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En busca del tiempo perdido

El Mundo El Mundo 15/06/2014 MANUEL JABOIS
© Proporcionado por elmundo.es

Unos días antes del partido, con el pecho inflado, Wilson Palacios, mediocentro de Honduras, avisó a Francia a la manera de Muhammad Ali: "Correrán la misma suerte que Inglaterra", dijo en referencia al amistoso entre su selección y la de Rooney. No es que les prometiese una gran paliza, pues el partido había acabado a cero, pero que Honduras amenazase con un empate era un buen órdago.

El caso es que al menos iba a acabar así la primera parte si no se empeñase el propio Wilson Palacios en desbaratarlo. Recibió Pogba un balón franco en el área, que todavía tenía que controlar, y el buen Wilson fue hacia él y le clavó el hombro. Fue un empujón de discoteca, y el árbitro, que se le vio ducho en los códigos de la noche, pitó penalti. Como Palacios también tenía una amarilla, se fue a la calle. Lo que le mató a ojos de la justicia fue la cara de premeditación que llevaba cuando fue a por Pogba. Son cargas ésas que pasan por legales si se hacen con cara de tonto. Palacios puso cara de malvado. Aunque no le hubiese tocado merecía ir a la ducha.

Así se terminó el cuento de amor de Noel Valladares, portero hondureño, con sus postes. Había achicado hasta entonces el agua que entraba por las vías de las bandas francesas. Ratonero Valbuena, hozando el campo por la derecha, parecía a ratos un topo fuera de ámbito; tan extravagante que siempre se marchaba de su defensa, al que parecía colársele entre las piernas. Por la izquierda, además de Griezmann, se dejaba caer a ratos un jugador de patas fascinantes, Matuidi. Blaise Matuidi, que parece una modelo, forma con Cabaye y Pogba un centro del campo de fantasía: tres negros imponentes, de despliegue militar napoleónico, con gusto por la pelota y zancada de flamenco. Pocos espectáculos mejores que un equipo sostenido en el eje por el concepto elástico que propone Francia en Brasil: parece que en lugar de mover las líneas mueven directamente el campo.

Honduras, que había prometido agresividad, presión y una contenida violencia ("uruguayos, argentinos e ingleses también juegan pesado", lamentaron) se topó con que Evra la birlaba la cartera: la primera amarilla para él. Que fuese Francia y no ellos los primeros en ganarse la sanción del árbitro les despistó. Reaccionó Palacios y luego, a lo loco, se enzarzó con Pogba con una golpiza salvatrucha de trasteo sin balón de por medio que salvó el hondureño y en cierta medida el francés, castigado con amarilla. En cuanto Deschamps vio el partido clausurado sacó al niño y lo llevó a la ducha a que se diese unas sales.

Cómoda segunda mitad

Monotonía de campiña francesa en la segunda parte. Benzema rajó la portería de izquierda a derecha con tanta simetría que el balón casi no entra: tuvo que ir el ojo de halcón a empujarlo dentro. Fue un remate a una pelota cazada por los aires como un águila, muy de la querencia de Karim Benzema, que se presentó al partido con barba madura de protagonista de una de esas películas iraníes que nadie ve y todos imitamos de forma involuntaria, hasta los propios directores de esas películas, rodando a partir de un recuerdo que no existe.

Más o menos eso también resume el estado de Francia: formateado el efecto del 98, del que no se levantó en 16 años, ahora se construye a partir de cero, de una impresión posterior fabricada ad hoc de tal forma que los replicantes no tengan consciencia de que existió realmente. Francia hoy juega, empuja y agarra como lo hizo en 1998; o sea, como si fuesen vísperas de Bastilla. Claro que era Honduras. Hasta Josefina, que al subir al cadalso tropezó con su verdugo y le dijo "Pardonnez-moi, monsieur", ofreció más resistencia.

El Grupo E es un caramelito para los jugadores de Deschamps, que llevaban sin ganar un primer partido desde su Mundial. Ahora tendrán a Suiza y a Ecuador. Se desconoce como está la cosa entre los franceses y las cuentas B, pero a priori no debería haber dificultades en derrotar a los de la paz y el reloj de cuco sin esperar vendettas raras. Lo necesitaba Francia para volver a la primera línea mundial de la que salió estrepitosamente. Este grupo blandito también puede actuar como espejismo con retorno: el que sus grandes rivales piensen que con esos chollos, cualquiera. Mientras tanto, van guardando goles como Vallejo días: para cuando no hayan.

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