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Gane quien gane, gana Mendes

23/05/2014 ORFEO SUÁREZ
Photo © Proporcionado por elmundo.es Photo Photo © Proporcionado por elmundo.es Photo

La palabra preferida de un agente es contrato. Es el fin de su trabajo. A Jorge Mendes, en cambio, no le gusta pronunciarla. Prefiere referirse a la empatía. Una pose o, quizás, el síntoma de un estilo diferente que le ha llevado a liderar este productivo gremio en menos de 20 años. El secreto es una calculada combinación de proximidad, hiperactividad, globalidad, seducción y elitismo. Pocos pero fieles, pocos pero caros. Por el nivel de sus corbatas, conoceréis a sus futbolistas. Con una cartera en torno a 80 jugadores, la valoración de la agencia Gestifute, creada por Mendes en 1996, es de 536 millones de euros, más del doble que la segunda en el sector con menos de la mitad de representados. Ocho de ellos estarán en Lisboa, cuatro madridistas (Pepe, Coentrao, Di María y Cristiano) y cuatro rojiblancos (Miranda, Tiago, Adrián y Diego Costa), casi un equipo. Gane quien gane, lo hará el superagente.

El destino ha querido que la final se dispute en la ciudad donde Mendes nació hace 48 años, aunque la sede principal de Gestifute está en Oporto. La localización es lo de menos, dado el concepto global de su trabajo y su perfil personal. Si algo puede decirse de Mendes es que es un hombre de mundo, políglota y con móviles de varios países.

José Mourinho comparte algunas características con Mendes, un ex jugador de poco nivel, aunque sus pesonalidades son distintas. A los dos les encanta la palabra que mejor define su estatus: top. El agente representa también a entrenadores, de los que valora, sobre todo, su capacidad de liderazgo. Si hay carencias técnicas, pueden adquirirse. El carácter, no. Mourinho es la representación extrema de ese principio. Lo mismo sucede con Luiz Felipe Scolari.

Mou y Cristiano fueron las dos patas que permitieron a Mendes hacer de su empresa un imperio hace 10 años. En 2003, cerró el traspaso de Cristiano al Manchester United. Un año después, consiguió la incorporación de Mourinho al Chelsea, que pasó a convertirse en uno de sus clientes preferentes. Sólo habían pasado seis años desde la primera operación realizada por Mendes casi por casualidad. Dedicado al ocio y al turismo, conoció a Nuno Espirito Santo en un nightclub y le propuso buscarle un equipo. En 1997, cerraba su traspaso al Deportivo por 300 millones de pesetas. Augusto César Lendoiro fue el primer presidente de club extranjero con el que tuvo tratos. Lendoiro lo llama desde entonces su ahijado. Cuando hubo que pagar la factura del Superdepor, el ex presidente pidió ayuda a Mendes y éste utilizó al Deportivo como equipo-nodriza para dar salida a futbolistas con proyección. Un acuerdo en beneficio mutuo: promoción a cambio de bajos costes. No siempre funciona.

Nuno continúa en la agenda de Mendes, ahora como técnico. Esta temporada ha llevado al modesto Rio Ave a disputar la final de la Copa ante el Benfica. En su potencialidad confía el agente, a la búsqueda de entrenadores jóvenes. En su agenda está ya Sánchez Flores. Una de sus últimas operaciones ha sido la de llevar a Julen Lopetegui al Oporto, club dirigido por un personaje de peso en el fútbol, Nuno Pinto da Costa. Pocos presidentes rentabilizan tanto sus activos, sobre todo tras la alianza con Mendes.

La llegada al Madrid de Cristiano, primero, y Mourinho, después, hicieron de Mendes un personaje estratégico en la T4 del Bernabéu, como se llama a la planta noble. De su mano llegaron Pepe, Carvalho, Di María y Coentrao, en distintas etapas. Mendes, que ya había tratado con Ramón Calderón y José Ángel Sánchez, un superviviente del guerracivilismo madridista, la incorporación de su compatriota, supo cultivar después la relación con Florentino Pérez sin que ello le apartara del Atlético o del Barcelona. Es una de sus habilidades.

Mendes trasladó a Joan Laporta la posibilidad de fichar a Cristiano o a Quaresma, pero en el club azulgrana se decidieron por el segundo por una cuestión económica: 12 millones de euros por los 18 que el Manchester United pagó por el futuro Balón de Oro. Además, llevó al Camp Nou a Rafa Márquez. En la capital, creció, asimismo, su sintonía con Miguel Ángel Gil. Para un Atlético con una deuda galopante fue importante la ayuda de Mendes, un impulsor de la entrada de los fondos de inversión en el fútbol. Solución observada con inquietud por la FIFA y la UEFA, pero que ofrece una oportunidad de financiación a clubes con dificultades, sin acceso al crédito. Los inversores apuestan por un jugador como si se tratara de un producto financiero y ganan en función de las plusvalías que genere en un traspaso. Con la ayuda de uno de esos fondos llegó y se fue Falcao. Operación redonda.

El agente ha trabajado más con el Atlético que con el Madrid, desde los tiempos de Simao, Maniche o Seitaridis. De hecho, desplazó a Manolo García Quilón, representante más influyente en el club en el pasado. Además de Miranda, Tiago, Diego Costa y Adrián, participó en las llegadas de Courtois y Arda Turan. De hecho, advirtió al Atlético de que fichara al portero antes de que lo hiciera el Chelsea. El interés del club de Roman Abramovich por Diego Costa podría haber enfriado su relación con Gil Marín, que habría propuesto al jugador quedarse un año.

Con Arda Turan, Mendes se coordinó con un representante turco. Es un convencido del networking, hecho que le permite aumentar su influencia y convertirse en una pieza indispensable. Hay operaciones imposibles de hacer sin Mendes, que pasa de ser agente a lobbysta. En su país, es casi monopolista. Lo prueba el hecho de que 10 de los componentes del once de la selección lusa que disputó la última Eurocopa estuvieran en su agenda. Todos, menos Moutinho, pero también el entrenador, Paulo Bento. El segundo gran caladero es España y el tercero, Inglaterra. Semejante agenda le ha convertido en un hombre imprescindible para el apetito de los Emiratos Árabes. Es el padrino de la Gala de Dubai, un Balón de Oro oficioso.

Mendes es, pues, un personaje a llamar no sólo para comprar o invertir en jugadores, también en clubes. A la mesa de Miguel Ángel Gil sentó a Peter Lim, pero la falta de acuerdo propició trasladar la oferta del empresario de Singapur al Valencia. Buena parte de los 300 millones que Lim se ha comprometido a invertir pasarán por Mendes, cuya empresa, con una treintena de empleados, se estima que realiza operaciones por unos 100 millones de euros al año. Ingresa comisiones de en torno al 10%, pero jamás se las cobra al futbolista, siempre al club.

Pese a ello, Mendes siempre tiene tiempo para contestar a la llamada de sus jugadores. Preocupado en el pasado por la imagen de Cristiano, trabajó obsesivamente por el número uno, del que quiere que se destaque su profesionalidad. Conserva su casa en la urbanización La Finca, cerca del jugador, y es padrino de su hijo. A Mou no le hace falta tanto mimo, porque, dice, sabe cuidarse solo.

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