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Europa intentará un aterrizaje histórico en Marte en busca de vida

El Confidencial El Confidencial 11/10/2016 R. Pérez

El próximo 19 de octubre, si todo va como debe, Schiaparelli pondrá por fin pie en Marte. No se trata del astrónomo italiano de finales del siglo XIX y principios del XX, sino del módulo de aterrizaje que lleva su nombre y que han lanzado de forma conjunta la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Roscosmos, su homóloga rusa, dentro de la misión ExoMars. Será la primera vez que ambas agencias llevan a cabo maniobras de aterrizaje en el planeta rojo, por lo que se trata de una misión delicada para ellas, vital de cara a una potencial colonización Marte en el futuro.

Cuando la misión ExoMars comenzó a planificarse en torno al año 2008, era la NASA y no la Roscosmos la que se asoció con la ESA para llevarla a cabo, pero los estadounidenses se retiraron en 2012 y los rusos se incorporaron en su lugar. Con ellos se llevó a cabo toda la planificación, que desembocó en el primer lanzamiento en marzo de este año desde Kazajistán. Está previsto otro en 2018, pero para entonces, la misión ya habrá recorrido un largo camino y alcanzado algunos de sus objetivos. 

Aterrizar el módulo Shiaparelli

Uno de ellos será el propio aterrizaje del módulo Shiaparelli. Este equipo se separará de la otra parte vital de la sonda, el módulo orbital, el 16 de octubre, para entrar en la atmósfera en un descenso de unos seis minutos tres días después, el día 19, al mismo tiempo que la otra parte comienza a orbitar alrededor del planeta. Desde la Tierra, el equipo de control pondrá a prueba la tecnología necesaria para llevar a cabo el aterrizaje de forma controlada y segura, incluido el escudo térmico, el paracaídas, el sistema de propulsión y la estructura deformable que lo recubre.

© Proporcionado por El Confidencial

En su interior, y en previsión de aprovechar el paseo si el aterrizaje resulta exitoso tal y como se espera, se ubican una serie de instrumentos científicos capaces de registrar la velocidad del viento, la humedad, la presión y la temperatura, así como, por primera vez, la intensidad de los campos electromagnéticos sobre Marte, una información que puede ayudar a entender cómo se forman las intensas tormentas de arena. 

¿Cómo es un aterrizaje marciano?

Aterrizar una sonda en Marte no es una tarea fácil. El primer desafío es realizar un lanzamiento correcto dentro de una ventana de 26 meses, el periodo en que la Tierra y Marte se encuentran relativamente cerca mientras orbitan. Cuando la ExoMars despegó el 16 de marzo de este año, a la ventana le quedaba poco más de una semana para cerrarse. Si el lanzamiento hubiese sido aplazado más allá del 25 de marzo, habrían hecho falta dos años hasta abrir la ventana de nuevo. 

La zona determinada para el aterrizaje de Schiaparelli © Proporcionado por El Confidencial La zona determinada para el aterrizaje de Schiaparelli

Un lanzamiento exitoso supone unos seis meses de viaje hasta alcanzar al planeta rojo, y una vez allí, comenzar la fase de entrada en la atmósfera. En ella, la velocidad (unos 21.000 kilómetros por hora) y sobre todo el ángulo de entrada son fundamentales: si la sonda entra muy inclinada podría sobrecalentarse e incendiarse, y si no lo está lo suficiente, podría rebotar y perderse en el espacio. Todos los comandos e instrucciones están previamente grabados en la nave, ya que no hay tiempo de enviarlos en el momento. 

La caída será de unos 6 o 7 minutos. A los 10 kilómetros de altura habrá reducido su velocidad a unos 1.700 km/h. A causa de las turbulencias y la velocidad de viento entre otros factores, el punto de aterrizaje se define de forma algo imprecisa, determinando una elipse (en el caso de Schiaparelli es de 100x15 kilómetros) que puede verse afectada también por tormentas de arena y otros fenómenos meteorológicos. Los científicos no saben qué se encontrará exactamente la sonda cuando por fin toque el suelo. 

Encontrar el origen del metano

Su compañero en órbita, el Trace Gas Orbiter (TGO), tiene otra misión diferente: hacer desde 400 kilómetros de altura un inventario detallado de la composición gaseosa de la atmósfera marciana, con especial hincapié en la presencia, cantidad y origen de metano, del que se supone que hay una fuente activa actualmente. Uno de sus principales objetivos es determinar si el origen de ese metano es de origen biológico o geológico, un matiz en el que puede radicar el anuncio del hallazgo de vida en Marte. 

En diciembre de 2014, la revista 'Science' publicaba datos recogidos por el robot Curiosity en la superficie de Marte. Entre otros, que a lo largo de 20 meses había captado cómo en momentos puntuales y en sitios concretos, los niveles de metano mostraban altos picos y posteriores bajadas, y los científicos no tienen todavía ni idea de dónde ha salido el gas. 

Posibles fuentes del metano marciano (NASA) © Proporcionado por El Confidencial Posibles fuentes del metano marciano (NASA)

El metano es un compuesto químico que se encuentra de forma natural en la atmósfera de la Tierra, donde es resultado de la putrefacción de las plantas. Es de origen biológico. Los científicos ya sabían que también se encuentra encuentra en la atmósfera de Marte, pero hasta el hallazgo de Curiosity se creía que sus niveles eran relativamente bajos y estables. Curiosity midió cómo en momentos puntuales esas cantidades de multiplicaban por diez para volver a descender. 

Pero todavía no está claro el origen de esas variaciones. El metano marciano podría provenir de procesos biológicos, lo cual querría decir que o bien hay seres vivos de algún tipo en Marte, o que los hubo en el pasado y han quedado depósitos del gas bajo la superficie, pero también podría estar causado por otros procesos geológicos, como la generación de minerales o la interacción entre el agua y las rocas, o fotosintéticos, al degradar los rayos ultravioleta del Sol compuestos orgánicos depositados en Marte por meteoritos o polvo espacial. 

El TGO que comenzará a orbitar el día 16 y el futuro 'rover' que la ESA planea enviar en 2018. © Externa El TGO que comenzará a orbitar el día 16 y el futuro 'rover' que la ESA planea enviar en 2018.
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