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Ferrer desata la ira del campeón

El Mundo El Mundo 04/06/2014 JAVIER MARTÍNEZ

Rafael Nadal buscará el viernes su novena final de Roland Garros frente al escocés Andy Murray. El ocho veces campeón se impuso a David Ferrer (4-6, 6-4, 6-0 y 6-1) en dos horas y 34 minutos, tras una formidable e inmediata reacción. Fue una respuesta contundente cuando las sombras empezaban a insinuarse sobre su otrora inexpugnable figura, sobre su autoridad en una superficie en la que esta temporada viene mostrándose más vulnerable. Ferrer se desplomó anímica y estratégicamente después de un primer set impecable.

El partido comenzó a las 18.47, casi tres horas después del momento estimado. La lluvia azotó París a lo largo de toda la jornada. Se quedó un viento molesto, muy presente en los primeros lances del partido. Ferrer dejó claro pronto que lo sucedido hace unas semanas en cuartos de Montecarlo, donde logró su primera victoria contra Nadal en arcilla desde 2004, no fue algo circunstancial. Se mostró al comienzo superior al número uno del mundo, robándole en dos ocasiones el servicio. Se llevó los intercambios más dilatados, un síntoma peligroso para las pautas señaladas habitualmente por éste. Fue significativa la forma en que lo hizo suyo. Nadal se aproximó a la red para enfrentar el primer 'set point' y dejó muy corta una volea muy alta de derecha que encontró sencilla réplica en un 'passing' cruzado. Era lógico el desenlace, premio justo a un jugador decidido a morder desde el comienzo de cada intercambio, fundamentalmente a partir del resto.

Vuelco en el segundo set

Con 32 victorias consecutivas en Roland Garros, queda claro que hay que jugar mucho, bien y durante un buen rato para quebrar la resistencia del ocho veces campeón. Pese a tomar decisiones poco acertadas y mostrar por momentos el grado de vulnerabilidad que le ha hecho llegar a París con tres derrotas, también su peor saldo en una década, Nadal dio un paso adelante y tomó pronto ventaja en el segundo, gracias a la ruptura en el tercer juego. Salvaría tres 'break points' en el sexto para caminar hacia el restablecimiento del equilibrio.

Ferrer sintió demasiado el arreón. Vio las uñas afiladas del monstruo y perdió la estabilidad de la que venía haciendo gala. Entregar su servicio en blanco en el arranque del tercero, después de un juego horrible, fue un síntoma demasiado nítido de debilidad. Lo vio pronto Nadal, con una marcha más, decidido a evitar el aplazamiento de la confrontación, a no conceder ventajas a su rival en una hipotética final por el desgaste que supondría saltar el jueves nuevamente a la pista, ya que Djokovic y Gulbis ganaron el martes sus respectivos duelos.

Ferrer se desploma

La Suzanne Lenglen quería más guerra. Surgieron los gritos que coreaban el nombre de David, arrollado, víctima de la ira del zurdo, que abrió una brecha irreparable en el marcador del tercer parcial. Había cedido su primer set en esta edición del torneo y no estaba dispuesto a consentir mucho más. "Has perdido el norte", pudo escucharse a Ferrer haciendo autocrítica. Estaba apresurado y débil, diluido asombrosamente.

La tardía irrupción del sol y el 'rosco' imprevisto del ocho veces campeón hicieron crecer las posibilidades de que el encuentro no se viera aplazado, hipótesis harto improbable tras lo acontecido en los dos primeros parciales. La temperatura, en cualquier caso, era bastante fresca. Carlos Moyà, capitán del equipo español de Copa Davis, y Albert Costa, director técnico de la Federación Española de Tenis, se cubrían con mantas, como un buen número de espectadores.

Era la final del pasado año, la semifinal de 2012, una cita que empieza a ser recurrente en Roland Garros. En ninguna de aquellas ocasiones pudo presentar Ferrer una oposición sólida. Según avanzaba la pelea, pareció regresar al perfil del jugador carente de recursos, impotente para buscar la vuelta a Nadal. Comenzó perdiendo también su saque en la apertura del cuarto. Ferrer emitió señales de vida con tres opciones de ruptura a continuación, pero las dejó ir. La tentativa de resurrección se convirtió en una certeza más del deceso. La hemorragia era brutal. Sólo le quedaron fuerzas para hacer un juego más.

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