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Extraterrestres y monos infinitos: las teorías científicas más locas (y posibles)

El Confidencial El Confidencial 05/06/2016 R. Pérez

Según Elon Musk, fundador de Tesla y Space X y uno de los personajes más influyentes, al menos mediáticamente, de la industria tecnológica, las probabilidades de que no vivamos en un universo simulado son de una entre billones. Según Musk, este razonamiento se basa en el prodigioso ritmo de los avances tecnológicos que hemos vivido en las últimas décadas.

[Trece fenómenos naturales que parecen imposibles, explicados por la ciencia]

"Hace 40 año jugábamos al Pong, que son dos rectángulos enviándose una bola. Ahora tenemos simulaciones fotorrealistas en 3D en las que millones de personas pueden jugar a la vez, y cada año son mejores. Pronto tendremos realidad virtual y realidad aumentada. Si asumimos las tasas de mejora actuales, hay que suponer que los juegos serán indistinguibles de la realidad. Incluso si esa velocidad de mejor re reduce a una milésima de la actual, esto podría ocurrir en los próximos 10.000 años, un periodo que no es nada a escala evolutiva", ha dicho Musk. 

"Así que, dada la trayectoria en que nos encontramos, de juegos que no se distinguen de la realidad y que podrán ser jugados en cualquier consola u ordenador, y teniendo en cuenta de que habría miles de millones de esos ordenadores, la conclusión es que la probabilidad de que nos encontremos en la realidad básica de todo eso es una entre miles de millones", concluía Musk su razonamiento.

Vivimos en una realidad virtual

Aunque esta idea de que vivimos en una realidad virtual que plantea Musk parece solo una chaladura, lo cierto es que la idea de que vivimos en un universo de realidad virtual no es nueva. Ha sido el argumento básico de muchas historias de ciencia ficción, y hay quien le ha dedicado un buen esfuerzo de razonamiento.

En 2003, el filósofo Nick Bostrom propuso lo que él llamo la discusión de la simulación, en la que expuso tres posibilidades en apariencia poco probables asegurando que una de ellas debía ser cierta. Eran las siguientes:

1. La fracción de civilizaciones del nivel de la humana que alcance un estado 'posthumano' (es decir, capaz de realizar simulaciones de alta fidelidad sobre el mundo de sus ancestros) es muy cercana a cero, o bien

2. La fracción de civilizaciones 'posthumanas' interesadas en realizar esas simulaciones es muy cercana a cero, o bien

3. La fracción de gente viviendo el mismo tipo de experiencias que vivimos nosotros que en realidad vive en una simulación es muy cercana a uno.

Es decir, que lo que Bostrom asegura es que una civilización 'posthumana' tecnológicamente avanzada tendría una enorme potencia de computación, y que si solo una pequeña parte de esas civilizaciones realizasen simulaciones de la vida de sus ancestros (que serían indistinguibles de sus vidas reales), el número de ancestros simulados superaría el de ancestros reales. 

La apuesta de Bastrom es que la tercera de esas proposiciones es la verdadera, y que la mayoría de nosotros vivimos en una simulación.

Infinitos monos tecleando

El teorema del mono infinito dice que un mono pulsando teclas al azar en una máquina de escribir durante un periodo de tiempo infinito casi seguramente terminará escribiendo cualquiera de la obras que se puede encontrar en la Biblioteca Nacional de Francia. En otra formulación del mismo teorema, el simio terminaría replicando cualquier obra de William Shakespeare.

Infinitos monos Infinitas máquinas de escribir = Infinita caca de mono Un Shakespeare © Proporcionado por El Confidencial Infinitos monos Infinitas máquinas de escribir = Infinita caca de mono Un Shakespeare

Aunque parece una idea meramente humorística, este teorema tiene un trasfondo matemático. Lo enunció Émile Borel en 1913, diciendo que si un millón de monos mecanografiaron diez horas al día era extremadamente improbable que produjesen algo igual a lo que contienen los libros de las bibliotecas más ricas del mundo, y aún así, en comparación, era aún más improbable que se violasen las leyes de la estadística. 

