison Avenue.

“Es un tipo de obra que sigue totalmente vivo”, prosigue Alarcó, “tal como lo demuestran los precios que estos artistas logran en las subastas y las muchas exposiciones y libros que se siguen produciendo. Su vigencia es mundial”.

Pese a ese interés y a las iniciativas dedicadas a estudiar partes del movimiento, desde 1992 no se organizaba una exposición tan importante como esta. “No falta ninguna pieza esencial”, asegura Alarcó. “Si no se ha podido traer una pieza muy concreta ha venido algo similar. Si tuviera que señalar algún vacío, diría que hubiera querido tener a Claes Oldenburg mejor representado. Solo hay dos piezas, y su papel es muy importante”.

¿Es posible descubrir a estas alturas nuevos aspectos del pop? Paloma Alarcó cree que sí. “Me gustaría acabar con las dudas de quienes creen que es un movimiento banal repleto de oportunistas. No fue así. Casi ningún artista de aquellos años se sustrajo a su atractivo, aunque luego siguieran por otros derroteros. Fue un movimiento intelectualmente potente y estéticamente muy atractivo”.

Respecto a cómo los artistas españoles lo reinterpretaron, la comisaria lo resume en una palabra: intensidad. “En Estados Unidos se trata de dulcificar una forma de vida, dar una versión atractiva de la realidad, aunque veamos una inmensa tristeza en los ojos de las mujeres de las viñetas que pinta Roy Lichtenstein. Pensemos en Vicky (1964) o La mujer en el baño (1963). Los artistas pop españoles están muy politizados, no hay superficialidad en su obra. El abrazo (1976), de Juan Genovés o Caín y Abel (1967), del Equipo Realidad, son obras cargadas de denuncia política”.

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