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Francis Montesinos, una vida llena de excesos

El Mundo El Mundo 09/06/2014 JOSÉ LUIS ROMO / PILAR VIDAL

"El futuro lo imagino en mi casa de Llíria (Valencia), pudiendo disfrutar de ella con placidez, cuidando las plantas, saboreando cada momento". (63) decía haberse reencontrado con su tierra tras muchos años viviendo fuera, le complacía haber vuelto al contacto con la naturaleza y le fascinaba "su luz, los atardeceres perfectos". Esa estampa idílica saltó por los aires el martes, cuando la Guardia Civil llamó a la puerta de su refugio para detenerle y que pasara a disposición judicial por abuso de menores. Uno de ellos tenía siete años cuando sucedieron los hechos, el otro, 13.

Fue como un derechazo que nadie supo encajar. "Devastado por la maldad que hay detrás de las acusaciones", así dijo sentirse durante su comparecencia pública este jueves por la tarde. Al diseñador le han aconsejado que guarde silencio y que se limite únicamente a un comunicado en el que manifiesta su "absoluta confianza en la Justicia y mi completa convicción en que mi inocencia va a quedar inmediatamente demostrada en el proceso".

Su familia tampoco quiere entrar a fondo en los hechos, pero apuntan a las malas compañías del modisto. "Todo es cosa de una pareja brasileña que tenía y que vivía con él en Llíria. Él ya está en la cárcel pero el escándalo ha salpicado a Francis", cuentan a LOC, a la vez piden que nadie se precipite.

En su tienda de Conde de Salvatierra se muestran serenos, aunque preocupados por cómo un escándalo así puede afectar a una marca, que como la mayoría de las firmas de moda españolas, vive horas bajas. En 2008, el año que comenzó la crisis, facturó en torno a 1,5 millones de euros en concepto de royalties. Por el momento, no tienen acreedores y presentan unas cuentas saneadas.

Los amigos cercanos del diseñador, el primer galardonado con la aguja de oro, le defienden públicamente. "Conozco muy bien a Francis, he trabajado con él, he vivido con él... y puede tener sus defectos y su condición sexual, pero eso no es motivo para machacar a nadie porque si Francis ha podido hacer algo es ayudar a las personas",asegura Javier Calduch, amigo íntimo y colaborador de Montesinos desde hace años.

Su musa e íntima, Paola Dominguín, quien también vive ahora en Valencia rehusó hacer ningún comentario a este suplemento sobre la detención de su compañero de juergas ochenteras. Sin embargo, el jueves por la noche aprovechó la presentación de un espectáculo taurino para deslizar este comentario escueto pero directo: "Es un tema delicado. Es inocente, no tiene nada que ver. Viene por otro lado, pero no voy a decir nada más". De esta forma, se sumaba a la tesis familiar.

Ella y todo el clan Bosé-Dominguín (hasta su hijo Nicolás Coronado desfiló para Montesinos), formaron parte de la corte de los milagros del modista valenciano. Una troupe que vivió su máximo esplendor en la Movida, un movimiento tan excesivo como el propio diseñador. Si su ropa se calificaba como barroca o exuberante, lo que ocurría en el backstage de sus desfiles no lo era menos. "Aquello parecía una película de Berlanga", dice un testigo de aquellos días.

El clímax de ese filme fue el desfile Made in Spain que tuvo lugar en plaza de toros de Las Ventas en 1985 ante más de 15.000 espectadores. Un espectáculo con calesas y caballos coronado por fuegos artificiales, que le costó 50 millones de pesetas de la época. Nadie había gastado tanto como él en un desfile. Tardaría mucho tiempo en recuperar aquella inversión. Pero aquellos eran los tiempos en los que Montesinos no participaba en la pasarela Cibeles porque se le quedaba pequeña. Él presentaba sus colecciones en el Palacio de Cristal o el Rockódromo y se traía a las modelos más divinas de París.

El diseñador alicantino Antonio Alvarado, su púpilo de aquella época, lo retrata así para LOC. "Es excesivo, es valenciano y como tal... una traca". El modisto recuerda el percance que les unió en la primera pasarela Cibeles que se celebró en una carpa de Colón. "Yo me retrase un par de horas por una cuestión climática, pero la prensa me culpaba de haber querido boicotear el desfile de Francis en el Círculo Mercantil que empezaba a la misma hora de mi retraso. Luego él y yo lo comentábamos y las risas dieron para varias fiestas con sus noches incluidas".

