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Fantasmas de mujer en el burdel

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 08/06/2014 Silvia R. Pontevedra

“Serían como las siete de la mañana. Ya habían cerrado el local y estaban todas las mujeres durmiendo”. Ella, en cambio, seguía despierta, limpiando su cuarto antes de acostarse. Cree que fue la única que presenció aquello y ha venido a contárselo a la juez porque, confiesa, el recuerdo no la deja dormir. Piensa que “a lo mejor podría haberle salvado la vida” a una chica. Corre el mes de marzo de 2010, hace medio año que estalló la Operación Carioca y, con el temido jefe de la trama, José Manuel García Adán, en prisión, las víctimas de proxenetismo acuden todavía temblorosas, o convulsas, a colaborar. “Adán venía hablando con un señor”, relata la testigo de aquella siniestra madrugada y extrabajadora del club Queen's, epicentro de la supuesta mafia de Lugo. Se asomó y vio que se trataba del “policía que, según decían, era socio” en el prostíbulo. Los dos hombres entraron en “la habitación del final”. Entonces escuchó “quejidos, como de alguien que estuviera con algo en la boca para que no gritara”. Le pareció que los tipos estaban “rabiosos”. Los lamentos de la amordazada “no eran normales”. Enseguida “la chica se empezó a desesperar más, como si quisiera gritar”, y luego se oyó un “disparo”. No tiene “duda ninguna” de que fue un tiro. Luego ya no escuchó nada: ni quejidos, ni palabras.

Al día siguiente, se fijó bien en todas las caras. “La única que faltaba” era una chica brasileña recién llegada al club. “Tendría unos 19 años, más o menos”. La mujer que cuenta este episodio a la juez Pilar de Lara, instructora del número 1 de Lugo, asegura que esa mañana dijo al dueño del club que se iba y, a modo de despedida, Adán y dos camareros le dieron una paliza “brutal”. El proxeneta cogió la pistola, sigue, se la puso en la cabeza “y dijo: te voy a matar”. Luego la montaron en un taxi. Fue directa al hospital. Pero cuando se presentó en comisaría con el parte de lesiones, se le habían adelantado.

El dueño del Queen's (pendiente de juicio por la Carioca pero recientemente condenado a más de 20 años por el “infierno” de vida al que sometió a su exesposa) había llegado antes. Sacaba “dinero del bolsillo” y “entregaba los billetes a uno de los policías”. La mujer afirma que llegó a pedir ayuda a Armando Lorenzo, el cabo de la Guardia Civil que fue detenido también por la Carioca. “A lo mejor hacían el amor”, le respondió el agente cuando mentó los quejidos. Pero ella dice que no. Piensa que la chica “nunca salió del club”; que “la enterrarían no sabe dónde”.

Relatos como este o equivalentes sobre chicas muertas o desaparecidas en distintas fechas se prodigan por el sumario Carioca. La magistrada recoge testimonios a veces confusos, a veces cargados de detalle; unos contados de oídas, otros vividos en directo. También guarda el dibujo que pintó la hija de Adán en el que, según describió la menor, “se ve una chica enterrada”. Los fantasmas de mujer vagan por los interrogatorios sin que hasta hoy haya una prueba irrefutable para imputar un homicidio al dueño del burdel y quizás a alguno de sus colaboradores. Pero De Lara busca esa evidencia sin cansarse desde los primeros días de la operación policial, en 2009, cuando Lugo amaneció sembrado de pintadas que preguntaban a Armando y a la supuesta mafia “dónde está Ana”.

La juez pregunta por las extranjeras “desaparecidas” incluso a personajes que semejan secundarios, como podría ser una mujer que hacía manicuras a trabajadoras de los burdeles. Hay testigos que niegan, o que esquivan como pueden. Pero otros, pese al miedo, describen escenas de agonía en algún lugar del club. También se estudia el caso de Claudeline, que apareció atropellada en una carretera de Sarria con signos de haber sido previamente asesinada, o el de una mujer ahogada en la piscina de otro burdel. Algún aborto provocado con pastillas que termina con la joven desangrada. Y la triste historia de aquella, loca de amor, a la que el jefe recluye en el psiquiátrico de Castro para que no lo persiga, aunque ella, embarazada, escapa en camisón, se presenta de nuevo en el Queen's y tras ese día ya nunca vuelve. Esta brasileña que enviaba a Adán cartas con pétalos de rosa acaba arrojándose desde un sexto pero no muere. Tampoco fallece, según varias testigos, la que cae rodando por la escalera mientras se defiende del jefe.

