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Energía entre dos revoluciones

Logotipo de El Mundo El Mundo 26/09/2017 ALBERTO IGLESIAS FRAGA

El sector energético es el pilar de toda la economía moderna (y, por qué no decirlo, de la civilización misma). Y como base de todo lo que vemos y usamos hoy en día, no es una industria precisamente ajena a la innovación desde su propia concepción. De los primeros motores de vapor hasta las actuales explotaciones solares o eólicas, pasando por redes de distribución que han cubierto todo el planeta, y llegando hasta contadores inteligentes en cada hogar y fábrica: todo lo que rodea a la energía es auténticamente electrizante.

Y nuestros tiempos no son una excepción a esta trayectoria hacia la eficiencia, calidad y sostenibilidad del sistema energético. «Vivimos dos grandes revoluciones paralelas», explica Ignacio Madrid, director de Everis Energía. «Por un lado, la de la transformación digital y la llegada de las nuevas tecnologías como big data, analítica, nube o el Internet de las Cosas. Pero también estamos afrontando la llegada de otras innovaciones, propias del sector energético». Y ahí es donde se abre el abanico mágico de nunca acabar: sistemas para la mejora de los niveles de eficiencia en las células fotovoltaicas, la llegada del grafeno y otros materiales de nuevo cuño en cosas tan variopintas como evitar hacer perforaciones en el suelo o proteger las palas de los aerogeneradores, tecnologías que permiten la producción distribuida... y un largo etcétera. Por no hablar de la sustitución del plomo por el litio y el estanio en el almacenamiento de electricidad, haciendo de verdad asequible esta posibilidad. Un campo en el que ya estamos comenzando a ver también los primeros motores de inercia, guardando energía física por primera vez.

© Proporcionado por elmundo.es

«La combinación de ambas tendencias, las propias del sector y las transversales, es la gran revolución», indica el experto, quien admite, no obstante, que todavía se está haciendo más foco en la digitalización general que en la profunda disrupción de su industria. «Por ahora las empresas energéticas se han orientado a mejorar la eficiencia y reducir costes, no tanto a crear nuevos modelos de negocio.Por eso las grandes apuestas siguen siendo cosas como los contadores inteligentes o la automatización de las redes».

¿Por qué todavía no se ha hecho una aproximación seria a ese segundo horizonte de cambio, el que afecta en sí a las infraestructuras de energía, en cambiar la esencia misma de una industria que no ha variado en más de 80 años? «Las compañías están muy centradas en el do it yourself, en hacerlo todo ellos mismos, porque tienen esa capacidad de diseñar y fabricar sus propios sistemas. Llevan haciendo lo mismo desde hace ocho décadas: en su momento, las eléctricas eran al principio como las start ups de ahora, llevando electricidad a todos los pueblos de España en los años 30, luego su modelo de negocio ha consistido básicamente en montar infraestructura y meter cable para abastecer a cuanta más gente mejor. A finales de los 80 se llegó al tope y, a partir de ahí, el modelo fue el de buscar la eficiencia», según Madrid. «Ahora el nuevo modelo de negocio que está llegando -con la producción distribuida y el almacenamiento- está obligando a replantearse sus capacidades, a abrirse a nuevos agentes y a innovar de otra manera».

DE OFERTA Y DEMANDA

En todo este juego de vatios, voltios y amperios, hay otra transformación subyacente que promete cambiar una importante parte de la concepción que tenemos de la energía: el traspaso de la responsabilidad sobre la sostenibilidad del sistema desde las productoras al propio consumidor, al ciudadano de a pie.

«Con tecnologías como la gestión activa de la demanda, podemos hacer que los edificios puedan conectarse entre sí, dejando de consumir electricidad en determinados momentos, reduciendo de este modo la necesidad de infraestructuras por parte de las operadoras», explica el ejecutivo de Everis. «Cuando dimensionamos un despliegue es siempre para el escenario más desfavorable.Ahora, en lugar de tirar solo de la variable de disponer de muchas infraestructuras, también podemos contar con la participación ciudadana». En países comoSuecia o Holanda, añade, ya se están llevando a cabo políticas en favor de estos edificios inteligentes ante los problemas que tienen para colocar más subestaciones o producir más electricidad. «Es beneficioso mutuamente. Si a eso le unimos las smart grids, la flexibilidad que obtenemos es enorme, porque añadimos más variables a la ecuación y podemos adaptarnos mejor a los picos de demanda y a los momentos de menor consumo». Pero para eso necesitamos un cambio no sólo tecnológico, sino también de mentalidad: «Hoy en día, en sólo el 15% de los edificios inteligentes se ha cambiado su configuración».

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