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Felipe y Letizia, diez años contra viento y marea

La Vanguardia La Vanguardia 17/05/2014 Mariángel Alcázar
Felipe y Letizia, diez años contra viento y marea © LaVanguardia.com Felipe y Letizia, diez años contra viento y marea

Todas las parejas tienen su secreto: el de los Príncipes es no discutir. El próximo 22 de mayo se cumplirán diez años de su boda en Madrid, un día de lluvia del que ya ha pasado una década en la que el matrimonio ha resistido contra viento y marea. Diez años como pareja institucional, con un príncipe que ha ido ganando enteros y una princesa que ha ido construyendo un personaje lejos del convencionalismo.

Don Felipe es el hombre tranquilo, mientras doña Letizia es vocacionalmente peleona. Cuando se presenta un motivo de disputa el Príncipe se remite al "dos no riñen, si uno no quiere". Y no sólo en cuestiones de pareja, cuando doña Letizia discrepa de alguna de las decisiones que afectan a la familia real e intenta modificarlas, don Felipe no interviene ni a favor, ni en contra: cuando doña Letizia se pone farruca, el Príncipe desaparece. Es quien mejor la conoce y quien, lógicamente, más la quiere y sabe perfectamente que bajo su actitud batalladora, se esconde una mujer dispuesta a trabajar por la institución y por su matrimonio. Don Felipe conoce tan bien a su mujer que sabe que pelearse con ella es inútil, él sabe esperar hasta que, después de cuestionarlo todo, Letizia da su brazo a torcer.

El Príncipe, todo paciencia, es el artífice de la última transformación de doña Letizia. La dinámica del pasado verano no sólo perjudicaba a la Corona, con varios frentes abiertos, sino a la propia pareja. Los últimos meses han tenido un efecto balsámico y la crisis, la primera de la pareja que tuvo repercusión pública, quedó superada. Don Felipe ha logrado encauzar la situación y recuperar a la Letizia que hace más de diez años se comprometió con él y con la Corona.

El Príncipe fue educado, desde niño, en la contención y el cumplimiento del deber pero siempre dijo que se casaría por amor. Hace más de 20 años, durante un viaje a Australia y Nueva Zelanda, confesó a un grupo de periodistas que no se sentía obligado a casarse con una princesa y que intentaría, cuando llegara el momento, unir las razones de Estado con las del corazón. No quería precipitarse y, en varias ocasiones, advirtió que, a pesar de las presiones, siguiendo el ejemplo de su abuelo, el rey Pablo de Grecia, a quien tanto se parece por su carácter prudente y reflexivo, no tenía intención de casarse hasta que cumpliera los 35 años. En todas las relaciones que superaron el mero flirteo, don Felipe siempre encontró una u otra razón para no dar el paso definitivo. Cuando conoció a Letizia Ortiz no tuvo dudas, le impactaron su carácter y su determinación y le enamoró que ella no se sintiera intimidada por él. Don Felipe sintió que a Letizia no le impresionaba el Príncipe sino el hombre, pero no le pidió matrimonio hasta estar seguro de que la firmeza de su carácter le permitiría asumir su papel como esposa del heredero de la Corona y futura Reina.

El matrimonio cambió la relación del Príncipe con sus funciones oficiales y con su entorno. Don Felipe comparte escena con su esposa y, desde el minuto uno de su unión, siempre ha estado orgulloso de ella. El mismo confesó, poco después de su boda, la felicidad que sentía cuando, al final de una jornada, tanto en su casa de la Zarzuela como en un hotel, si estaban en viaje de trabajo, se sentaba junto a la Princesa para comentar el día pasado y afrontar el siguiente. En los primeros tiempos decía: "en los pocos ratos libres que dejan los viajes oficiales ya no estoy solo en la habitación, no me siento fuera de casa, ahora estoy en familia".

Lo que más le ha costado asimilar a Letizia Ortiz, desde que, tras su boda se convirtió en Princesa de Asturias es que no puede tener amigos y, mucho menos confidentes. Aunque es verdad que sus amigas de toda la vida son de una fidelidad y lealtad a prueba de bombas, doña Letizia se ha resistido todo estos años a abandonar sus conexiones con el mundo del que formó parte cuando era soltera porque cree que de esa manera sigue en contacto con el mundo real. A sus amigos y amigas de su etapa de periodista ha sumado algunas madres de otras niñas y niños del colegio de sus hijas, las esposas de compañeros del Príncipe en las distintas academias militares y, también, algunas personas de su equipo de la Zarzuela, a los que no permite que la llamen Alteza. A pesar de sus diez años como Princesa, doña Letizia no mantiene ninguna relación de amistad, más allá de la puramente social con personas del mundo de las altas finanzas o la aristocracia y mucho menos de la denominada jet set. En eso es implacable, a doña Letizia no le gusta relacionarse con gente que sabe que, aunque le hagan el paripé por delante, por detrás, la critican abiertamente. La Princesa aborrece la hipocresía y huye de los círculos en los que percibe actitudes de hostiles basadas en su origen social y no es sus méritos. Se niega a formar parte del círculo de las grandes fortunas y, menos aun del de las celebridades y difícilmente acepta invitaciones que se desarrollen en lugares identificados con el lujo. Sus escapadas fuera de la Zarzuela siempre son para realizar actividades a las que puede acceder la mayor parte de la población, de ahí su querencia por los lugares de copas y restaurante en barrios de moda, los conciertos masivos, las compras low cost, y sus paseos por el Madrid más popular.

A don Felipe siempre le ha gustado salir y aunque él mismo admite que nunca ha sido muy juerguista, le encanta bailar y descubrir restaurantes. Durante sus últimos años de soltero redujo esas salidas en España para evitar ser objeto de especulaciones si le veían con alguna chica. Desde su boda y, sobre todo, desde que sus hijas han dejado de ser bebés, los Príncipes se reservan algunas noches para ellos. Van al cine, una afición que doña Letizia ha contagiado al Príncipe quien a pesar de seguir los estrenos optaba por verlos en casa, y después van a cenar o a tomar copas, preferentemente "gintonic", la combinación preferida de ambos.

Los Príncipes han renunciado a tener mas hijos para evitar un problema dinástico, ya que si tras Leonor y Sofía hubieran nacido un niño éste se habría situado detrás de su padre en el orden sucesorio, ya que la Constitución marca la preferencia del varón sobre la mujer. Aunque existe acuerdo total para la modificación de la Carta Magna en este punto, la verdad es que no se ha producido y, tal como está la ley, la infantas Leonor y Sofía hubieran quedado por detrás de su hermano. También ha influido el hecho de que doña Letizia tuvo que someterse a dos cesáreas y los médicos desaconsejaron un nuevo embarazo. El Príncipe no ha podido cumplir con su deseo de tener "mas de dos y menos de cinco hijos" pero jamás se ha lamentado. Es tanto el amor que siente por las dos niñas que quienes le conocen aseguran que ellas son la razón por las que jamás se rendirá.

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