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Enrique Ponce: 'Si yo fuera mi mujer, tampoco iría a verme torear'

El Mundo El Mundo 02/06/2014 elmundo.es

Cuando a uno le hacen un homenaje es hora de replantearse si se ha hecho mayor. Excesivamente mayor. Eso por el lado malo, que siempre y por naturaleza, nos ponemos en lo peor, pero aunque cueste, hay que pensar en lo bueno. Y lo bueno es que los homenajes no se los dan a cualquiera. Los recibe quien es especial. Quien ha significado hago muy importante. Quien ha marcado un antes y un después en su oficio y recordar sus momentos clave supone subrayar que sin el homenajeado no habría sido lo mismo. En este caso, la Fiesta Nacional, aunque cada vez lo sea menos o incluso, los trajes de luces, que un bordado específico lleva su nombre, el Ponce.

Se trata del torero de Chiva, Enrique Ponce. Un hombre con más de 2000 corridas a sus espaldas, con el que faltan dedos para contar las levantás a hombros y las salidas por la Puerta Grande, especialista en los naturales, del toreo clásico, pero revolucionario en el vestir. En el Tendido 11 de la Plaza de Toros de las Ventas se pueden recorrer sus 25 años de carrera delante de un astado a través de sus chaquetillas, monteras y taleguillas como el vestido goyesco diseñado por Lorenzo Caprile que usó para conmemorar en Ronda la corrida 2000 de su carrera.

Pero también hay otros, todos emblemáticos: el blanco y plata de su debut en público (1986); el de su presentación con caballos (1988); el de su alternativa (1990); los de sus tres Puertas Grandes en Las Ventas (1992, 1997 y 2002); el de la tarde de los seis toros en Madrid (1992); el de la Puerta del Príncipe de Sevilla (1999) y el que lució en México celebrar sus 20 años de matador... Ya lleva un cuarto de siglo, y mal que le pese a su mujer, Paloma Cuevas, lo de pensar en dejarlo está cerca, sí, pero cada mañana, confiesa que se convence así mismo diciendo: "ya lo dejaré otro día".

Se dice pronto... 25 temporadas consecutivas es un número redondo, sí. y en el toreo 25 años consecutivos no es moco de pavo, no ¿Cómo es el balance? Muy positivo, ¿qué te voy a decir? En todos estos años he tenido la suerte de poder triunfar en todas las plazas del mundo, poder sentir el respeto y el cariño de la afición, de los profesionales del toro, no puedo pedir más. A veces, cuando pido a Dios que salga todo bien, le digo: Ay si sé que no te puedo pedir más. Son muchos años, muchas corridas, más de 2000 corridas. Y gracias a Dios muchas cosas más buenas que malas. Que esta es una profesión dura. Como que te juegas la vida... Te juegas la vida todos los días y hay veces que el toro te coge y te hiere. ¿Cómo estás de la cogida de Valencia? Estoy muy bien. Ha sido una recuperación muy rápida. No me esperaba que pudiera estar bien para reaparecer en Sevilla y luego vine aquí, a Madrid. Fue una rehabilitación dura porque la clavícula rota es lo que menos guerra me ha dado. La operación fue un éxito. Me operó el doctor Villamar y recuperé enseguida la movilidad del brazo, pero la cornada fue más complicada. Me costaba estirarlo, se lesionó el nervio braquial, los dolores eran fuertes porque el pitón entró por la axila y pasó por debajo de la clavícula que no se me rompió hasta el cuello. Me destrozó a pasar por ahí. No obstante, es una cornada de la que gracias a Dios me he recuperado muy bien, pero que podía haber sido mortal. Cornadas así te hacen pensar: oye, quizás es el momento... No cabe duda que la retirada está cada vez más cerca. Es normal. Tras 25 años es lógico, pero ahora mismo no pienso en eso. Pienso en la temporada que tengo por delante. Que empezó dura con esa cogida pero tanto en Sevilla, como en Jerez y Madrid donde he reaparecido, han sido de triunfo, me he encontrado muy bien. Va a ser una bonita temporada. Pero pensarlo, lo piensas Lo tienes ahí. No te lo planteas seriamente, pero de vez en cuando lo piensas. A ver si es que te da más miedo el día en que las luces del traje se apaguen a un toro. Un toro da más miedo, te lo puedo asegurar. Y a ese día no te tengo miedo porque tengo muchas cosas que llenan mi vida. Empezando por mi mujer y mis hijas. No me da miedo decir adiós. Es verdad que torear lo he hecho toda mi vida. Que ser torero es una forma de vida. Por eso, aunque deje los ruedos, siempre me sentiré torero. Un día, sí tendré que hacerlo. Ése será el más feliz en la vida de mi mujer. Imagino que con el revolcón de Valencia, te habrán dado un toque. Ha habido un toque. (risas) Claro que lo ha habido. Imagínate. Ha ido muy a la contra mía. Paloma lo lleva... Mal. Tantos años es normal. Y cada vez lo pasa peor y ahora con las dos niñas.... Soy consciente también de eso. No soy un egoísta. Ya tenemos dos niñas. ¿Esperas al tercero para que, como hizo el padre de Paloma, dejarlo en ese momento, no? (risas) Mira, si viene, bien. Nosotros encantados. Pero ya lo estamos con las niñas. No echo de menos tener un niño. ¿No me digas que no te gustaría tener un niño que siguiera dos estirpes toreras? Egoístamente, no me gustaría que un hijo mío fuera torero. Me parece maravilloso y estoy orgullosísimo de ser torero, pero el miedo que yo pasaría con un hijo mío toreando, en este caso, una hija, sería horrible. Si alguna vez, un hijo o un nieto mío quisiera y decidiera ser torero, lo pasaría muy mal, aunque dentro de mí, te confieso, sería un orgullo. Qué bonito que fuera lo que a mí tanto me ha dado. ¿Cuál es el secreto de la relación que mantienes con Paloma? El amor verdadero y un respeto mutuo. Eso es lo fundamental para la convivencia en pareja y para el matrimonio. Ante todo: amor y entendimiento. Esas son las bases. ¿Cómo es ella? Paloma es muy fácil de convivir con ella. No tengo nada más que decir que es una mujer que me ha ayudado a mejorar, he llegado a todo gracias a ella, gracias ha ella he sido mejor en todo. Y es una madre impresionante. Es una madre extraordinaria. Es una madraza en todo el sentido más amplio de la palabra. Y estamos muy a gusto. Dice que nunca te ha ido a ver torear... No sueño con que venga a verme, la verdad. Ella dice que sí (risas) Yo nunca le he dicho nada en ese sentido, alguna vez le he dicho que venga a verme a un festival, pero a corridas de toros yo sé que hay un riesgo mucho mayor. Un peligro latente y si ella no va, entiendo que, yo en su lugar, creo que tampoco iría. Pero brindarle un toro, sí, ¿no? Un toro, jo, sí. Me gustaría. Ya le digo: Te tengo que brindar un toro, pero para eso tendrás que venir a verme. Ella lo pasa mal y no quiere ir a la plaza. Desde que empezamos a salir no me ha visto. Antes sí. Alguna vez, pero como empezamos tan jovencitos... . Ella dice que me vio una tarde de novillero en Algeciras porque su padre era empresario de la Plaza. Y ella me vio y lo recuerda, pero yo.... Yo no.

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