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Galán remonta hasta la Puerta Grande

El Mundo El Mundo 31/05/2014 ZABALA DE LA SERNA

Pablo y el lío. Aunque al final el gordo de la Puerta Grande lo conquistó Sergio Galán. Una remontada. Tres orejas. Tres en uno. Hermoso, Galán y el cartel de «no hay billetes». Como si fuera Pamplona. Mendoza y una faena de taco. Pablo Hermoso de Mendoza al completo. El genio de Navarra volvió la plaza bocabajo con la belleza de 'Disparate' y esa suerte que en su día bautizamos como hermosina, cuando el caballo torea por dentro y a dos pistas con uno y otro perfil, como si virase una muleta imaginaria, como si torease con el reverso. Pablo I de Navarra alumbró la creación la pasada temporada en Bilbao (17 de agosto), donde también cosió el ritmo del toro, como el que contaba este 'Orihundo' de Fermín Bohórquez, a sus estribos de plata. Lo bordó Hermoso. Si acertó con los dos hierros de castigo de salida antes, atinó después en la interpretación del rejón de muerte en un encuentro de suma lentitud. La colocación trasera exigió el descabello. Un absurdo vital. La oreja cayó con incontestable peso.

Mayor toro pero no mejor fue el hondo y montado tercero de Bohórquez. Sergio Galán puso todo de su cuenta desde su clasicismo con el valiente 'Ojeda' por dentro y en el tierra-tierra con un 'Trópico' enfrontilado. Expuso muchísimo. Como con las cortas sobre 'Artista'. Fulminante el 'volapié' para empatar al maestro estellés. De justicia el trofeo, primer giro de llave del portón de la gloria.

Los discípulos de Pablo ya se cuentan por generaciones, pues todo el rejoneo moderno desciende de su escuela. Pero ninguno tan directo como Manuel Manzanares, que ayer confirmó alternativa de sus manos. Muy fácil y con los nervios atados el nuevo Manzanares ecuestre con un toro obediente pero sin chispa. 'Farruquito' destelló en su buena y preparada cuadra.

El apretado cuarto se paró a plomo entre algún arreón que otro. Ni las piruetas de 'Dalí' ni la torería de 'Viriato' pisando terrenos comprometidos levantaron la faena de Hermoso de Mendoza.

Remontó Sergio Galán todas las trampas del destino: en mitad de la faena su caballo 'Vidrié' se lesionaba y el tiempo del cambio de montura enfrió la plaza. 'Ojeda' tomó el relevo, pero la revolución se montó a lomos de 'Apolo', que se arrimó una barbaridad. En un 'piafé', todo muy cerca, esperó con las ancas la arrancada de un quinto de desigual acometividad. Mas cuando Galán amarró de verdad la Puerta Grande fue en el majestuoso par a dos manos que erizó los tendidos como un calambre y, especialmente, a la hora de matar de nuevo. Ya con el toro muy cerrado en tablas Sergio se volcó sobre el morrillo. Sin puntilla rodó el toro. De ahí las dos orejas, que en total sumaban tres para remontar una carrera que no merece tal situación. A hombros se lo llevaron por quinta vez en su trayectoria mientras a Manzanares la suerte le dio la espalda con el desentendido último. Andando se marchó con su padrino. Un tal Pablo. Un genio.

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