Hoy por hoy, después de centenares de entrevistas, algunas de las historias de terror prostibulario han quedado entre paréntesis, que no descartadas por completo, y fundamentalmente se tira del hilo de una supuesta muerte que la investigación sitúa entre 2007 y 2008. La escena, también de tortura y muerte presuntamente en una habitación del club en la que la Policía Científica detectó manchas de sangre de varios perfiles genéticos, coincidiría con unas obras de reforma que se llevaron a cabo con ayuda de las máquinas de un empresario amigo: durante estos trabajos se cementó el suelo de tierra de una de las construcciones aledañas, situada en la finca de atrás.

En ese alpendre pasaba largas horas encerrado el proxeneta, que los testigos describen por entonces como un ser violento y adicto a la coca. Adán, que además tenía la costumbre de “excavar” y “enterrar cosas”, no dejaba que nadie se acercase por allí. Era, según varias fuentes, algo así como “su oficina”. El cuerpo podría haberse ocultado en el pozo antes de ser soterrado. “¿Por qué crees que el Colina [el otro club de Adán] no está asfaltado y el Queen's sí?”, asegura una testigo que le respondió una amante del proxeneta cuando le preguntó por los rumores sobre una fosa.

La juez ya sabe qué vecino de Lugo hizo las pintadas que la pusieron sobre la pista, y va perfilando la borrosa identidad de la mujer brasileña por la que pregunta: ahora se cree que el nombre que usaba en el mundo del alterne no era el de Ana, sino más bien el de Sara, aunque hay también referencias a otros, como Sandra y Paula. El hallazgo fortuito en los meses pasados de una excavación reciente en el barracón dio un giro a las pesquisas. Alguien había cortado con maquinaria el pavimento y abierto una fosa. El mes pasado, especialistas de la Guardia Civil desembarcaron en el burdel en ruinas con sus perros entrenados en la búsqueda de cadáveres humanos.

En el Queen's, venido de Madrid, incluso estuvo Elton, un pastor belga de olfato infalible que hace unos días reclamaba para su causa el padre de Marta del Castillo. Elton marcó sin dudarlo el terreno donde De Lara sospecha que ha permanecido sepultado un cuerpo hasta hace nada. La tierra recogida está siendo analizada en el Laboratorio de Criminalística con la ardua encomienda de hallar ADN. Mientras, se mantienen contactos con Brasil para cotejar datos de denuncias sobre mujeres que viajaron a España con billete a ninguna parte.

367 testigos, 126.747 folios

S. R. P.

Desde la gran redada que reventó la trama de proxenetismo, por el juzgado de Instrucción 1 de Lugo han pasado 367 testigos, víctimas y perjudicados. El caso suma ya los 265 tomos, parte aún bajo secreto, 126.747 folios y 84 imputados de los que ocho son guardias civiles; 10, policías nacionales y tres locales; además del exsubdelegado del Gobierno y del exjefe de Extranjería en la ciudad.

Las últimas hojas del universo Carioca hablan de una mandíbula de mujer joven hallada recientemente en una cuadra del municipio lucense de Baralla. El propietario se la topó entre un montón de huesos que habían traído sus perros como trofeo, se supone que de sus correrías por el monte. Enseguida se dio cuenta de que era un hueso humano y avisó a la Guardia Civil. Desentrañar el caso del maxilar sin cuerpo le corresponde ahora al juzgado de Becerreá. La mandíbula, que conserva un diente, no procede, según los forenses, de un enterramiento antiguo, y apareció después de que otros canes, los entrenados por el instituto armado para rastrear cadáveres humanos, señalaran la fosa descubierta en el Queen's. Podría ser una pieza más del rompecabezas o no tener nada que ver. De momento, el juzgado de Pilar de Lara ha pedido copia del atestado.

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