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Francofonía

Notodo Notodo 03/06/2016 David Saavedra

La sinopsis de Francofonía puede remitirnos con facilidad a otros dos filmes recientes. En Diplomacia, Volker Schlöndorff narraba la negociación entre un militar nazi y un diplomático aliado para evitar que se incendiara París en los últimos momentos de la ocupación. Contemporánea a aquella, The Monuments Men, de George Clooney, recordaba a una brigada del ejército estadounidense destinada a salvar las obras de arte europeas del expolio alemán. Alexandr Sokurov se centra aquí en otro episodio poco conocido de la Segunda Guerra Mundial, la colaboración entre Jacques Jaujard, director del Museo del Louvre, y el Conde Franziskus Wolff-Metternich, oficial nazi durante la invasión de la capital francesa en 1940, para preservar las obras que allí se encontraban.

Y, sin embargo, la perspectiva de Sokurov poco más comparte con los dos filmes anteriormente citados. En realidad, Francofonía tiene algo de continuación de El arca rusa (2002), recorrido en un plano secuencia por el Museo Hermitage de San Petersburgo como excusa para plantear una visión cuasi filosófica de la historia de Europa. La presente cinta evita también las formas narrativas tradicionales y se plantea como una especie de ensayo fílmico o, incluso, un monólogo interior mostrado desde la verborrea en off del propio Sokurov, narrador protagonista muy al estilo de Werner Herzog en sus documentales. Hay algo de ese género también aquí, fundamentalmente por el uso de imágenes de archivo que él combina con reconstrucciones con el concurso de actores, muy al estilo del documental histórico "ficcionalizado" que se suele ver actualmente en televisión.


El cineasta ruso combina eso con recorridos reales por el museo, la historia en modo Skype de un barco que va a naufragar, y de la que es testigo el director-protagonista. También juegos visuales con fotografías y la aparición alegórica de dos símbolos de Francia: Napoleón y Marianne, que parecen, al mismo tiempo, fantasmas paseándose por el museo como último vestigio de los ideales de la Ilustración y parodias iconoclastas.

En apariencia, la película es una oda al Louvre, al arte y al triunfo de la civilización sobre la barbarie, pero uno no se debería esperar algo tan obvio de un director tradicionalmente tan sombrío como Sokurov. En Francofonía, él mismo ha reconocido que prefirió optar por el collage en lugar de la cronología, y esa estructura, similar a la del pensamiento humano, con sus dudas, sus replanteamientos y sus vueltas atrás, nos coloca en una perspectiva filosófica poco complaciente y nada maniquea.

Aparecen con frecuencia asuntos como el colaboracionismo entre nazis y franceses y, en contraste, el trato que Stalin deparó a las obras de arte de su propio país, abriendo la página hacia lo que está sucediendo con el islamismo radical en la actualidad. Se aborda la interrelación entre la cultura, la guerra y el poder, y también el valor de los museos como lugares sagrados en los que se ha aislado la historia de la humanidad a través de sus creaciones artísticas. En contraposición, no se olvida de las vidas humanas perdidas para preservar esas obras, y se reflexiona sobre qué debería ser lo prioritario. Son muchos, en suma, los temas de peso e interés que aparecen aquí de una u otra manera, pero la forma tan excéntrica en que el cineasta los expone hace muy poco en favor de la empatía del espectador medio. Probablemente, éste agradecería un enfoque más didáctico u otro modo de provocar e interpelar. El de un Herzog, por ejemplo.

Francofonía se estrena el 3 de junio en cines y también forma parte de la programación de Filmadrid.

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