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Erdogan, el 'sultán' que juega con Europa

ABC ABC 09/03/2016 Javier Pérez de la Cruz

Recep Tayyip Erdogan © Diario ABC Recep Tayyip Erdogan A Recep Tayyip Erdogan se le podrán reprochar muchas cosas, pero hay algo que no se puede obviar: su audacia y capacidad política. De nacer en uno de los barrios más humildes de Estambul ha pasado a convertirse en el presidente más poderoso de Turquía desde los tiempos de Atatürk. En su visión de estratega, para él los escrúpulos no son más que una pérdida de tiempo. ¿Los derechos humanos? Solo cuando interesan. El último ejemplo de su habilidad ha sido la negociación con la Unión Europea sobre la crisis de los refugiados.

En un momento en el que se le acumulaba la presión por sus acciones en Siria, la desesperación de las capitales europeas le ha dado la mano ganadora una vez más. Pocos días después de cumplir 62 años, la Unión Europea ha prometido «regalar» al país que él preside 6.000 millones de euros y la liberalización de los visados turcos para que sus ciudadanos puedan entrar en la UE con menos trabas.

Críticas exteriores

El presente llega en el mismo momento en que el Gobierno que su partido controla, y sobre el que Erdogan sigue teniendo un poder que va más allá de su «neutral» presidencia, recibe críticas de cientos de organizaciones internacionales. En solo unos meses, Turquía ha experimentado el cierre o la intervención de medios de comunicación opositores, la detención de decenas de periodistas, la muerte de cientos de civiles por la reactivación de la guerra entre el Ejército y las milicias del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y el aumento extremo de la tensión con Rusia a cuenta de la guerra en Siria.

Aunque desde el AKP, el partido islamista que fundó en 2001, se insiste en la separación de poderes, los opositores ven la alargada sombra de Recep Tayyip Erdogan en todas las decisiones importantes del Gobierno. Y no está dispuesto a que nadie manche su nombre. Al menos 1.845 casos judiciales se han abierto por «insultar» al jefe del Estado turco desde que obtuvo su nuevo puesto en 2014.

Tras más de una década en el poder, Erdogan se ha labrado una figura de líder fuerte y carismático. Es una cualidad apreciada por el turco de a pie, sobre todo en un país que vive dentro del culto a la personalidad de Mustafá Kemal Atatürk, el padre de los turcos, el arquitecto del Estado moderno. En las elecciones generales de noviembre, muchos votantes apuntaban a la capacidad personal de Erdogan como motivo para votar al AKP, a pesar de que él no era candidato.

Inicios pragmáticos

Los inicios en política de Recep Tayyip Erdogan, cuando todavía era un joven que practicaba fútbol a nivel semiprofesional, se produjeron bajo la tutela de Necmettin Erbakan, el primer islamista turco en llegar a primer ministro. En 1994, fue elegido alcalde de Estambul, y lejos de optar por una agenda de carácter religiosa, se centró en una gestión práctica y efectiva de los problemas cotidianos de los estambulitas, sobre todo el tráfico y la basura. Este fue el trampolín perfecto hacia la política nacional, a la que saltó ya con su propio partido, después de que los tribunales prohibieran el de su mentor Erbakan.

Ya entonces quedó patente que Erdogan era capaz de sobreponerse a cualquier obstáculo. En 2002, el año en que el AKP ganó las primeras elecciones, él se encontraba inhabilitado temporalmente tras ser condenado por la lectura de unos versos islámicos. No hubo problema. Al expirar, en 2003, ganó en unas elecciones parciales su escaño y fue nombrado primer ministro.

Lejos quedan hoy los primeros años de su gestión al mando del Gobierno, en los que parecía que las reformas democráticas y la voluntad de acercarse a Europa eran la tónica. Algunos activistas aseguran que tras las elecciones de 2007 comenzó la deriva autoritaria de Erdogan; otros apuntan a 2011. Los hay también que aseguran que el objetivo de islamizar a la sociedad estuvo presente desde el primer día.

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