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Facebook: entre la censura y la manipulación

ABC ABC 16/11/2016 J.M. Sánchez
Facebook: entre la censura y la manipulación © Proporcionado por ABC Facebook: entre la censura y la manipulación

Es muy fácil caer en la reduccionista afirmación que las redes sociales no representan la vida misma y sus devenires. Puede que, más de uno, piense todo lo contrario; que efectivamente estos nebulosos mundos digitales en los que nos movemos muestran lo oculto, lo que mueve y de verdad interesa a los ciudadanos. También es posible que, para otras personas, este tipo de plataformas sean el caldo de cultivo de mensajes de odio.

Las redes sociales se han adentrado en el desfiladero de lo efímero y lo pasajero, pero han han aportado útiles mecanismos de comunicación interpersonales que han permitido reducir el tamaño del planeta a un mero clic. Gran parte del conocimiento humano está recogido en internet. La conversación de los seres humanos ha encontrado un nuevo espacio en este tipo de plataformas que, como sucede en el servicio más global, Facebook, se manejan formas comunicativas basadas en emoticonos, imágenes, animaciones y texto y, sobre todo, han inaugurado nuevos códigos de conducta que rayan el absurdo en ocasiones como el mero hecho de eliminar a una persona como contacto.

Teniendo en cuenta que las relaciones humanas son cada vez más digitales y teniendo en cuenta también que las redes sociales se han convertido hoy en día en los más importantes foros de discusión, cabría preguntarse si en cierto modo este tipo de servicios que están al alcance de cualquiera representan, en efecto, la realidad tal y como la conocemos o si, por el contrario, la segmentación del público al que un usuario medio sigue y los mensajes más ruidosos cooperan para introducir sesgos socio-políticos capaces de distorsionar el mundo real. Los expertos dudan acerca de las implicaciones sociales que aportan las redes sociales al conjunto de la sociedad.

Para Mauro Fuentes, director de medios sociales de la agencia Ogilvy, este tipo de plataformas tienen una variable ideológica y ejercen de escaparate en base a un determinado criterio. «Es cierto que las herramientas de selección de contenido y algoritmos hacen que cierto tipo de noticias y contenido sea más visible», sostiene en declaraciones a ABC.

Facebook, en ese sentido, ha estado en la picota en las últimas semanas por censurar la célebre fotografía que recreaba el horror de la guerra de Vietnam. La cara de ese terrible episodio la puso una joven que ha pasado a la historia como la Niña del Napalm. En seguida, la compañía norteamericana reaccionó. Poco antes se había sustituído el equipo humano encargado de revisar los contenidos por sistemas informatizados, pero a lo largo de la trayectoria de la mayor red social han sido muchas las ocasiones en las que se ha aplicado una dudosa moral a la hora de ocultar ciertos contenidos a los usuarios. «Después de escuchar a la comunidad volvimos a mirar cómo se aplicaron nuestras normas en este caso. Normalmente se presupone que una imagen de un niño desnudo viola nuestros estándares y en algunos países podría incluso calificarse como pornografía infantil. En este caso, reconocemos la historia y la importancia global de esta imagen para documentar un momento particular de la historia. Debido a su estatus como imagen icónica de importancia histórica, la importancia de permitir que se comparta supera el valor de proteger a la comunidad», indican a ABC fuentes de Facebook.

Censura existe, recalca este experto, quien insiste en que está, sin embargo, más enfocada para «evitar que la red, de entrada, se convierta en un nido de pornografía y violencia». Para ello -recuerda- usan el método de pre-censurar para evitar problemas mayores pero «esto implica herramientas automáticas y los automatismos pueden tener ciertos sesgos (que no errores) en lo que es 'censurable' o no». La lactancia, por ejemplo, ha sido otro tema recurrente en este caso. Y en la mayoría de los casos las personas afectadas por esa censura automática creen que la red social maneja hilos que les coartan la libertad, aunque este experto descarta que existe una censura como tal.

«Facebook es un monstruo cuyo crecimiento hace dificilísimo su control: ha pasado de ser una simple red social con un uso relativamente frívolo, a convertirse en el mayor medio de comunicación del mundo, en el sitio donde más personas se informan y leen noticias. Cualquier mínima decisión o criterio editorial que toma puede tener una importancia brutal, y se toma sin ningún tipo de consenso, lo cual hace muy difícil gestionarlo», asegura a este diario Enrique Dans, profesor de innovación del IE School.

A las redes sociales les persigue su particular sombra de censura y manipulación, como sucede también en Twitter, red de micromensajes, criticada habitualmente al considerar por parte de muchos usuarios de su comunidad que los temas de tendencia -los «trending topic», en inglés-, no son un reflejo de las opiniones mayoritarias de una sociedad, además de proyectar una imagen irreal de los acontecimientos. «El resultado de tomar en agregado las tendencias mencionadas por las personas en las redes sociales sí puede resultar un buen termómetro aproximado de las inquietudes e intereses de la sociedad, y de hecho, se utiliza mucho en ese sentido, pero necesita correcciones importantes: si midiésemos únicamente menciones en redes sociales y pretendiésemos traducirlas en intención de voto, por ejemplo, el resultado sería un desastre, porque ni somos buenos separando menciones positivas de negativas, ni está nada claro que por ser más activos en redes sociales los votantes de una opción que los de otra, sean necesariamente más», manifiesta.

El hecho que estos servicios de alcance masivo se hayan transformado en medios de información preocupa a otros expertos como Miguel Ángel Jimeno, profesor de periodismo de la Universidad de Navarra, que lamenta que servicios como Facebook sean el lugar donde se informa la gente. «Una pena», dice este experto: «Que personas ajenas al periodismo tomen decisiones sobre qué publicar o no... otra pena», subraya.

Selección de contenidos

La pregunta es si Facebook debería aplicar otro tipo de normas morales a la hora de aplicar su criterio de selección de contenidos. «Podría aplicar las mismas normas que un medio de comunicación convencional», considera Jimeno, aunque al tratarse de una empresa privada con contenidos no periodísticos puede decidir lo que quiera. «Cuando una de esas reglas llama la atención a un sector de sus usuarios, como ha sucedido ahora, el mundo 'periodístico' se subleva. Pero creo que solo ha sido el periodístico. A los demás usuarios, el tema parece que ni les va ni les viene», añade este experto.

Frente a esa situación, y de cara a evitar que este tipo de servicios se conviertan en foros de propagación de enfoques ideológicos hostiles, la propia compañía Facebook ha puesto el foco en un programa específico para luchar contra el odio digital, una expansión de los esfuerzos de la industria tecnológica para socavar la propaganda de internet de terroristas islámicos y radicales de extrema derecha. Para Dans, por su parte, los criterios maximalistas e inflexibles «son inadecuados» y «no tienen en cuenta infinidad de circunstancias», ya que los editores humanos están «sujetos a sesgos personales» y la Inteligencia Artificial «terminará por ser la solución» al dejar de mostrar, por ejemplo, a un devoto del Islam cosas que un devoto del Islam no quiere ver, no mostrará a un turco tradicionalista chistes sobre Atatürk, pero -dice- está aún fase de desarrollo.

Frente a ello, los gigantes de internet intentan regatear las dudas. Google y Facebook han avanzado que perseguirán las informaciones falsas, aunque solo las compartidas a través de sus respectivas herramientas publicitarias, una decisión, por cierto, que afectará a sus ingresos. Pese a todo, queda aún mucho árbol que tallar.

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