Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Fiel a lo incierto

EL PAÍS EL PAÍS 23/05/2014 Jordi Costa
Fiel a lo incierto © VALERY HACHE Fiel a lo incierto

Figura central de la contracultura andaluza, motor del maridaje entre flamenco y psicodelia en calidad de productor discográfico y azote de casinos por la vía del cálculo matemático, Gonzalo García Pelayo fue, también, un cineasta fugaz, pero libre y visionario en la España de la Transición. Un apartado de su tentacular creatividad que ha sido reivindicado en estos últimos dos años. Culminó el proceso con la retrospectiva que le dedicó el Jeu de Paume, de donde salió una definición que sitúa su manera de entender el cine en una línea de continuidad: García Pelayo como eslabón perdido entre Buñuel y Almodóvar.

 La definición no deja de ser injusta, porque lo de García Pelayo es, de hecho, único: podría dar fe de ello su segundo largometraje, Vivir en Sevilla (1978), combinación de ficción, documental y cine ensayo, que hablaba de sexo, amor, exilio, tradición y violencia represiva, mientras se cuestionaban tanto la propiedad privada de los afectos como las mismas convenciones del relato cinematográfico. García Pelayo llevaba treinta años sin dirigir, pero su regreso a la acción no ha podido ser mejor: Alegrías de Cádiz, película libérrima y mutante que hace por la luz gaditana lo mismo que Vivir en Sevilla hizo por los claroscuros hispalenses.

Alegrías de Cádiz
Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon