Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Fatiga reformista y vuelta al Mercado Único

El Mundo El Mundo 15/06/2014 JOHN MÜLLER

Europa presenta «fatiga reformista» y desde la decisión del BCE de relajar aún más la política monetaria se ha entrado en otra fase. Éste fue el Leitmotiv del Foro Económico de Bruselas celebrado la semana pasada. José Manuel Durao Barroso entonó el canto del cisne de una Comisión que está en sus minutos de descuento y describió la coyuntura tras las elecciones: «El problema fundamental que enfrenta la UE es político: ¿cómo mantener el ritmo de las reformas cuando se ve que lo peor ha pasado?»

Olli Rehn, al que muchos pintan como la encarnación del austericidio, dijo expresamente que hay muchos indicios de que «la fatiga reformista es real». El más claro, el resultado del 25-M. Rehn no escarbó en las razones, donde ocupa un lugar destacado la desacertada confusión entre reformas y recortes que ha llevado a deslegitimar socialmente cualquier intento de modernización económica.

A Rehn le quedan dos semanas en su puesto antes de convertirse en eurodiputado raso y en su intervención, que también fue un balance, hizo un relato que tituló «del apagafuegos a la reforma estructural». Habló de la Doctrina Powell, concepto que tomó prestado del libro del ex secretario del Tesoro de EEUU, Timothy Geithner, Stress Test: Reflections on Financial Crisis, que acaba de leer. Dicha doctrina no es más que una copia de la blitzkrieg nazi, pero hoy es políticamente correcto citarla en boca del ex general Colin Powell.

«Cuando te enfrentas a una crisis financiera con el riesgo real de una corrida bancaria, es necesario actuar con gran fuerza para contrarrestar el pánico». Rehn justificó el uso de una fuerza abrumadora, una combinación de política monetaria, fiscal y financiera. «Puedes fallar por exceso pero no por defecto... es más fácil frenar un pánico financiero que hacer limpieza después de un desastre económico», dijo Rehn citando a Geithner.

La evocación de la crisis de 2008 queda hoy muy lejos de los problemas de paro y falta de crecimiento que presenta la Eurozona. El gobierno de Barroso se marcha exhibiendo como su mayor logro la Unión Bancaria, que se abrió paso en los debates en 2012, cuando se discutía sobre los eurobonos, y que ha concluido este año. Se ha hecho en un plazo extraordinariamente breve para los cánones europeos. «Es la mayor transferencia de poder del nivel nacional al nivel europeo desde la creación del euro», dijo Barroso.

Mario Draghi y la Unión Bancaria son uno de los factores institucionales que contribuyen a la rebaja de la prima de riesgo. ¿Y habrá contribuido en algo esa reforma constitucional que hizo el Gobierno de Zapatero con el apoyo de Rajoy en 2011 y que tanto irrita a Cayo Lara? Se lo pregunto a Daniel Gros, asesor de Barroso y director del Centro para el Estudio de las Políticas Europeas de Bruselas, quien me dice sin titubear que él cree que no. «La clave, de verdad, son las exportaciones. El gran cambio es que los países en problemas que no exportaban han comenzado a hacerlo. Cuando exportas todo va mejor, porque estás diciendo a todo el mundo que vas a poder pagar».

Para Gros, hay una serie de cambios estructurales en Europa que están incidiendo en la desinflación. Los patrones de consumo de una población envejecida y de una población activa que está cada vez más en el sector servicios son diferentes a una región con población joven que trabaja en la industria. «Tenemos problemas que se parecen a los de Japón», añade.

Uno de los efectos de la crisis del euro es que muchos países de la UE que no están en la moneda única no muestran ahora interés por adoptarla. Lituania acaba de cumplir todos los requisitos para acceder al euro, pero ya no hay más candidatos. El ERM II, el Mecanismo de Tipo de Cambios que fija el valor de las monedas no euro de la UE frente a la moneda única se va a quedar con un solo miembro -Dinamarca- cuando salga Lituania. Y ni Rumanía ni Bulgaria ni Polonia ni Hungría... han aplicado para ingresar.

Claro, los problemas de la moneda única han demandado tanta energía en los últimos cuatro años que las venas por donde debería circular la ilusión europea para los países de Europa del Este se han quedado sin presión. Esta falta de presión no es más que la constatación de que el proyecto europeo está sin un Norte y preocupa mucho. El economista belga André Sapir, del think tank Bruegel, abogó por que la UE se emplee a fondo en los próximos años en completar el Mercado Único.

Hay en Bruselas un ansia por regresar a los tiempos de Jacques Delors y el Acta Única. Después de la acumulación de fracasos tras la fallida apuesta de la Constitución Europea, los tiempos de Delors parecen ilusionantes, hoy se habla con nostalgia de ellos y se escriben libros sobre el dirigente francés. Enfocarse en completar el Mercado Único recuerda una de las consignas de aquellos tiempos. Lo peor es descubrir que no se ha completado. Como bien explicaba Sapir: «De pronto, encaramos los mismos temas que antes de la crisis del euro. Claro, no es que esos problemas hoy sean más visibles, lo que pasa es que sencillamente no los hemos solucionado».

johnmuller.es@gmail.com

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más el El Mundo

image beaconimage beaconimage beacon