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'Es un gran momento para ser escritor'

El Mundo El Mundo 05/06/2014 CARLOS FRESNEDA
© Proporcionado por elmundo.es

Primero se enteró John Banville, y después lo supo Benjamin Black. Por primera vez en la Historia, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras recayó simultáneamente en un autor y en su seudónimo. Los dos tienen 68 años y sienten al mismo tiempo "la inspiración y el peso de la gran tradición literaria irlandesa". John Banville y Benjamin Black conviven bajo el mismo techo y acuden religiosamente a la cita con la literatura en un despacho en el centro de Dublín, desde donde se entrega con pasión a lo que más le divierte en la vida y en sus múltiples facetas: también es guionista y autor teatral, y antes fue periodista, y a veces tiene que hacer un esfuerzo para decidir con qué 'alter ego' quedarse.

¿Qué le parece a John Banville eso de compartir el Príncipe de Asturias con Benjamin Black? Estoy muy agradecido de que el premio sea por partida doble. Uno es el artista, el otro es el artesano. Los dos son complementarios y se ayudan mutuamente. Uno es meticuloso y estilista, puede tardar años en escribir un libro. El otro escribe muy rápido y le bastan a veces tres o cuatro meses. Digamos que con él me gano el pan. J.K. Rowling publica estos días su segunda novela con el seudónimo de Robert Galbraith y asegura que ha sido una experiencia liberadora... Bueno, ella no tenía la intención de revelar el secreto. Se ve que la han 'cazado', pero ha decidido seguir el juego. Yo no tuve el menor problema en reconocer desde el principio que Benjamin Black soy también yo. Siempre me gustó la novela negra, sobre todo desde que descubrí a Simenon, y gracias a ella he decubierto otra manera de trabajar, con más atención a la trama y a los personajes, sin esa obsesión por limar la prosa. Pero Banville y Black coexisten perfectamente y son complementarios, ya digo. No hay ningún conflicto entre ellos. ¿Y cuál es mejor escritor? Uf. Eso lo dejo a criterio de los lectores, pero lo cierto es que pongo más esmero en las obras que firmo con mi propio nombre. Las de Benjamin se escriben casi solas. Creo que en el fondo he volcado ahí la experiencia de mi época de periodista. Malos tiempos para ser periodista, por cierto... Soy de los que opinan que los periódicos en papel, tal y como los conocemos hoy, acabarán desapareciendo. Pero siempre habrá necesidad de contar las cosas. Lo que cambiará serán los formatos. ¿Desaparecerán los libros? La última vez que hablamos con Philip Roth presagió "la muerte del lector" a manos de la cultura digital. No estoy para nada de acuerdo. Es un gran momento para ser escritor y para ser lector. Yo no creo en la muerte de la novela, y menos aún en la muerte de la literatura. Lo llevan presagiando desde finales de los 70 y aquí estamos. Todo el mundo escribe y todo el mundo lee, posiblemente más que nunca. Me considero afortunado por poder escribir en un momento como éste, con la posibilidad de llegar a una gran audiencia, y también en formatos distintos. Yo particularmente prefiero pasar páginas, pero me da igual que la gente me lea en formato digital. ¿Cuál fue su primera gran influencia como escritor? Tenía apenas 12 años cuando leí 'Dublineses', de James Joyce. Descubrí por sorpresa que se podía escribir sobre las cosas más simples y ordinarias. Hasta entonces todo lo que había leído eran aventuras o novelas de detectives. Esa fue mi primera gran lección de literatura. ¿Y a Beckett le debe algo? A Beckett le descubrí más tarde, obviamente. Y la verdad es que ha ejercido un gran influjo. Gracias a él he sido un mejor lector y creo que un mejor escritor. Uno aprende mucho con las lecturas difíciles. ¿Qué se siente al escribir a la sombra de los gigantes? Pues un gran peso y también una gran inspiración. Resulta estimulante ser de alguna manera heredero de eso que llaman la gran tradición literaria de Irlanda. A veces puede pesar más de la cuenta, pero otras te da una gran libertad. De alguna manera sientes que no tienes que empeñarte en hacer la gran novela irlandesa, porque ya está escrita. ¿Y el tópico de que hay que marcharse de Irlanda para escribir de Irlanda, como hicieron Joyce y Beckett? Yo no he sentido la necesidad de marcharme como ellos. Dublín era entonces un lugar mucho más pobre, económicamente y espiritualmente, y eso empujaba a los irlandeses hacia fuera, no sólo a los escritores. Entonces, la salida natural era Europa o América. Yo viajé durante un tiempo [trabajó en las líneas aéreas Air Lingus], he conocido mundo y he regresado a Dublín porque me siento a gusto aquí. ¿Qué recuerda de su infancia en Wexford? Aquello me parecía la nada absoluta en su momento. Me aburría mucho, pero también imaginaba cosas, y supongo que a la larga ha servido para alimentar mis libros. La infancia nunca acaba de dejarle a uno. El primer contacto con la realidad nos acompaña siempre, por más que queramos dejarlo atrás, y aflora constantemente como un recuerdo o como otra cosa. A veces tengo la impresión de que nos inventamos el pasado, o al menos una parte de nuestro pasado... Es curioso porque ahora, con el tiempo, he descubierto que mi pequeña ciudad de provincias me gusta más de lo que recordaba. ¿Nunca ha sentido la tentación siquiera de dar el salto a Londres como su admirado Yeats? La verdad es que no. El clima de Dublín es algo mejor que el de Londres, y la vida aquí es bastante más barata. La crisis nos ha golpeado, como en España, pero eso estimula la imaginación. Sus libros, por cierto, tienen una gran acogida en nuestro país... Creo que los irlandeses y los españoles tenemos un vínculo, y es que somos los dos pueblos trágicos, con un lado oscuro... Lo cual nos abre también los ojos al lado cómico de la vida. La ironía es muy palpable en algunas de sus obras, es especial la manera distante en que sus personajes se relacionan con el dolor. El humor es a veces un mecanismo de defensa, lo reconozco. Pero es parte integral de la vida. Sin sentido del humor (y ése es otro punto en común que tenemos los irlandeses y los españoles) la vida sería bastante menos soportable. Pero a usted no le hace gracia que le comparen con Nabokov... Me halaga que me comparen con Nabokov, pero no lo considero entre mis influencias. Siempre admiré su capacidad descriptiva, me parece un escritor muy visual, casi un pintor. Pero a Nabokov le falta quizás el ritmo, que es algo que yo valoro mucho, y que tiene a lo mejor que ver con nuestra tradición oral. En Irlanda nos gusta contarnos las cosas y desarrollamos una buena capacidad para escuchar. Creo que un buen escritor debe saber ante todo escuchar, y hacer que sus palabras se 'escuchen'. Su pasión por Raymond Chandler era pública y notoria. Pero ¿cómo se ha atrevido usted -mejor dicho, Benjamin Black- a dar nueva vida a Philip Marlowe? Digamos que ha sido un homenaje particular, casi un juego. De hecho, he elgido un título (La rubia de ojos negros) que tenía Chandler para una de sus novelas. Me gusta Marlowe porque hay pocos tipos tan honrados como él en la literatura. ¿Es cierto que escribe las novelas negras en verano? Sí, porque es la estación que más odio en el año. Solía ser la más improductiva, pero desde que metí en la piel en de Benjamin Black suelo estar bastante ocupado. Si me doy prisa, puedo acabar una novela en tres meses, como 'Muerte en verano'.

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