Después el número de monos se extendió hasta el infinito, y el tiempo que mecanografiarían también. Sin embargo, según la lógica estadística, con un solo mono que teclease infinitamente se podría reproducir casi con toda seguridad cualquier texto ya existente. De hecho, con infinitos monos se podrían reproducir inmediatamente todos los textos posibles. 

La teoría de cuerdas

Uno de los intentos de la física teórica por aunar todas las fuerzas conocidas que rigen la materia en nuestro universo es la teoría de cuerdas, una idea realmente original y compleja que explica aquí Jordi Pereyra, colaborador de Teknautas

© Proporcionado por El Confidencial

Esta teoría propone que lo que llamamos partículas elementales no son en realidad tan elementales, porque no son los bloques básicos que conforman la materia, sino que están compuestas por una especie de filamentos en constante vibración, llamados 'cuerdas'. Todo lo que conforma el universo estaría formado por esas cuerdas, y según su vibración tendríamos delante las distintas partículas, fuerzas, elementos... 

El problema es que el planteamiento matemático de esta teoría solo funciona si en nuestro universo hay 10 dimensiones, en vez de las tres que conocemos. Los escépticos de esta teoría señalan esto como un obstáculo insalvable para validarla, mientras que sus defensores aseguran que esas dimensiones aún desconocidas existen a un nivel tan diminuto que nos resultan imperceptibles hoy en día. 

La paradoja de Fermi

Si hay millones de planetas en el universo con posibilidad de desarrollar vida inteligente como la nuestra, ¿por qué ninguno ha contactado con nosotros? Es la pregunta que se hizo el físico Enrico Fermi en 1950 y que ha planteado dudas desde entonces en todo aquello que tiene que ver con la búsqueda de vida extraterrestre.

Se trata de una aparente contradicción entre el gran número de planetas que consideramos capaces de albergar vida y la falta de señales de que efectivamente lo hagan. Se puede resolver suponiendo que o nuestras observaciones son deficientes o nuestro conocimiento del universo es incompleto.

Cuando Fermi expresó esta pregunta se encontraba trabajando en el proyecto Manhattan, que daría como resultado la invención de la bomba atómica. Esto le hizo pensar que con el desarrollo, cualquier civilización termina creando la tecnología capaz de exterminarla, y que eso podría ser lo ocurrido a todas esas supuestas civilizaciones que poblarían el universo (o lo habrían hecho en el pasado) y que no somos capaces de encontrar.

El universo es una burbuja

Olvide por un momento lo que sabe del 'big bang' e imagine que al principio, lo único que existía era el vacío y grandes cantidades de energía. Como el agua en una cacerola, la energía comenzó a evaporarse y se formaron burbujas. En cada una de ellas había más vacío y energía, de menor intensidad que la anterior, pero nada más. Esa energía hizo que las burbujas se fueran expandiendo, de forma que algunas de ellas comenzaron a chocar, lo que daría como resultado burbujas secundarias. 

Según algunos físicos, cada una de estas burbujas es un universo, incluido el que nosotros conocemos, que estaría flotando en un mar junto a otras burbujas. Esta teoría es solo una de las que engloba la idea de los multiversos, de que existen muchos universos que según las distintas hipótesis interaccionan o no entre ellos. 

El debate científico en torno a esta idea se ha centrado durante mucho tiempo en si hay alguna forma de comprobar si realmente es así o si hay que dejarla en el campo de la metafísica. En 2014, un investigador del Instituto Perimeter de Canadá creó una simulación informática para averiguar qué pasaría si, siguiendo esa teoría, dos de estos universos burbuja colisionasen entre sí, y continuó buscando esas señales en nuestro universo.

"Simulamos por ordenador un multiverso. Empezamos con un multiverso de dos burbujas. Colisionamos las burbujas para averiguar lo que sucede. Luego colocamos un observador virtual en varios lugares diferentes y simulamos lo que cada observador vería desde su propio lugar." Lo primero que buscaron fue un disco en el cielo, una especie de huella como la que dejaría una pelota al botar sobre la arena. De momento, que sepamos, no ha aparecido. 

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