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En defensa de Raimon

EL PAÍS EL PAÍS 10/05/2014 Ferran Bono

Las recientes manifestaciones del cantante Raimon han generado un sinfín de reacciones en Cataluña. La mayor parte se ha centrado en las dudas que expresó sobre el proceso soberanista y sobre su negativa a declararse independentista. Pero una de sus principales argumentaciones ha pasado más desapercibida. “Yo soy valenciano. ¿Qué repercusiones podría tener la independencia de Cataluña en el País Valenciano? El anticatalanismo crecería todavía más”, sostuvo el cantante de Xàtiva. Raimon ponía sobre la mesa la siempre delicada cuestión de la relación entre los diferentes territorios del ámbito lingüístico catalán en España (Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares). Y abría un interrogante: ¿La independencia perjudicaría esos vínculos en un mercado cultural e idiomático limitado cuyo epicentro es Barcelona?

Destacados profesionales valencianos de la cultura consultados por este diario, que trabajan en la lengua cooficial, coinciden en defender el derecho de Raimon a expresar su opinión y a criticar las reacciones desaforadas y coercitivas. Luego, las opiniones varían. “Entiendo muy bien lo que dice Raimon, al margen de mi posición sobre la independencia. Y efectivamente creo que los valencianos quedaremos aún más descolgados de Cataluña. Si bien es cierto que contar con un Estado favorecerá mucho a la lengua catalana, también lo es que la frontera será más dura y la distancia entre valencianos y catalanes mucho mayor”, apunta Martí Domínguez, autor de El retorn de Voltaire y ganador de premios literarios valencianos como el Octubre o catalanes como el Josep Pla. “En la reciente Fira del Llibre de València costaba mucho encontrar un libro de la editorial Proa, por ejemplo. Cataluña piensa sólo en su mercado y muy poco en el valenciano. Y sin duda se radicalizará el anticatalanismo en Valencia: "se asociará aún más la cultura valenciana con una posición ideológica y eso irá en perjuicio del uso natural del idioma”.

Las novelas de Ferran Torrent han copado las listas de los libros más vendidos de las letras catalanas escribiendo en la variante valenciana. Fue uno de los primeros en romper con las centralistas reticencias del lector y de las editoriales barcelonesas a un estándar de la lengua que no fuera el suyo, el Oriental, sino el Occidental (que se habla en Lleida y en la Comunidad Valenciana). El autor de Societat limitada no quiere pronunciarse sobre futuribles. “Es difícil saber qué pasará en el hipotético caso de la independencia. Pero así, con toda mi ingenuidad y prudencia, ¿qué podría pasar? De entrada, no veo ningún problema. Yo podría publicar en Cataluña, como un argentino lo hace en Madrid, por ejemplo. Tampoco tiene problemas un andorrano ahora. No cambiará mucho y creo que hay cuestiones que preocupan más a la gente, como encontrar trabajo a su hijo, que el anticatalanismo. Además, Cataluña y la Comunidad Valenciana cuentan cada uno con su ente normativo propio”, señala Torrent.

El escritor Josep Palmero es vicepresidente de la Acadèmia Valenciana de la Llengua que ha resistido las coerciones del Gobierno valenciano. Pretendía que el ente normativo creado para sacar el conflicto lingüístico de la agenda política modificase su definición de valenciano, como la lengua románica hablada en la Comunidad Valenciana, que en otros territorios recibe el nombre de catalán. Deja claro que habla a título personal: “El escenario de una Cataluña independiente es improbable, pero si lo fuera, las relaciones entre catalanes y valencianos, que no son tantas como deberían, serían prácticamente las mismas ahora que con una frontera en Vinaròs. En cualquier caso, para algunos catalanes, nosotros no dejamos de ser una especie de sur siciliano”.

Si hay una plataforma cívica con capacidad para aglutinar a decenas de miles de personas en defensa del valenciano y su enseñanza es Escola Valenciana. Su presidente Vicent Moreno, se muestra cauteloso: “Estamos de acuerdo con algunas de las opiniones con Raimon, con el que tenemos una relación de buena colaboración. También pensamos que cualquier pueblo tiene el derecho a la autodeterminación y por tanto, el pueblo catalán lo tiene y respetamos cualquier decisión. Confiamos también en tener una buena relación en contextos diferentes”.

El director de Bromera, Josep Gregori, conoce bien el paisaje que se divisa desde el Euromed, el tren que une Valencia y Barcelona, y las cuitas culturales que se cocinan entre ambas ciudades. Sostiene que el proceso independentista ya “está afectando” a la Comunidad Valencia por la instrumentalización que hace la Generalitat valenciana, gobernada por el PP, para correr “una cortina de humo” sobre sus múltiples problemas. Es una “excusa irresistible” para agitar el anticatalanismo y el espantajo de los Països Catalans, como se ha visto en la reciente proposición no de ley del mayoritario grupo popular en las Cortes Valencianas contraria a una resolución del Parlamento catalán que aludía a los Països Catalans como una realidad cultural, lingüística e histórica. Gregori entiende “el deseo de los catalanes de al menos decidir sobre su futuro”. Y apunta la posibilidad de que el respaldo de un Estado permita abrir mercado a las industrias culturales, pero todo está por ver. “Ninguno puede pensar en una Cataluña aislada de Europa”, razona, al tiempo que recuerda que los “vínculos culturales entre Cataluña y Valencia nunca han sido normales”.

Joan Francesc Mira es uno de los escritores más respetados de las letras catalanas y Premio Nacional de Traducción. Preside también Acció Cultural del País Valencià, la entidad que instaló (y ha tenido que cerrar) los repetidores que emitían TV-3 en la Comunidad Valenciana. “¿Qué repercusiones tendría la independencia de Cataluña en el País Valenciano? Ninguno puede saberlo. Uno se puede hacer una imagen, pero son especulaciones y ahora estamos en pleno proceso político”, comenta. “La idea que expresa Raimon es perfectamente sostenible y razonable. Puede tener sus reservas y expresarlas, faltaría más. Ahora bien, la polémica generada por sus palabras es injusta y fuera de lugar”, y concluye: “Lamentablemente, una minoría gritona siempre se hace oír más”.

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