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Equus

Notodo Notodo 07/06/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Equus" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Equus"

"Abrazado a un caballo muy especial. El animal hunde la frente sudorosa en su mejilla y ambos permanecen en la oscuridad durante una hora. Como una pareja haciéndose caricias. Yo no puedo dejar de pensar en el caballo. No en el muchacho. Sino en el caballo..."
Arte y Desmayo se ha lanzado al ruedo para montar una obra compleja y no muy vista por estos lares. Equus, de Peter Shaffer (autor de la muy conocida Amadeus), quien partió de la noticia de un chaval que había cegado a seis equinos sin razón aparente, para introducirse en su mente. Puso sobre las tablas un juego psicológico de los de aúpa, dominado por las pulsiones sexuales reprimidas, la religión galopante y la castración paternal. Además de un juego temporal lleno de flashbacks comandados por el psiquiatra que se hace cargo del chaval. Unos mimbres que pueden resultar algo añejos hoy en día pero que siguen teniendo una fuerza innegable.

Y el montaje dirigido por Carlos Martínez-Abarca lo confirma. Una potenten y acertada puesta en escena, con un aprovechamiento máximo del espacio y dominio de las entradas y salidas de los actores, así como un acertado diseño de iluminación y sonido consiguen que este Equus dé la impresión de un sólido espectáculo ya de primeras. Equus consigue introducirnos en la cabeza del protagonista Alan y compartir su obsesión con esas escenas equinas. Y es que éstas en las que están presentes los caballos se erigen en lo mejor de la función.


Fascinantes imágenes con los actores y sus cabezas equinas (espléndidas las máscaras, aunque no sé si a Shaffer le gustarían porque en su texto deja bien claro que no se debe intentar ocultar la cabeza del actor que las lleve) en una fascinante danza de movimientos perfectos (gran, gran trabajo corporal) que en conjunción con la onírica iluminación y el envolvente diseño de sonido consiguen hipnotizar al público y sumergirle de lleno en el delirio de este chico. Del todo innecesario, eso sí, el cambio de época y esos detalles tecnológicos de un futurismo demodée que no aporta nada a la historia. 

Los intérpretes, por otro lado, resultan entregadísimos y consiguen grandes momentos. Aunque, por poner un pero, la dirección de actores parece enfocada a un teatro de otras características y aquí por momentos resulta algo excesiva para una sala pequeña (como es el caso). Aún así, muy potente trabajo, con mención especial para el complicadísimo trabajo de Sergio Ramos, papel difícil para chaval joven (en Londres lo hizo Daniel Radcliffe, el por siempre Harry Potter, con ligero escándalo porque se quedaba como Dios le trajo al mundo sobre la escena); la chica de las caballerizas, María Heredia, que consiguen encandilar al público; y Magdalena Broto como la madre, quien logra humanizar al máximo un personaje que de otra manera resultaría del todo repelente.

Equus sigue siendo un espectáculo sólido y muy recomendable, que consigue golpear al espectador y sumergirle en su retorcido y denso universo equino, traspasando los obstáculos para hablarnos de las barreras de lo normal, de galopes y traumas y de caballos sudorosos con los que fundirse en inimaginables coreografías.

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