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Eloy Arribas

Notodo Notodo 04/05/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "Eloy Arribas" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Eloy Arribas"

"Fracasa otra vez, fracasa mejor" reza el epitafio de Malcolm McLaren, productor y mánager de los Sex Pistols, y que, en mi humilde opinión, define muy bien ese continuo resurgimiento del punk, ese invento destinado al mismo tiempo a la inmortalidad y al fracaso. El punk implica una carencia de pasado y de futuro y nos remite constantemente a un presente sin horizontes ni memoria mediante un vitalismo y un hedonismo que son los elementos que caracterizan la frescura del artista Eloy Arribas. El vallisoletano se sitúa a medio camino entre el street art y el trabajo pictórico y en esta ocasión propone una “bonita demolición” de la estética, la moral y los escenarios efímeros e irreales de nuestra existencia.



Su oda al presente perpetuo engloba tanto lo pictórico como lo existencial. La pintura no implica una planificación sino un proceso que genera diálogos entre artista y lienzo. De este modo se desvincula del arte conceptual contemporáneo y sus continuas normas. Nuestra vida no tiene sentido, es una ficción y dura un instante; es precisamente ese instante del que se apodera Arribas para explorar esa artificiosa apariencia que domina el mundo. El vitalismo y nihilismo nietzscheanos, Debord, Bukowski o el movimiento dadá son las influencias con las que nos traslada a un ambiente festivo e interminable, un ciclo de fiesta, mañaneo y muerte, un vivir el momento que no se estanca en la nostalgia (a pesar de que el punk es nostálgico y a todas luces más reivindicativo) y nos ¿impide? la caída en el pozo de la mediocridad.

Seguimos viviendo un potente hastío a nivel político y vital, y eso se nota. El hedonismo no es solo una huida, es también un recordatorio del momento y el lugar que nos ha tocado vivir. Por eso en medio de la oscuridad Arribas hace resplandecer las luces y los colores provocando un efímero goce estético que nos recuerda quiénes somos pero no nos interroga sobre de dónde venimos ni a dónde vamos, contextualizándose en una sociedad urbanita. Juventud, frescura, una cierta violencia visual y una permanente anarquía como garantes de libertad son elementos que también se infiltran en su obra y desembocan finalmente en un estilo naif a lo Basquiat. Un arte pop con actitud punk que entusiasmaría a Warhol si levantara la cabeza.













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