TENTACIÓN NOCTURNA

Todo el frenesí laboral de Montesinos iba parejo a una vida personal igualmente desenfrenada. En plenos 80, cualquier día de la semana había una excusa para echarse a la calle, desde la presentación de una película de Almodóvar (el modisto firmó el vestuario de 'Matador' y usó al propio Pedro o Bibiana Fernández como modelos) hasta un concierto de su amigo Carlos Berlanga. A él le gustaba ejercer de anfitrión, "era muy generoso, siempre atento a que no faltase de nada a sus invitados. Algunas de las fiestas más divertidas de aquellas años fueron suyas... y eso que esos años dieron para mucha diversión", cuenta otro amigo.

Quizás uno de sus saraos más recordados fue la fiesta de Nochevieja que organizó en 1985 con el diseñador Manuel Piña, quién falleció a los 50 años víctima del sida. Aquel fin de año, los asistentes masculinos debían ir travestidos de mujeres y las chicas, de hombres. Aunque sus amigos recuerdan especialmente sus fiestas de cumpleaños. Ahí echaba la casa por la ventana. Incluso una de sus sobrinas tuvo prohíbido asistir a estos saraos hasta que no cumplió la mayoría de edad.

Su casa ha sido testigo de encuentros de lo más variopintos. Desde Camarón a cónsules, cineastas o escritores de primera línea. "Ha sabido ser un genio que le gustaba estar rodeado de genios", tercia un amigo.

La alocada Movida pasó, pero Montesinos siguió abonado a la fiesta y el exceso. En los 90 y los 2000 fue un asiduo de las discotecas más macarras de Valencia. A sus 50 años, aún se animaba a apurar la noche en uno de los reservados de The Face. Con su bigote fino, tan característico como el de John Waters, no costaba reconocerle en mitad de una sesión de house, acompañado por jóvenes buscavidas.

Mientras en la trastienda de su vida seguía bullendo el hedonismo tan ochentero, en el front row los reconocimientos eran constantes. Los reyes le condecoraban en 2006 con la Medallas de las Bellas Artes y él aparecía con una falda muy poco protocolaria. Consagrado ya como un maestro, sus desfiles congregaban a ex ministras del Cultura como Carmen Alborch, clientas pudientes como Nuria González o divas del kitsch como Sara Montiel. Sobre la pasarela, lo mismo hacía bailar a Nacho Duato en taparrabos para una colección de joyas que contaba con chulazos de moda, Darek, o modelos de primera como Jon Kortajarena.

Todo un logro para un hombre que transformó la tradicional industria familiar en un espacio creativo. Con su madre aprendió hacer trajes para las muñecas. La imaginación la estimuló aún más, con Salvador Dalí, con el que tomaba café en el Ritz de Barcelona. Y tuvo como guía a Balenciaga, al que dedicó una exposición con motivo del 30 aniversario de su fallecimiento.

MALA SALUD

© Proporcionado por elmundo.es

A sus 63 años, su corazón se resiente de esta vida intensa. Hace años que tiene que medicarse. Por eso, apostaba por una vida más tranquila en los últimos años. Este jueves se mostró descolocado y desubicado mientras leía su breve comunicado ante los medios de comunicación. "Me repugna todo aquello que pueda referirse a abuso y explotación de menores en cualquier sentido, o de abuso y explotación de todo tipo de desamparados".

Su familia más directa es su mayor apoyo en estos momentos. Pedro Nácher, su representante legal, tiene también la "convicción firme y absoluta" de que "Francis es inocente y vamos a esforzarnos para que todo quede claro cuanto antes". Quiere ante todo que «sea exculpado de todo aquello por lo que se le acusa, a la mayor brevedad». Aunque reconoce que la justicia es lenta. Aquel futuro apacible que imagino en Llíria ya es imposible. Ahora es la casa mancillada por una sospecha la que puede acabar con la carrera del diseñador más transgresor (dentro y fuera de la pasarela).

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