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España también sabe perder

EL PAÍS EL PAÍS 14/06/2014 José Sámano

La selección española inició ayer la remontada, al menos la espiritual, tras su derrumbe ante Holanda. Y lo hizo a lo campeón, con la cara por delante y de forma ejemplar. En pleno estado de shock, nadie quiso irse por la gatera, lo más habitual en este espumoso mundo de las celebridades futboleras, donde abundan los pavos reales hasta en días de cenizas. No hubo histeria, ni victimismos, ni coartadas ni gaitas parecidas. Si Iker Casillas ya había dado un do de pecho tras el partido —“pido perdón, no he estado a la altura, lo asumo y apechugaré con las críticas”—, en el día después fue Sergio Ramos, otro de los pesos pesados, el que junto a Jordi Alba, no se regateó a sí mismo: “Ha sido uno de los peores partidos de mi carrera, de esos que te marcan”.

El gran broche lo puso Vicente del Bosque, quien, a petición de los medios, compareció cuando no tenía obligación oficial. Con el espejo por delante, el seleccionador atribuyó su aparición pública “para dar normalidad tras tanta desazón”. El técnico admitió haber visto de nuevo el partido tras llegar a Curitiba desde Bahía no lejos de la madrugada. Ayer [por el viernes] estaba enfadado, hoy estoy muy triste, pero somos deportistas y hay que dar normalidad en la victoria y en la derrota”, sostuvo Del Bosque, que no dudó ante el torrente de reproches recibidos: “Merecemos las críticas, estaría fuera de lugar que nos las hubiera y no creo que fuera bueno que alguno de nosotros se aislara de ellas”. Con su intervención, con su nobleza al frente en un día de rayos y truenos, Del Bosque puso la primera pica para que España, en caso de derrape total, no cierre el mejor ciclo de su historia por la puerta de atrás. Por crudo que sea el destino, que al menos en el maravilloso testamento de este grupo también figure su saber perder, su gloria y nobleza en la derrota. Sin cainismos. Ante Holanda: cinco faltas, ni un mal gesto y la mano por delante al adversario.

Otra cosa es dar con las claves del batacazo ante los holandeses. En la concentración del equipo en Curitiba no había forma de consensuar una única sintomatología. No puede haberla cuando se trata de una selección con semejante trayectoria, un equipo que en ocho años solo se había descompuesto tan de mala manera en algunos amistosos. Un conjunto que en los 19 partidos de las dos últimas Eurocopas y el Mundial precedente había encajado un gol menos de los que le hizo Holanda en poco más de media hora. Una selección a la que nadie remontaba un partido oficial desde el verano de 2006. Un grupo en el que se alinearon tres campeones de la última Champions, un campeón de Liga y nueve de los titulares que triunfaron en la Eurocopa de hace solo dos años. “Aquí han venido 16 de los campeones de Sudáfrica que, además, nos han ayudado a lograr la clasificación para Brasil; cuando ganamos en París un partido tan complicado, yo no tenía fuerza moral para dejarles fuera de este torneo y no olvidemos que los que vienen por detrás habían fracasado en los Juegos de Londres. Puede que me equivoque, y por eso lo digo con la boca pequeña, pero no creo que los haya mejores que los 16 que repiten”.

Del Bosque y Casillas, durante el entrenamiento. © alejandro ruesga Del Bosque y Casillas, durante el entrenamiento.

A la espera de la respuesta del equipo ante Chile el miércoles, el gallinero en el que se convirtió tras el 2-1 tuvo un cierto tufillo a fin de ciclo. Los jugadores no tuvieron la templanza acostumbrada y se convirtieron en un gallinero, un guirigay impensable para una selección hasta entonces convincente hasta en la adversidad. Más allá de jugadas y avatares puntuales —Silva tuvo a tiro el 2-0—, que España no respondiera como España dejó esa sensación de fin de fiesta. Ante el empuje oranje, La Roja fue más terrenal que nunca, le pudieron las prisas, la congoja. Se impuso el caos. Inopinado en un conjunto caracterizado por alejarse de la ortodoxia, por afrontar los retos con sus mejores atributos. Esta vez no le alcanzó y, como tantas veces ocurre con quien apuesta por la genialidad, cuando el duende claudica la caída es sonora.

¿Por qué un batacazo justo ahora, en un partido enfilado y un primer tiempo meritorio, aunque sin alardes? Como metáfora de la vida y arte de lo imprevisto, el fútbol es tan indeterminado que no se puede pautar. Sólo así cabe explicar que las dos mayores goleadas recibidas por España se las llevaran los dos equipos que mejor papel han hecho en un Mundial: la selección del 50, cuarta, encajó un 6-1 con Brasil en Maracaná; 64 años después, la única Roja con una estrella en el escudo se llevó un 5-1. Como no existe el virus de la eternidad, los campeones caducan. Si a España le ha llegado su hora, que sea con señorío, generosidad y Del Bosque al frente.

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