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Estos jóvenes ingenieros españoles fabrican sus instrumentos con objetos cotidianos

El Confidencial El Confidencial 27/11/2016 Cristina Sánchez

Dibujas un instrumento con un lápiz especial. Aunque solo existe en el papel, emite diferentes sonidos cuando tocas el trazado con los dedos. Gracias a las propiedades conductoras del grafito, el ‘drawdio’, un sintetizador acoplado en un lápiz, logra que los dibujos suenen como por arte de magia: nuestro cuerpo es el encargado de cerrar el circuito eléctrico.

Hace unos años, un estudiante desarrolló en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts este original invento, famoso en la actualidad dentro de la comunidad ‘maker’. Un ‘drawdio modificado, con el doble de voltaje de salida, es también uno de los proyectos desarrollados por UC3Music, una asociación de estudiantes de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) que pone la electrónica al servicio de la música bajo la filosofía ‘open source’ (de código abierto).

“Lo hemos hecho fácil de soldar para que la gente que no ha construido nunca, también para niños, y adecuado a los talleres”, nos explica Jorge Frutos, miembro fundador de la asociación. “Esto es para que te pique el gusanillo”, añade mientras nos enseña el funcionamiento del gracioso artefacto.

A este joven el gusanillo le picó fuerte. A sus 22 años, combina sus clases del grado en Ingeniería Electrónica Industrial y Automática con sus ensayos como guitarrista de Wheels Cake Cover Band — una banda tributo a la estadounidense Cake— , sus trabajos esporádicos como técnico de sonido y su labor al frente de esta pequeña asociación universitaria que desarrolla sus cacharros musicales ‘do it yourself’ (hazlo tú mismo). Él mismo imparte talleres para que otros estudiantes construyan su propio ‘drawdio’ u organiza actividades para explicar la evolución de la música de la mano de la electrónica.

Fusionando música y cacharreo

“A nosotros dos nos gusta la música y nos gusta también hacer cacharros. Entonces dijimos ‘con la música tienes muchas posibilidades de hacer instrumentos nuevos, de hacer accesorios para los instrumentos tradicionales’”, explica David Estévez, graduado en Ingeniería Electrónica Industrial y Automática y estudiante del doctorado en Robótica de la UC3M.

Estévez, como miembro fundador de UC3Music, también es padre de algunos de sus proyectos. Uno de ellos es Shiva, una batería electrónica casera que ahora están refinando. Inspirada en ClipHit, un kit comercial que cuesta unos 100 euros, la placa que han diseñado utilizando el ‘software’ libre KiCad permite conectar hasta ocho sensores.

La batería electrónica Shiva. (Cristina Sánchez) © Proporcionado por El Confidencial La batería electrónica Shiva. (Cristina Sánchez)

El cacharro recibe las vibraciones y emite notas MIDI, que son mandadas al ordenador, donde el ‘software’ libre Hydrogen las interpreta y genera un sonido. Conectando las pinzas con los sensores a unos simples cojines, por ejemplo, pueden transformarse en los platillos de una batería. Los materiales solo cuestan 20 euros y sin duda construirlo uno mismo es una experiencia enriquecedora.

Obviamente, la misión futura de Shiva es más ambiciosa: “Poner nosotros esta batería electrónica añadiéndole los platos y utilizarla en la ‘jam [session]’ como si fuera comercial”, detalla Estévez. “El objetivo es hacer cacharros más instrumentos”, añade Frutos. Las ‘jam sessions’, en las que se reúnen guitarristas, bajistas, trompetistas, teclistas, baterías o vocalistas aficionados, son otras de las actividades que organiza esta asociación de estudiantes, además de los talleres donde enseñan cómo desarrollar sus proyectos.

Otra de sus creaciones es el útil uC3Moy, basado en el amplificador de auriculares CMoy: lo han adaptado para que quepa en una caja de caramelos Smint y así poder llevarlo a todas partes. Pero uno de los dispositivos más originales que han desarrollado es sin duda ABBlind. Destinado a los audiófilos que invierten elevadas sumas en sistemas de reproducción, este ‘gadget’ permite comparar sin prejuicios dos fuentes de sonido, por ejemplo dos altavoces.

Gracias a él, podemos escucharlos alternativamente, pero no sabemos cuál es cuál: el ‘software’ del artilugio lo decide aleatoriamente y una interfaz de luces nos va guiando para que descubramos realmente con qué modelo nos vamos a quedar.

ABBlind (Cristina Sánchez) © Proporcionado por El Confidencial ABBlind (Cristina Sánchez)

“A veces puedes llevarte la sorpresa de que el aparato más caro es el que peor sonaba”, explica Frutos. “Esto te desconecta de la visión de lo que escuchas para que no puedas estar sugestionado de que el más caro va a ser mejor”. Este apasionado de los altavoces admite que ABBlind es un dispositivo “un poco friki”, aunque no descarta darlo a conocer y tratar de comercializarlo a través de una campaña en Kickstarter.

Por el momento, los miembros más activos de UC3Music ya han presentado sus cacharros musicales en ferias como el Madrid Mini Maker Faire o el Maker Faire Galicia, los famosos eventos para artesanos digitales que se celebran en 150 ciudades de todo el mundo. “A la gente les gustaba mucho, sobre todo a los niños”, afirma Estévez.

