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Fonchito se hace pequeño

EL PAÍS EL PAÍS 23/05/2014 Clara Morales Fernández
Fonchito se hace pequeño © VALERY HACHE Fonchito se hace pequeño

A Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) no le salió el cuento a la primera. Cuando el Premio Nobel de Literatura decidió por primera vez, hace años, adentrarse en el mundo de la literatura infantil, tuvo que claudicar. “Trabajé mucho y desistí. Me derrotó el género”, cuenta desde su casa de Madrid. A la segunda le salió algo mejor. Fue Arturo Pérez-Reverte quien le convocó para que formara parte de la colección Mi primer…, un conjunto de libros para niños escritos para mayores editado por Alfaguara. El escritor peruano vio la oportunidad perfecta para quitarse la espinita, y salió Fonchito y la Luna, segundo título del conjunto publicado en 2010 y quese distribuye mañana con EL PAÍS por 6,95 euros. Cada domingo, hasta el 22 de junio, los lectores del diario podrán adquirir uno de los libros de la colección. “A Fonchitolo hice pasar una prueba definitiva. Leí el cuento a mi nieta Aitana y le pedí que me lo repitiera. Me lo contó casi con las mismas palabras”. Un éxito.

Fonchito, el niño enamorado de una compañera de clase que se las ingenia para regalarle la Luna, no es un desconocido para el autor. Un personaje del mismo nombre aparecía ya en la novela Elogio de la madrastra (1988) y volvería a hacerlo más tarde en El héroe discreto (2013). Incluso hacen un cameo su padre, Rigoberto, y su madre, que los jueves “juega al bridge con sus amigas”. Aunque el antiguo Fonchito era algo más mayor, el escritor le quita en el cuento algunos años —y los tintes incestuosos de su relación con la madre, por supuesto— para hacerle vivir su primera historia de amor.

O su “embrión”, “porque los niños son demasiado niños y la historia está a nivel de juego y casi sin malicia”. Una temática, la amorosa, poco frecuente en los libros para niños aunque muy presente, recuerda Vargas Llosa, en la vida de los pequeños. Fonchito no es el único chaval que piensa en “besar las mejillas de Nereida, la niña más bonita de su clase”.

La dificultad estribaba, cuenta, en tirar de la memoria (o adoptar la experiencia de otros, como la de la nieta Aitana) para recuperar el paraíso perdido de la infancia. Algo que refieren todos los autores de los ocho títulos de la colección, Javier Marías, Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Almudena Grandes, Luis Mateo Díez, Enrique Vila-Matas y los propios Pérez Reverte y Vargas Llosa. Pero tampoco bastaba con encontrar la historia, había que desbrozar el idioma de los añadidos usados por los adultos. Aunque no necesariamente en ese orden: “No puede escribirse en un lenguaje obtuso, complejo. Y la trama tiene que estar concebida a ese efecto”. La dulce y sencilla historia del amor de Fonchito se escribe con palabras dulces y sencillas: “Uno de esos raros días en que lucía en el cielo limeño una Luna redonda como un queso…”. Y esa luna queda retratada por los trazos de Marta Chicote Juiz, que ilustra el mundo de Fonchito y su amada Nereida, en opinión del escritor, “de una manera muy delicada, como es la historia. Los dibujos calzaban perfectamente con el espírititu del libro”.

La esperanza del escritor no está únicamente en que los pequeños disfruten de la lectura, o de la narración oral, del cuento. Vargas Llosa recuerda sus primeras lecturas —precoces, ya que aprendió a leer a los cinco años— y aspira a entrar en ese pequeño Olimpo de los libros de infancia. “De niño fui un lector voraz. Inmediatamente descubrí que la literatura le hacía vivir a uno aventuras extraordinarias. Esas lecturas me abrieron el apetito y no cesó nunca, todavía veo la lectura como el placer de los placeres”. El mismo que brinda hoy, cerrando el ciclo, a sus jóvenes lectores.

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