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Estelada de fajín

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 RAÚL DEL POZO
© Proporcionado por elmundo.es

El sueño de los independentistas se transforma en pesadilla y algo de ventolera. Su locura tiene lógica y una llamada a la proeza que puede acabar en furia. Tenían bien montada la marimorena: 17.000 mossos y 300 curas para evocar el origen violento, clerical y reaccionario del nacionalismo. Los obispos se pusieron la estelada de fajín y predicaron que era más importante el derecho a decidir que España.

Me dice Margarita Robles: "Ojalá que el 1 de octubre no haya violencia. Y después lo importante es dejar alguna rendija abierta que permita abordar la solución el día 2 de octubre. A partir de ese día, el papel de Pedro Sánchez será fundamental porque sólo el PSOE podrá abrir escenarios de diálogo". La líder parlamentaria socialista piensa que al lado de la Constitución no se hacen todas las cosas bien. "Es grave -responde- que se haya puesto una denuncia por sedición, un salto cualitativo muy importante porque es un delito de enorme gravedad. Cuando luchábamos contra el terrorismo decíamos que el Estado tenía que tener serenidad y que no valían atajos".

Me informan de que bajo la máscara de las desafíos y desplantes se adivina el miedo de los jefes de la revuelta. "Pero no pueden echarse atrás, se tienen que inmolar. Si se rajaran ahora, su propia gente los condenaría al ostracismo". Esto me lo dice Antonio García Ferreras desde el puesto de mando de la Sexta. Los jefecillos insurrectos empiezan a estar acochinados, aunque sigan con su teatrillo y sus embutes.

El conseller del Interior Forn declaró que Trapero había expresado la voluntad de no aceptar las órdenes de la Fiscalía para que un coronel de la Guardia Civil mande en los policías autonómicos. Trapero tuvo que salir a decir que los Mossos seguirán cumpliendo las órdenes de la Fiscalía. Un catalán que conoce bien a Forn me informa: "Es un fanático". El conseller miente porque quisiera ver a los Mossos enfrentados a la Guardia Civil. Ese tipo de embustes de los líderes del motín, sus constantes bravuconadas, consiguen que en algunos momentos Cataluña huela al Cono Sur de los años 60, cuando las guerrillas y los golpes. La insubordinación de una policía armada de 17.000 agentes podría llevarnos a una desgracia.

Debieran saber los independentistas que la seguridad y el orden público son competencia del Estado. Lo dice clarísimamente el artículo 97 de la Constitución: "El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado". Cuando se pregunta a Moncloa qué habría que hacer ante el mogollón de una policía fuera de control, contestan: "Lo que haya que hacer lo decidirá el fiscal".

Uno del sanedrín de los ropones se ríe y comenta que no es cierto que los Mossos vayan a ser una fuerza, ni que los independentistas los controlen al 100%. Muchos agentes pondrán por delante el deber y la profesionalidad. Pero sería esperpéntico que volvieran a hacer lo que hicieron los del 34.

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