Una ‘hackathon’ de robots controlados por sonidos

Desde UC3Music también organizan ‘hackathons’ para pasar un buen rato mientras aplican los conocimientos que han adquirido durante las clases. En la primera, celebrada hace unos meses, los participantes desarrollaron originales instrumentos musicales, como un molinillo con aspas de colores. Con ayuda de un láser, una fotorresistencia y una placa Arduino, los colores acababan traduciéndose en sonidos.

Hace unos días, esta asociación organizó otra ‘hackathon’ conjuntamente con la Asociación de Robótica UC3M (ASROB) —que desarrolla desde drones hasta un videojuego que mezcla realidad aumentada y robots reales— como parte de un completo evento dirigido a los ‘cacharreros’. Se trataba de un evento para aunar los intereses de las dos asociaciones: el objetivo era desarrollar robots controlados únicamente por sonidos con ayuda de una placa Arduino, un micrófono, un par de motores y unos cuantos objetos cotidianos.

Uno de los equipos de la ‘hackathon’. David Estévez, el segundo por la izquierda. (Cristina Sánchez) © Proporcionado por El Confidencial Uno de los equipos de la ‘hackathon’. David Estévez, el segundo por la izquierda. (Cristina Sánchez)

“En este robot que tenemos hoy aquí nos ha salvado una asignatura de mi carrera” asegura Rodrigo Mompo, estudiante del Grado en Ingeniería Telemática de la UC3M y miembro de ASROB. Según nos explica, los conocimientos que ha adquirido en Sistemas Lineales le han ayudado a desarrollar el código del robot de su grupo, capaz de rodar hacia delante si oye un sonido grave, girar a la derecha si escucha uno de frecuencia media o hacerlo a la izquierda cuando es agudo. Así que, para controlarlo, han utilizado sus propias voces y un perrito de goma.

“Al final el robot es un hacha. Teníamos que utilizar dos elementos que nos daban aleatoriamente y el otro era una pistola de juguete”, justifica Julián Caro, ingeniero por la UC3M, estudiante del Máster en Robótica y Automática de la Universidad Politécnica de Madrid y creador de un contrincante del autómata anterior capaz de obedecer a los golpes sonoros.

#Hackton@asrob_uc3m@UC3Music hacia mucho que no disfrutaba tanto con Arduino. ¡Pedazo de semana! pic.twitter.com/BMFc5BnCjr

— Julián Caro Linares (@jcarolinares)

27 de octubre de 2016

A Julián no parece importarle el éxito de su improvisado robot en la competición: su propósito es mucho mayor. De hecho, este apasionado del movimiento maker aseguraba en la presentación del taller de diseño 3D con FreeCad que impartió en el evento que “su sueño es crear un robot que quiera acabar con la humanidad, sea destruido en el pasado y vuelva en el futuro reprogramado para salvarla”. El humor no falta entre los miembros de estas asociaciones de estudiantes que deciden quedarse en el aula cuando acaban las clases.

Aunque Carlos García no ha estudiado en la UC3M sino en la Autónoma de Madrid (es miembro de su Club de Robótica-Mecatrónica), es el único que se ha traído la camiseta con el logo de la asociación a esta ‘hackathon’.

© Proporcionado por El Confidencial

También es un apasionado de jugar combinando la electrónica y el sonido: hace un tiempo vio un vídeo en YouTube sobre micrófonos binaurales, capaces de crear un efecto tridimensional para que el oyente se sienta transportado. Estos dispositivos no son precisamente baratos, así que Carlos decidió desarrollar el suyo propio ‘low cost’, Open Binaural.

Su proyecto ‘open source’, basado en dos orejas impresas en 3D que albergan los micrófonos y unidas a un soporte que hace las veces de cabeza, ha sido todo un éxito entre la comunidad ‘maker’. El medio especializado Hackaday se hizo eco de su invento, lo ha presentado en ferias como el Maker Faire Bilbao y otros amantes del hazlo tú mismo también se han construido el suyo propio.

“La gracia es que al final como tiene la forma de las orejas humanas, cuando tú grabas algo con ese micro es como si estuvieras físicamente en el sitio donde tuvo lugar la grabación”, detalla Carlos. Si nunca has escuchado el sonido grabado con un micrófono binaural, ponte los casos y relájate escuchando una playa de A Coruña que el propio Carlos ha grabado con su invento.

La ‘hackathon’ acaba siendo así mucho más que un encuentro para divertirse con cables entre manos. También es un buen momento para compartir ideas y planear proyectos futuros. “A mí me gustaría ganarme las pelas como ingeniero y luego dejaría esto como ‘hobby’. A lo mejor sí me gustaría tener una banda de cacharrines de estos con música un poco experimental”, comenta Jorge Frutos. Sin duda alguna, estos jóvenes tienen las ganas y el tiempo por delante necesarios para conseguir sus propósitos. 

Jorge Frutos, miembro fundador de la UC3Music, con sus cacharros musicales. (Cristina Sánchez) © Externa Jorge Frutos, miembro fundador de la UC3Music, con sus cacharros musicales. (Cristina Sánchez)
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