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En defensa de las clases de música

EL PAÍS EL PAÍS 06/06/2014 Ivanna Vallespín

Poco antes de las 11 de la mañana, unos 300 alumnos de la escuela Martí i Pol de Sabadell de hasta cuarto de primaria empiezan a salir al patio y se sientan formando un semicírculo. Algunos de ellos sostienen unas cartulinas donde se lee ‘Dóna la nota’ (Da la nota). Cuando la profesora da la orden, empiezan a cantar las primeras estrofas de la canción Mirall de Pau. Igual que ellos, miles de alumnos de decenas de escuelas catalanas -150.000 niños de 500 centros educativos según los organizadores- han entonado simultáneamente la canción, escrita por David Melgar, director del Campo de Aprendizaje Pau Casals. Esta entidad ha sido la impulsora de esta iniciativa que busca reivindicar el papel de la asignatura de música. El acto central de la iniciativa se ha celebrado en El Vendrell, ante la casa-museo de Pau Casals.

La aprobación de la Ley Orgánica de la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) -que empieza a implantarse en septiembre en primero, tercero y quinto de primaria- hizo saltar todas las alarmas entre los profesores de música, especialmente, pero también en los centros, ya que esta materia pasa a quedar clasificada en el grupo de "asignaturas específicas". Estas se cursarán “en función de la regulación y de la programación de la oferta educativa que establezca cada Administración educativa y, en su caso, de la oferta de los centros docentes”, consta en la Lomce. Es decir, que una Comunidad o una escuela puede optar por no ofertarla, ya que de la lista de ocho asignaturas específicas se deben elegir entre una y cuatro materias.

Antes de arrancar con la canción, los alumnos de cuarto de primaria del Martí i Pol han leído un manifiesto en que defienden la universalidad de la música porque “nos da alegría en los malos momentos, nos hace sonreír e incluso rebelarnos ante las injusticias”. “Lo que más me gusta es cantar y tocar el piano. Cuando estoy nervioso me relaja ponerme a tocar”, explica Joan, de ocho años. Su compañera Ariadna añade que lo más le gusta es cantar y tocar el tamboril. “¡El año que viene tocaremos la flauta tengo muchas ganas!”. Rápidamente se monta un corrillo de alumnos y todos explican lo bien que se lo pasan en clase de música. Carla, una alumna confiesa que toca el violín y, a su lado, Laia prefiere cantar. “Y lo hace muy bien”, apostilla una tercera compañera.

“La música es muy importante. Todo lo que aprendemos con alegría lo recordamos para siempre”, defienden desde la dirección de la escuela Martí i Pol. Aquí los alumnos cursan semanalmente una hora de música y una de danza y de momento no tienen planes de cambiar el horario el próximo curso. De hecho, la consejera de Enseñanza, Irene Rigau, ya ha dejado claro en alguna ocasión que sí ofertará estos estudios. De hecho, ha mostrado su apoyo a la iniciativa uniéndose en la cantada de los alumnos de la escuela Pompeu Fabra, en el Pont de Vilomara (Bages), que ha visitado esta mañana.

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